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Astillero

Julio Hernández López
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Política preciosa, papá

La Gira de la Desvergüenza

Marín-Felipe, botellas de impunidad

Pasta de Conchos, otro ejemplo inmoral

Dado que considera su caso como un ejemplo extraordinario de supervivencia política e impunidad judicial, el gobernador de Puebla está en vías de recorrer el país para educar masivamente a los mexicanos en las artes de la manipulación informativa, el sometimiento de jueces y ministros, y el cinismo extremo. Mario Marín (que ya ensayó su faceta de conferencista ante priístas de Manzanillo, a los que explicó cómo le hizo para no caerse del cargo) se considera triunfador absoluto en el caso que concentró atención internacional por mezclar en dosis elevadas los ingredientes explosivos de la pederastia y el contubernio de poderes económicos y políticos, para acallar y castigar a una periodista que había investigado y denunciado delitos y complicidades. En realidad, el llamado góber precioso lo que ha hecho, y ahora pretende confirmar con esa Gira de la Desvergüenza, es demostrar que, si se sabe aceitar con corrupción y legalismos la maquinaria institucional, desde el poder se puede realizar casi cualquier cosa sin que haya castigo ni consecuencias graves. MM parecía cier-ta-men-te un cadáver político cuando se conocieron las grabaciones telefónicas en las que el empresario Kamel Nacif agradecía al mandatario poblano los retorcimientos jurídicos y administrativos hechos para castigar a una “vieja cabrona” que indagaba asuntos de alta delincuencia compartida en la elite. En el desagradable extremo de la inmoralidad, el pederasta Nacif anunciaba a quien consideraba su “héroe, chingao” que le enviaría como regalo un par de bellísimas botellas de coñac, en un tono y con una formulación que hacían pensar en el envío de seleccionadas menores de edad prostituidas.

Marín pudo remontar el escándalo, que parecía terminal, gracias a las alianzas electorales que tejió con los operadores del felipismo, que en Puebla tuvieron uno de esos “brincos” en la votación en favor del PAN que a fin de cuentas produjeron la ínfima diferencia oficial que permitió a Calderón hacerse de la presidencia empequeñecida. Marín sobrevivió porque a su vez fue un “héroe, chingao”, de las maniobras de prostitución electoral que dieron a FC las gotas formalmente definitorias (el famoso 0.56 por ciento) del proceso de sucesión presidencial. Felipe envió a Mario un par de bellísimas botellas de impunidad y el posterior sometimiento del panismo poblano para que el PRI controlara presidencias municipales y Congreso local, y de esa manera la rehabilitación del socio electoral fuera completa. Esa fue la clave de la supervivencia de quien, en un país medianamente civilizado y suficientemente dotado de enojo cívico, no podría haberse mantenido en el poder ni unos días, después de conocerse la mencionada grabación. Pero Marín sigue allí, como Ulises en Oaxaca, no por habilidades dignas de caravanas nacionales de inmoralidad, sino por arreglos indignos entre gobernantes ilegítimos y, también, por una dolorosa pero no eterna impotencia ciudadana.

También podrían organizarse un recorrido nacional victorioso los triunfadores de Pasta de Conchos. Fue ampliamente demostrada la responsabilidad de los funcionarios federales del Trabajo en el tema y sólo se castigó a cuatro personajes menores y con la inhabilitación para ocupar cargos públicos durante un año. Pero Carlos Abascal y Francisco Salazar Sáenz, los jefes ultraconservadores que protegieron a Germán Larrea y desataron una interesada cacería jurídica y política contra el gran charro del sindicato minero, Napoleón Gómez Urrutia, siguen tan campantes que incluso sueñan con ocupar nuevamente posiciones políticas importantes. El antes mencionado Larrea sigue ganando centenares de millones de dólares al año y mantiene su ritmo de vida natural, dedicado entre otras cosas a atender su cuadra de caballos pura sangre y participando con ellos en las carreras del Hipódromo de las Américas. Los únicos perdedores fueron los muertos, cuyos cuerpos siguen enterrados y los familiares que penan por oficinas públicas en demanda de justicia.

Astillas

Respecto de aguas contaminadas y riesgos de enfermedad o muerte, María Isabel Pérez Rodríguez reporta que “en el DF también tenemos lo nuestro: en la delegación Iztapalapa, Unidad Ejército de Oriente cuarta sección, tenemos meses recibiendo agua con olor a drenaje. Pese a que aumentaron los impuestos, la calidad en los servicios va de mal en peor; estoy en total desacuerdo en los millones que se gastaron en las pistas de hielo permanentes, eso es bueno, pero hay prioridades, y una de ellas es el agua. Aquí no alcanza para comprar agua purificada, o usamos la que cae o la usamos, no hay de otra. Pregunto: ¿qué esperan las autoridades para mejorar esto?, ¿que haya brotes de epidemias gastrointestinales?, ¿problemas en la piel?, ¿qué esperan? Mi hija está embarazada y no quiero ni imaginar que a ella, como a otras futuras madres, pudiera traerles alguna consecuencia”… Rubén Mújica escribe desde Oaxaca, en relación con la denuncia publicada ayer aquí de lo que acontece en el Centro de Estudios Superiores de la Secretaría de Educación de la CTM y de los manejos de José Ramírez Gamero. “Este gris personaje fue desgobernador de Durango merced a la influencia y cuota de poder de Fidel Velázquez. Conocido como El Pajarito, fue rebautizado por sus paisanos como El Zopilote, por lo que hizo con el presupuesto estatal. Para concluir su sexenio, concertó un crédito por 500 millones de pesos y heredó este lastre al estado y a Maximiliano Silerio Esparza, cacique de horca y cuchillo (literal) del municipio de Rodeo, que amplió su feudo a todo el estado. Así que El Zopilote sabe hacer pomada del presupuesto que le pongan y ‘carrancearlo’ a su favor”… Y, mientras el comandante Calderón aumenta 500 pesos al mes a los soldados, convirtiéndolos en entes de excepción, una y otra vez beneficiados salarialmente por alguien que sabe que para mantenerse en el poder lo que necesita son las armas, ¡hasta mañana, en esta columna que ve instalarse en Cuba el fidelismo sin Fidel!

 
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