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Se acentuaron miseria y marginación; “no se dan cuenta sólo quienes se tapan ojos y oídos”

Desastrosos efectos del TLCAN en el agro, concluye estudio en la Cámara

Está en riesgo la estabilidad de la nación por la inseguridad en abasto de alimentos, advierte

Roberto Garduño

Ampliar la imagen Protesta de campesinos en el Zócalo contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el pasado 31 de enero Protesta de campesinos en el Zócalo contra el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el pasado 31 de enero Foto: Marco Peláez

La Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados elaboró un análisis en torno al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y su impacto en el campo mexicano, en el que concluye que después de 14 años de entrar en operación, “los efectos para la población rural son desastrosos. A partir de su firma –señala–, las condiciones de miseria y marginación se acentuaron en el campo, y los supuestos que se esperaban para reactivarlo económica y productivamente no sucedieron”.

Héctor Padilla, presidente del órgano legislativo, también señaló que “sólo quienes se tapan ojos y oídos no se dan cuenta de la realidad”.

En un recuento de los daños durante los últimos 14 años resalta que el financiamiento al agro cayó más de 90 por ciento; se aniquiló la producción nacional de semillas mejoradas, quedando a merced de las trasnacionales, y se redujeron al mínimo las actividades de investigación y generación de tecnologías agroalimentarias.

Asimismo, destaca que también se acabó la industria de fertilizantes propiedad de la nación, y hoy los productores dependen de su importación y de precios cada vez más caros, y se cancelaron los programas de asistencia técnica y capacitación dirigidos a los productores rurales.

“En otras palabras, la única reacción de nuestros gobernantes frente a los grandes retos que nos impone el TLCAN, lejos de impulsar un programa de restructuración y reconversión productiva, no atina más que a su desmantelamiento, lo que nos ha llevado a una posición más vulnerable que al principio. Soportados con enormes subsidios en Estados Unidos, los precios de los granos se fueron a la baja y el de la tortilla a la alza; los insumos para la producción agrícola, como los fertilizantes, ahora son importados; las semillas son producidas por trasnacionales y los costos de la maquinaria y los pesticidas se incrementaron en forma desorbitada”.

Para los legisladores federales, por efecto del acuerdo comercial el campo mexicano entró en la crisis más aguda de su historia, empujando a su población a la pobreza o a la expulsión masiva hacia Estados Unidos, adonde han emigrado más de 3 millones de mexicanos en los últimos seis años, en su mayoría del sector rural.

Por tal razón, frente a la destrucción de la infraestructura del campo se incrementaron las importaciones, acabando con la situación que daba al país un buen margen de soberanía alimentaria mediante la producción de trigo, sorgo, soya y arroz, mientras que en 2007 las compras de maíz en el exterior alcanzaron una cifra superior a 10 millones de toneladas.

“Se puede afirmar que el TLCAN ha agudizado nuestra dependencia alimentaria con Estados Unidos: de 1980 a 1994 las exportaciones de productos agrícolas crecieron más de 200 por ciento, mientras que las importaciones apenas aumentaron 28 por ciento; 14 años después, ese comportamiento se invirtió, ya que las exportaciones sólo crecieron 50 por ciento y las importaciones avanzaron a un ritmo extraordinario, llegando a un incremento de 176 por ciento en el mismo periodo”.

Según el Banco Mundial, el resultado de todo esto es decepcionante, pues se tiene un campo en regresión, económicamente estancado, sin competitividad, en constante despoblamiento y abandono de tierras, con espacios ocupados por cultivos ilícitos, para convertirse en un problema de seguridad nacional, dada la acción de la delincuencia y los riesgos de estallidos sociales.

“En relación con el empleo, los efectos han sido más que desastrosos, ya que el número de productores se redujo casi en una tercera parte, y los trabajadores disminuyeron a la mitad. En 1991 se ocuparon en el campo 9.9 millones de mexicanos; en 2006 la cifra se redujo a 50 por ciento, es decir 4.9 millones”.

De tal forma –advierte la Comisión de Agricultura–, “llegamos a 2008 y no hay una propuesta del gobierno federal para afrontar la crisis. Ya no es sólo el interés de los productores rurales lo que está en juego, es la estabilidad de la nación por la inseguridad en el abasto de alimentos básicos. Y es, por tanto, un asunto de seguridad alimentaria y nacional.

“El principal problema del agro es que los gobernantes que han conducido el destino del país desde la firma del tratado no han sido capaces, y seguramente ni les ha interesado, de construir un proyecto para el campo mexicano acorde con las necesidades de México y de los retos que nos impone la globalización”.

 
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