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Gustavo Gordillo

¿Se puede soñar y ganar unas elecciones?

Decía Norbert Lechner que la lucha política es una lucha por definir la concepción predominante de los que se entiende por política. Importa por tanto mucho el marco, las coordenadas y la delimitación del campo de batalla. El primer triunfo político decisivo es imponer a tus contrincantes la definición y los contornos de ese campo de batalla. Barack Obama ha logrado implantar la disputa política en Estados Unidos –y no sólo en el Partido Demócrata– en términos de una doble contradicción: el pasado frente al futuro y la política del sentido común y la innovación frente a la política de siempre.

Hillary intentó imponer otro conjunto de coordenadas: la experiencia frente al sueño, las palabras frente la realización práctica. Pero hasta el momento se le ha convertido en un bumerang. El candidato republicano John McCain intenta tomar esa misma línea de ataque contra Obama y todo parece indicar que también fracasará.

Se ha tratado de encajonar a Obama como el candidato presidencial de una minoría y no como él se presenta: un candidato demócrata que además es negro. Que es hijo de un negro de Kenya y una blanca de Kansas y nacido en Hawaii; cuyo padre lo abandonó cuando era muy joven que tuvo que batallar para llegar a estudar a Harvard y que una vez graduado con los máximos honores se fue a trabajar como activista en los suburbios de Chicago organizando a pobladores pobres blancos, negros y latinos. Esta imagen que emerge de si libro La audacia de la esperanza, ha penetrado en la imaginación de sectores importantes de la sociedad norteameriacan. Se ha identificado con el símbolo por excelencia de los norteamericanos: el Sueño Americano. Y como decía el gran historiador inglés E.P. Thompson, “gran parte de la vida política de nuestras sociedades puede entenderse como una contienda por la autoridad simbólica”.

La pregunta clave y persistente que hace Barack Obama en sus multitudinarios mitines es si están los ciudadanos preparados para el cambio. Acto seguido a los coros del “si se puede” con el que generalmente responde la gente, les enumera las cuatro grandes barrreras contra el cambio: a) las fuerzas de status quo; b) el pensamiento convencional; c)el ácido divisionismo partidista; y d) la poderosa idea que en política “es aceptable hacer y decir lo que sea” sin ningun criterio valórico o ético.

Aunque es evidente que la campaña del senador Obama ha contado con un enorme impulso que surge desde las bases y desde las entrañas de la sociedad norteamericana –contando ahora con el enorme apoyo de la poderosa organización ciudadana MoveOn que dice tener alrededor de 3 millones de potenciales simpatizantes que han decidido apoyar su campaña–, también goza del apoyo de sectores claves del liderazgo tradicional del Partido Demócrata. Además lo sorprendente de la enorme cantidad de recursos financieros a su disposición es que la mayor parte se han obtenido através de internet con pequeñas aportaciones de medio millon de personas.Ahora están a punto de alcanzar un millón de donantes através de la red.

En política “es aceptable hacer y decir lo que sea”. A pesar de encarnar ella misma el cambio que está ocurriendo en la sociedad norteamericana por ser la primera mujer con posibilidades reales de contender por la presidencia de su país, el otro aspecto de su personalidad: ex-primera dama y parte de una poderosa maquinaria política ha pesado mas en el talante de las ciudadanas y ciudadanos. El argumento de tener 35 años de experiencia política promoviendo cambios en favor de la ciudadanía ha influido menos que la imagen de una contrincante que no se controla cuando está perdiendo y recurre a la guerra sucia.

Sólo ahora comienzan a atisbar los diversos círculos de las elites políticas, lo que parece ser la punta del iceberg. La posible conformación de una nueva mayoría electoral que rompa las barreras raciales y partidistas y atraiga masivamente a los jovenes –hombres y mujeres. Eso fue lo que intentó decir Obama en su declaración en Nevada, que luego fue totalmente distorsionada, cuando se refirió a la capacidad que tuvo Reagan para entender en su momento que con nuevas coordenadas discursivas podía formar una nueva coalición electoral.

De las elecciones primarias lo que llama poderosamente la atención es la amplia participación ciudadana sobretodo en el campo del Partido Demócrata. Contando las elecciones del supermartes mas de 15 millones de personas habían participado. El perfil del votante Clinton y del votante Obama aparentemente se diferencia con nitidez. Por Clinton votan los adultos mayores con menos escolaridad y menos ingresos, obreros sindicalizados, latinos y mujeres. Por Obama votan jovenes, varones blancos,profesionistas y clase media y una alta proporción de afroamericanos.

Pero en las últimas primarias de Wisconsin un estado que a veces vota republicano y a veces demócrata el triunfo de Obama por mas de 14 puntos de diferencia presenta algunas tendencias que parecen indicar que Obama está ya rompiendo el voto duro de Clinton. Así entre mujeres Obama avanzó al 49 por ciento. Entre votantes con un nivel de escolaridad baja obtuvo el 54 por ciento y entre aquellos votantes que consideran la situación de la economía como el tema central obtuvo el 55.

¿Qué nos dice todo esto? Primero, que cuando la gente está harta de una política de maniobra, transas y parálisis cuenta mucho el discurso. Las palabras son determinantes. Segundo, que se puede operar una realineamiento histórico del electorado cuando se conjugan dos factores: : debilitamiento de los vínculos del electorado con los partidos y en consecuencia enajenación frente a las dirigencias; y un evento traumático que juega el papel de catalizador del realineamiento electoral. Ese evento traumático es en mi opinión la combinación de la guerra de Irak y la guerra interna contra las clases medias. Tercero, que al realismo de los cínicos se les puede oponer con éxito un realismo ético que es capaz de imaginar mundos mejores.

www.gustavogordillo.blogspot.com/

 
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