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Bondades del queso de Cotija

Esta sección no tiene nada en contra de los chistes de oficina, pues son una reacción inevitable en espacios cerrados y de vida circular. Sin embargo, hay chistes que no debían ocurrir y que demuestran la crisis de valores en que vive un país sumido en el analfabetismo religioso. Esta vez nos referimos a un chiste de moda en la institución que dirige los enérgicos destinos de nuestra cultura. No es admisible que en los pasillos se afirme que el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes “no da pie con Vela”. Rectifiquen, señores.

En espera no del milagro (una irrupción de la suerte en los asuntos de la fe), sino del acto de justicia que será su encumbramiento en los altares, la memoria del santo varón michoacano Marcial Maciel Santos Degollado, está de plácemes. Por fin el paladar planetario reconoce las bondades del queso de Cotija como uno de los mejores del mundo. Por fin el justo reconocimiento a un producto que se fabrica artesanalmente en la urbe michoacana desde hace ya cuatro siglos. Su calidad sólo es comparable, según el presidente del jurado del Paladar Incorruptible, al queso de San Pedro Sula, Honduras; Cúcuta, Colombia; Riobamba, Ecuador; Chichicastenango, Guatemala; Guanabacoa, Cuba, y Barquisimeto, Venezuela.

Esto, dijo igualmente el jurado, prueba que en los demás lugares sí se hacen malos quesos. El reconocimiento tuvo lugar en Cremona, Italia, durante el campeonato mundial sobre ese derivado de la leche al que concurrieron 500 productores. La circunstancia afortunada del queso de Cotija, llamado Queso Tana, fue la bendición in extremis del padre Maciel que, en su mesa de muerte (de donde lo trasladaron con rapidez a la agonía), afirmó: “Desde niño lo supe, el Queso Tana llena de bendiciones al creyente y al consumidor”.

Si esto no es cierto, envíe su denuncia a Queso Tana, Calzada de los Misterios sin Chiste 23, Cotija, Mich.

Finalmente, y luego de seis meses de investigación, la policía de Los Ángeles, California, descartó que el hombre que agredió en julio pasado al cardenal Roger Mahony, fuera seguidor de López Obrador o militante distinguido del PRD, como sugirieron algunos feligreses. A Mahony, de 71 años, lo reconoció un transeúnte en una calle cercana a la catedral de Los Ángeles. Luego de insultarlo, lo golpeó y tiró al suelo. Le reclamaba airadamente por encubrir a sacerdotes pedófilos que con su criminal comportamiento han debilitado moral y materialmente a la arquidiócesis. El año pasado un juez la obligó a pagar 660 millones de dólares a víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes. Mahony tardó un mes en recuperarse de las heridas, no quiso levantar cargos contra su agresor y procuró que el asunto no se ventilara en los medios.

Otros policías, los de Detroit, Michigan, dijeron que solamente en las películas o en la televisión se veían cosas tan horrendas como las que le hizo Stephen Grant a su esposa. Luego de estrangularla, la descuartizó. Ahora la historia del asesino la quieren para elaborar un videohome, a lo que se opone tajantemente la familia de la víctima.

 
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