Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 10 de febrero de 2008 Num: 675

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

La memoria y guerra
del agua

VILMA FUENTES Entrevista exclusiva con DANIELLE MITTERRAND

Fernando Leal Audirac,
un hombre pentafásico

SERGIO FERNÁNDEZ

Dos poetas

Fandangos de la
lengua española

RICARDO BADA

Leer

Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
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Hugo Gutiérrez Vega

APUNTES SOBRE EL TEATRO EN MÉXICO (VIII DE X)

La fundación del Teatro Ulises, en 1928, es una fecha clave para el teatro mexicano. Creado por los poetas agrupados en algo que ellos mismos llamaban “el grupo sin grupo”, el Teatro Ulises recogió el proyecto cultural de la generación de los Contemporáneos, integrada por Villaurruta, Novo, Owen, Cuesta, Gorostiza, Ortiz de Montellano, Gutiérrez Hermosillo, etcétera; los pintores Montenegro, Castellanos, Best Maugard, Rodríguez Lozano; compositores como Revueltas, algunos jóvenes actores y la animadora por excelencia Antonieta Rivas Mercado. El Tearo Ulises se propuso combatir al nacionalismo a ultranza, difundiendo las obras de sus contemporáneos europeos y estadunidenses. Llevaron a escena obras de O'Neill, Giraudoux, Lenormand, Romains, Anhouil, Pirandello, hicieron crítica de teatro y cine, fundaron revistas e intentaron hacer que la cultura del país saliera del retraso producido por el aislamiento inherente a la convulsión revolucionaria, y que se hiciera, en suma, contemporánea. Villaurrutia y Novo son los autores más prolíficos de este grupo. El primero es autor de una teatro lleno de elementos mágicos y de moderadas innovaciones. Su Invitacion a la muerte, La hiedra, El yerro candente, etcétera, son obras en las que intenta asimilar los juegos pirandellianos y mezclarlos con formas de Giraudoux y Lenormand. Tal vez su mejor aportación a nuestro teatro sea su labor docente en la Escuela de Arte Dramático, su infatigable labor promotora y su proyecto actualizador. El teatro de Novo es ingenioso, erudito, bien construido, pero... algo le faltó. Sus temas son múltiples y sus intenciones críticas, cuando son irónicas, dan en el blanco. La culta dama, La guerra de las gordas, A ocho columnas, Yocasta o casi , son algunas de sus obras de crítica social que muestran como rasgo principal una gran riqueza de lenguaje. Novo fue también promotor en su pequeño Teatro de la Capilla , actor, director, maestro y organizador de nuestra escuela de teatro.

Alfonso Reyes, el escritor más universal de nuestra literatura, el maestro y provocador por excelencia, escribió una difícil obra: Ifigenia cruel. Un divertimento titulado Landrú. Otros escritores colaboraron en el proyecto modernizador de los contemporáneos.

Aún no me explico las razones del silencio teatral que caracteriza a la década de los cuarenta. En 1934 se inauguró el Palacio de Bellas Artes con la obra de Ruiz de Alarcón, La verdad sospechosa, y actores como Gómez de la Vega intentaron mantener viva la programación del inmenso teatro. No lo lograron, en lo que a la producción dramática se refiere. En cambio, el inba , creado en 1946, logró sacar adelante sus proyectos de música y de danza nacionalista. En los cuarenta, el Teatro Ideal de las hermanas Blanch, actrices españolas, es el único que logra mantenerse en pie. Su repertorio iba de Arniches y Muñoz Seca, Benavente y los Álvarez Quintero, hasta los vodeviles franceses arreglados para las familias decentes. Paralelamente, los exiliados españoles se sumaron al movimiento teatral mexicano (hay que recordar, entre otros, a Rivas Sheriff, Max Aub, Benedico, Ofelia Guilmain, etcétera), y lo enriquecieron con su experiencia, llevando a cabo en México algunos proyectos truncados por la Guerra civil.

Capítulo especial merecen dos hombres dedicados íntegramente a la creación dramática: C. Gorostiza y R. Usigli. El primero intentó un teatro de denuncia social que no perduró, debido a su carácter circunstancial y a su construcción convencional. El segundo es autor de una abrumadora cantidad de obras, escritas bajo los signos de Molière, Ibsen, Strindberg, Pirandello y Bernard Shaw. Creo que mencionar sólo una de sus obras, El gesticulador, es un acto de justicia. Esta reflexión sobre la clase política mexicana, verbosa, sincera y carente de cualquier forma de humor, es sin duda la obra más interesante de Usigli. El prólogo de la obra explica la posición del autor frente a la impostura, la corrupción, la mendacidad y la demagogia de algunos miembros de la clase política y su proyecto desmitificador de los llamados “valores permanentes” o “conquistas revolucionarias” por la barroca retórica de la política mexicana.

(Continuará)

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