Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 17 de febrero de 2008 Num: 676

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Siete Poetas

Las industrias culturales
en un mundo globalizado

ALEJANDRO PESCADOR

La resurrección de
Norman Mailer

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

Mis días con
Mario Levrero

CARMEN SIMÓN

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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Enrique López Aguilar
alapiz@hotmail.com

Ars magna combinatoria (II DE III)

Jorge Luis Borges publicó un cuento titulado “El jardín de senderos que se bifurcan” en 1941, con el que inaugura, magistralmente, parte de lo que será un nuevo modo de contar: el texto arranca con una referencia a la página 242 de la Historia de la Guerra Europea, de Liddell Hart, y prosigue con la extensa cita de una declaración firmada por el doctor Yu Tsun, “antiguo catedrático de inglés en la Hochschule de Tsingtao”, de la que faltan las dos primeras páginas, la cual será, propiamente hablando, el texto que dará forma al cuento. Éste incluye, además, una nota a pie de página atribuida al Editor, posible tercera voz narrativa del texto (no por breve, menos perturbadora dentro del sistema de cajas chinas con que éste se encuentra construido). Conforme se avanza en la lectura del doctor Yu Tsun, el lector advierte que se encuentra frente al relato del protagonista (en primera persona), un espía chino que trabajaba para el Imperio Alemán, en Inglaterra, durante la primera guerra mundial, y que la cronología de la parte medular del relato debe ubicarse hacia el segundo crepúsculo y la noche del 22 o 27 de julio de 1916, dependiendo de si la demora comentada por el narrador que introduce la historia hubiera sido provocada por el éxito de la misión de Yu Tsun: “ En la página 242 de la Historia de la Guerra Europea, de Liddell Hart, se lee que una ofensiva de trece divisiones británicas (apoyadas por mil cuatrocientas piezas de artillería) contra la línea Serre-Montauban había sido planeada para el veinticuatro de julio de 1916 y debió postergarse hacia la mañana del día veintinueve. Las lluvias torrenciales (anota el capitán Liddell Hart) provocaron esa demora –nada significativa, por cierto. La siguiente declaración, dictada, firmada y releída por el doctor Yu Tsun […] arroja una insospechada luz sobre el caso.”

Sin embargo, así como la cronología del relato de Yu Tsun se realiza desde un presente narrativo, en vísperas de su ajusticiamiento, desde el que se estructura una larga analepsis en forma de retrospección, su texto se encuentra engarzado dentro de otro, aparentemente intemporal pero posterior al suyo (citado previamente) y en el que se intercala de manera subordinada, sin importar que la suya sea la parte medular del cuento. Además, no sólo la primera narración inicia ex abrupto y alude a una obra histórica, ya escrita pero desconocida para el lector, sino que la segunda lo hace in medias res, por la pérdida de dos páginas en la declaración de Yu Tsun: “…y colgué el tubo. Inmediatamente después, reconocí la voz que había contestado en alemán. Era la del capitán Richard Madden. Madden, en el departamento de Viktor Runeberg, quería decir el fin de nuestros afanes y –pero eso parecía muy secundario, o debía parecérmelo – también de nuestras vidas”.

­­ De este primer nivel de una historia entre policíaca y de espionaje, no exenta de inverosimilitudes (¿qué hacía un espía chino, identidad difícil de disimular, haciendo trabajos de inteligencia para Alemania en Inglaterra?), se va tramando un laberinto narrativo que desembocará en la persecución de Yu Tsun por Richard Madden, agente británico que lo ha descubierto; el espía, con todo en contra (debe huir, tiene poco dinero – una corona, dos chelines y unos peniques – , una pistola con una sola bala y está obligado a hacer saber a la inteligencia alemana el nombre “del preciso lugar del nuevo parque de artillería británico sobre el Ancre”), contará con sólo cuarenta minutos de ventaja antes de que Madden lo alcance cerca de la estación de Ashgrove, en la casa del sinólogo inglés Stephen Albert. De él dice el narrador: “... yo sé de un hombre de Inglaterra –un hombre modesto – que para mí no es menos que Goethe. Arriba de una hora no hablé con él, pero durante una hora fue Goethe”.

El cuento, regido por un azar que casi parece obra de milagrería, se encuentra, sin embargo, presidido por una inteligencia que no ha dejado nada a la casualidad: encontrar en la guía telefónica el nombre de la persona mediante el cual el espía informará del lugar que deben bombardear los alemanes; bajar del tren y hallar unos niños que, sin preguntar, saben que el protagonista busca a Stephen Albert (Yu Tsun es chino y Albert, sinólogo); desembocar en un camino donde deben tomarse todas las ramificaciones hacia la izquierda para llegar a la casa del hombre buscado, módico laberinto que no deja ver la complejidad de otro…

(Continuará)