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Carlos Fernández-Vega
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Sueños de pentapichichi

Cascarear en lugar de resolver la desigualdad social

Invertir en Pemex dinero de Afore

Entre la megalomanía y el sueño de un segundo pentapichichi para el país, el gobierno de la “continuidad” evade una de las asignaturas pendientes más dolorosas para México: la espeluznante concentración del ingreso y la cada vez más profunda desigualdad social.

Entre cascarita y cascarita, y los “muchos goles” anotados en el mundo virtual de Los Pinos, el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados aporta un dato terrorífico: para ejemplificar el nivel de desigualdad entre los hogares mexicanos, es necesario multiplicar por 21 los ingresos de los hogares ubicados en el primer decil de la distribución (los más pobres) para que tuviesen un nivel igual al de los hogares promedio colocados en el décimo decil (los más ricos).

En su recién salido del horno informe sobre Distribución del ingreso y desigualdad en México, el citado Centro de Estudios subraya que “si bien el análisis muestra un crecimiento nominal del ingreso y un salto importante entre 2002 y 2004, la realidad es que incluso los hogares más favorecidos de la población cuentan con ingresos moderados; es decir, un hogar ubicado en el IX decil de ingreso contaba, en promedio, con 17 mil 746 pesos mensuales (52 mil 429 pesos trimestrales en 2006) lo cual tuvo que ser suficiente para solventar todas las necesidades de los 4 integrantes que en promedio conformaban dicho hogar (alimentación, vestido, calzado, transporte, vivienda, etcétera), lo que implica que sin ser un hogar marginado, tampoco podría comprenderse dentro de un sector que plenamente se clasificaría como de altos ingresos, pues haciendo una equivalencia sencilla, sería necesaria la suma del ingreso de varios meses para poder adquirir un vehículo sencillo”.

La desigualdad en la distribución del ingreso es uno de los factores que limitan el desarrollo social y económico, apunta la institución. El principio básico es que una sociedad menos igualitaria limita las posibilidades de los individuos para desarrollarse y generar valor. En el agregado, cuando unos pocos concentran una gran proporción del ingreso, el consumo de la mayoría es escaso y, por ello, la demanda de bienes de mayor valor agregado por parte del grueso de la población es limitada; ya que la mayor proporción del ingreso disponible se destina al consumo corriente o de subsistencia. En consecuencia, el ahorro, la inversión y la producción de bienes duraderos son mínimos a partir de lo cual se restringe la capacidad de desarrollo económico nacional.

Con base en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, se analizó la dinámica de la distribución del ingreso y su evolución durante el primer sexenio del milenio en México (2000-2006, el del “cambio”), y entre las medidas sobre la desproporción en los ingresos destaca el número de veces que sería necesario multiplicar el ingreso de los hogares ubicados en el primer decil para hacerlo equivalente a un nivel de ingreso superior. Así, el ingreso de una familia ubicada en el décimo decil sería suficiente para solventar las necesidades de 21 familias ubicadas en el primer decil (al nivel económico correspondiente). En este sentido, la noción de disparidad es notoria, pues el esfuerzo económico que requiere un hogar para alcanzar niveles de bienestar similares implicaría hipotéticamente que tendrían que transcurrir 21 veces más días, horas o años para alcanzar un mismo objetivo material.

El índice de Gini mientras sea más próximo a cero significa que la distribución del ingreso es mejor, en tanto que valores más cercanos a uno implican niveles mayores de desigualdad. Para tener una noción más clara de cómo se acumula el ingreso, basta señalar que en 2006 el 10 por ciento más favorecido de los hogares mexicanos acumulaba el 36.04 por ciento del ingreso disponible, mientras el 60 por ciento de los hogares menos favorecidos (del primero al sexto decil) sólo acumulaba, conjuntamente, el 26.05 por ciento. “Esto indica de modo claro cómo un pequeño porcentaje de la población tiene mucho mejores condiciones de vida que la gran mayoría de los mexicanos”.

En 2006, el 60 por ciento de la población vivía con ingresos corrientes totales inferiores a 30 mil 195 pesos. Esto quiere decir que las cantidades correspondientes a cada renglón debieron ser suficientes para cubrir las necesidades de todos los integrantes de un hogar (en promedio 4) durante tres meses; cabe mencionar que los ingresos estiman todas las percepciones excepto las de capital (utilidades sobre inversiones financieras) pero si consideran ingresos por endeudamiento.

La distribución del ingreso en México sigue siendo una de las más desiguales del mundo. En el país se mezclan mala distribución y bajo ingreso; es decir, “hasta los más privilegiados carecen de la solidez económica suficiente como para ser considerados ricos en el contexto mundial” (salvo los magnates Forbes y un puñado más). El impacto del nivel de ingreso y la distribución del mismo genera descomposición social y conflicto, mientras que en una sociedad más igualitaria sus integrantes tienen mayor oportunidad de desarrollo y crecimiento. La mala distribución de ingreso no sólo limita a los individuos, sino también a la economía en su conjunto, de tal modo que se genera un círculo vicioso en el cual la falta de recursos limita el consumo y del mismo modo reduce los incentivos para generar productos y servicios.

A estas alturas, pues, el 90 por ciento de la PEA en el país obtiene un ingreso inferior al salario mínimo vigente en Estados Unidos.

Las rebanadas del pastel

De la lectoría: “ ¿y si buscamos la posibilidad de poder invertir la lana que los pocos millones de mexicanos tenemos en las Afore en Pemex? Digo, así nos hacemos inversionistas de la noche a la mañana –y chance hasta millonario, como don Slim–, además, aseguramos que las ganancias permanezcan, como se debe, en suelo nacional, por un lado. Por otro, las pensiones de los que pronto dejaremos de ser productivos puedan ser dignas” (José Raymundo Mirón Rosales, raymundo. miron@iberopuebla.edu.mx)... Mañana, movilización en defensa del petróleo mexicano.

 
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