Directora General: CARMEN LIRA SAADE
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Domingo 24 de febrero de 2008 Num: 677

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Alejandro Michelena

Benedetti: un éxito constante

Hay unanimidad al considerar que Mario Benedetti es el escritor uruguayo más popular en todo el orbe de habla hispana. Algunos entusiastas lectores de la saga benedettiana están convencidos que hubo un tiempo de romance entre la crítica y el escritor, aunque ni su propia generación en el Uruguay -nada piadosa a la hora de las valoraciones- lo trató del todo bien.

Por ejemplo, para Emir Rodríguez Monegal los personajes del autor de Gracias por el fuego son siempre el mismo: "un montevideano de clase media, mediocre y lúcidamente consciente de su mediocridad, desvitalizado [...]El personaje cambia de edad y de nombre, de condición social y de esperanzas superficiales, pero en su entraña es el mismo".

Para Fernando Aínsa, " La Tregua, considerada la mejor novela de Benedetti, baja sin embargo la guardia estilística y asume una forma lineal y tradicional de diario íntimo". Y Enrique Fierro, poeta y agudísimo analista de la poesía uruguaya, considera a Poemas de la oficina -verdadero buque insignia en el género del autor- como: "Un libro, en fin, que vale más por sus intenciones renovadoras que por sus logros concretos". Agregando luego, con relación al volumen lírico siguiente, Poemas del hoy por hoy, este juicio nada complaciente: "En él se repite, con un lenguaje afín... el intento de inserción en el tan llevado y traído 'aquí y ahora'."

En los primeros años setenta, en un contexto de radical polaridad política en el Uruguay, la tendencia de los críticos más activos -en su mayoría pertenecientes a la generación del 60, caracterizada en general por un marcado epigonismo en relación con los escritores del 45-, fue la de perdonarle al autor de Quién de nosotros sus carencias y desprolijidades en lo estrictamente literario, a causa de las posturas éticas e ideológicas manifestadas en sus textos.

Ya avanzados los ochenta, habiendo ocurrido -dictadura mediante- una renovación y consecuente rejuvenecimiento en los planteles críticos, Benedetti comenzó a ser cada vez más ignorado, soslayado, y de vez en cuando hasta cuestionado. Paradójicamente, esto se daba en tiempos en que el rotundo éxito de ventas de sus libros se proyectaba a España, a México y a todo el continente.

LAS DOS GRANDES ETAPAS EN SU OBRA

Podemos esbozar, a grandes rasgos, dos períodos bien definidos en la producción benedettiana. A cierta altura el escritor sufre un cambio, que se puede interpretar como un parteaguas en el curso de su obra. Lo que tal vez explique más los malentendidos que se han venido generando en torno a su presencia literaria.

La etapa más valorizada es la de fines de los años cuarenta, toda la década de los cincuenta y hasta comienzos de los sesenta, donde se ubican los cuentos de Montevideanos -considerados de modo unánime lo mejor de su narrativa-, y volúmenes líricos como Poemas de la oficina y Contra los puentes levadizos, así como sus novelas La Tregua y Gracias por el fuego. Los analistas más rigurosos espigan, en estos libros y en esa etapa, lo mejor y lo más genuino del autor.

En los setenta se opera un cambio, al compás de la mayor politización de su escritura. Por ejemplo, los cuentos producidos en el exilio -en general con temática comprometida, de cara a la situación de opresión que se vivía en el Cono Sur-, más allá de la encomiable intención de aportar a la denuncia de lo que estaba pasando en el Río de la Plata , son narraciones que no se sostienen. Que fallan en la estructura, con personajes demasiado esquemáticos.

A partir de los ochenta, la que se resintió más fue su producción poética. Su verso se tornó facilista, reiterativo y complaciente. A medida que los poemas de Benedetti se multiplicaban en posters y tarjetas navideñas, fueron perdiendo en calidad literaria.

Lo que sí conservó la producción benedettiana fue el arte de enganchar al lector, de encantarlo con la pericia indudable de un oficio experiente. Con la salvedad que su público había cambiado casi sustancialmente.

Si reparamos en su escritura crítica -constante a través de los años- su tarea ha sido y sigue siendo valorada, por encima de sus textos de ficción y poéticos. Sin considerarlo un crítico excepcional, se valora su esfuerzo de trabajo. Benedetti se ha preocupado por analizar autores que le han interesado desde 'su lugar' de escritor, por lo que no es un crítico en toda la extensión de la palabra; pero lo ha hecho en general con lucidez, metodología y rigor.

Su ensayística más general, por el contrario, ha oscilado desde los textos politizados de los setenta hasta sus últimos libros en la materia, marcados por un vago filosofar en relación a la globalización y a los cambios mundiales.