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Inexplicablemente el Congreso no ha investigado a instigadores de la agresión a Irak

Bush y siete altos funcionarios hicieron 935 declaraciones falsas para promover la guerra

Pesquisa de 2 organizaciones de EU desnuda la política de mentiras del gobierno republicano

Cheney, Rice, Rumsfeld, Powell, Wolfowitz, Fleischer y McClellan se plegaron a la campaña

David Brooks (Corresponsal)

Nueva York, 23 de enero. El presidente George W. Bush y siete altos funcionarios de su gobierno hicieron por lo menos 935 declaraciones falsas en los dos años siguientes al 11 de septiembre de 2001 sobre la amenaza a la seguridad nacional representada por Irak, según una extensa investigación realizada por dos organizaciones dedicadas a la transparencia en el mundo oficial.

Por lo menos en 532 ocasiones separadas –incluyendo discursos, sesiones informativas con la prensa, declaraciones ante el Congreso y más– Bush, su vicepresidente Dick Cheney, la entonces asesora de Seguridad Nacional Condoleezza Rice, el secretario de Defensa Donald Rumsfeld, su secretario de Estado Colin Powell, el subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, y dos voceros de la Casa Blanca, Ari Fleischer y Scott McClellan, afirmaron que Irak tenía y/o estaba buscando armas de destrucción masiva, y tenía vínculos con Al Qaeda, o ambos, se concluye en la investigación.

Tras señalar que ahora ha quedado como indisputable que Irak no contaba con tales armas ni tenía vínculos con Al Qaeda, los directores de las organizaciones que realizaron esta amplia investigación concluyen: “El gobierno de Bush llevó a la nación a la guerra sobre la base de información errónea que propagó de manera metódica y que culminó en una acción militar contra Irak el 19 de marzo de 2003”.

Por tanto, se dice que después del 11-S, Bush y sus más altos funcionarios “llevaron a cabo una campaña cuidadosamente orquestada de desinformación sobre la amenaza del Irak de Saddam Hussein”.

El Centro por Integridad Pública (Center for Public Integrity) y el Fondo para la Independencia Periodística (Fund for Independence in Journalism) elaboraron un banco de datos con todas las declaraciones y documentos, y establecieron un sitio de Internet donde se pueden realizar búsquedas de todo este material acumulado. El sitio esta disponible en www.publicintegrity.org/WarCard/Default.aspx?src=project_home&context=overview&id=945.

Según la investigación de estas dos prestigiadas organizaciones, Bush encabeza la lista con el mayor número de declaraciones falsas sobre armas de destrucción masiva en Irak y/o vínculos con Al Qaeda con un total de 259, seguido por Powell con 254, Rumsfeld con 109, Wolfowitz 85, Rice 56 y Cheney con 48.

El banco de datos junta lo que decían al público estos altos funcionarios con lo que se sabía en ese tiempo, incluyendo información pública que estaba disponible o que después se sabía que tenía el gobierno. Por ejemplo, se recuerda que el 26 de agosto de 2002 Cheney declaró en un foro público: “no hay duda de que Saddam Hussein ahora cuenta con armas de destrucción masiva. No hay duda de que las está congregando para usarlas contra nuestros amigos, contra nuestros aliados y contra nosotros”.

Pero el entonces director de la CIA, George Tenet, recordó más tarde que estas afirmaciones eran mucho más exageradas que las evaluaciones de inteligencia en esas fechas. Como este caso, hubo cientos más.

A la vez, directores de estas dos organizaciones, al presentar la investigación comentaron que “el efecto acumulativo de las declaraciones falsas –amplificadas por miles de notas periodísticas y trasmisiones– fue masivo, con la cobertura de los medios creando un ruido casi impenetrable durante varios meses críticos antes de la guerra”.

Señalan que a pesar de que varios medios han reconocido que su trabajo fue poco crítico y sumiso durante ese periodo, “a pesar de esta mea culpa, gran parte de esta cobertura… ofreció validación adicional ‘independiente’ de las declaraciones falsas del gobierno de Bush sobre Irak”.

Afirman que Bush y sus más altos funcionarios, “en gran medida hasta la fecha han evitado el duro y sostenido reflejo del escrutinio formal sobre su responsabilidad por la letanía de declaraciones falsas repetidas antes de la guerra contra Irak. No ha habido investigaciones congresionales, por ejemplo, sobre lo que estaba sucediendo exactamente en la Casa Blanca de Bush durante ese periodo”.

Aunque no hay nada nuevo en el material presentado –todas las declaraciones fueron públicas, incluyendo las subsecuentes críticas y revelaciones que ponen en duda estas afirmaciones–, al reunirlas en un solo lugar, dicen los coordinadores del proyecto, se pone en duda la justificación repetida por los funcionarios de Bush de que fueron víctimas de “mala inteligencia”, y se detalla qué sabían y cuándo.

 
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