Usted está aquí: domingo 20 de enero de 2008 Política La educación, lo económico y lo social

Antonio Gershenson
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La educación, lo económico y lo social

Por un lado, los datos recientemente publicados, en el sentido de que los resultados escolares son peores en matemáticas que en otras áreas, confirman que la calidad de la enseñanza en México deja mucho que desear. Por otro lado, varios mensajes por correo electrónico apuntan a problemas diversos que afectan la educación, desde diferentes ángulos.

Maestras señalan que trabajan con alumnos que no han desayunado, o que han sido golpeados por sus padres o tutores, o que están de hecho abandonados por ellos cuando ambos tienen que trabajar tiempo completo. Hacen notar que en estas condiciones los alumnos no pueden aprender o lo hacen deficientemente.

Agregamos nosotros que vivimos en una sociedad que tiende a disolver parejas. Podemos ver alrededor, a nuestros conocidos, y observar, en los casos en que sea aplicable, qué porcentaje de ellos vive con la misma pareja que hace 10 años. Si esto no se aplica, entonces con la misma pareja que hace cinco años. Ello, evidentemente, puede repercutir en la educación de los niños. Y tal situación no se resuelve con medidas coercitivas heredadas de la Edad Media.

También hay profesores que consideran que la educación debe regionalizarse, que debe abordar problemas y necesidades del área en que se imparte. Asimismo hay quienes plantean que su preparación como maestros es deficiente. Estos y otros problemas apuntan a la falta de una política educativa y a la necesidad de una que no haya sido elaborada por burócratas o funcionarios.

Trataremos aquí de contribuir a soluciones a algunos de estos problemas. Ya en el pasado tuvimos desayunos escolares, y ha habido casos en los que, si los padres salen tarde del trabajo, hay actividades en la escuela para que sus hijos aprovechen ese tiempo. Hay que ver qué medios pueden servir en cada caso para avanzar hacia este tipo de medidas.

Se habla también de capacitar a los padres de familia. Habría que ver esto con las condiciones de cada lugar. Es más, especialmente si se trata de escuelas rurales, los programas de estudio deberían hacerse no sólo por región, sino conforme a las condiciones y los problemas del lugar.

En especial, cuando están involucradas abstracciones, éstas deberían partir de lo que los alumnos ya conocen. Hablamos aquí de abstracción en el sentido de que separamos, para fines del análisis, un aspecto de lo que queremos estudiar. Por ejemplo, consideramos sólo la cantidad, y entonces llegamos a los números. Pero será más atractivo para los alumnos o alumnas empezar por sumar, por ejemplo, manzanas, que por sumar números. Y los objetos a sumar deben ser conocidos y, de preferencia, apreciados por los alumnos en cuestión.

Llenar un pizarrón de números es de lo peor que se puede hacer para el aprendizaje de la aritmética o, en general, de las matemáticas. No digamos poner a quienes estudian a memorizar las “tablas” en vez de abordar ejemplos prácticos.

Del mismo modo, es más fácil aprender a leer palabras y frases que tengan sentido para las alumnas y los alumnos que memorizar o escribir repetidamente las letras. Se aprende mejor escribiendo lo que se vio en la calle, en un paseo o en la casa, que memorizando o escribiendo repetidamente.

Este conjunto de problemas lleva a discusiones de maestras y maestros, y debería llevar a discusiones entre o con padres de familia, y a discusiones con la participación de alumnas y alumnos. No sólo para buscar soluciones, sino para encontrar caminos hacia la solución.

 
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