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Su abandono, desde que Margarita Saldaña era delegada de Azcapotzalco, acusan

Sobrevive en la penuria el internado público para niños Ejército Mexicano

El albergue no es un reformatorio, aclaran, sino una opción para los más necesitados

Rocío González Alvarado

Ampliar la imagen Con grandes esfuerzos, el albergue opera a la mitad de su capacidad para atender a 300 menores marginados Con grandes esfuerzos, el albergue opera a la mitad de su capacidad para atender a 300 menores marginados Foto: Cristina Rodríguez

Creado para albergar a hijos de soldados durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas, el internado público Ejército Mexicano sobrevive, a poco más de 70 años de su fundación, con esfuerzos heroicos, para atender a cerca de 300 niños de escasos recursos o en riesgo de maltrato físico.

Enclavado en la colonia Santa Catarina, delegación Azcapotzalco, éste es uno de los tres albergues de su clase dependientes de la Secretaría de Educación Pública (SEP) que aún existen en el Distrito Federal, los cuales cuentan entre sus servicios con educación primaria, hospedaje, alimentación y atención médica.

Sin embargo, desde hace un trienio, por ejemplo, el almacén de materiales básicos subsiste con los remanentes de otros años; en el área médica sólo se ofrece el servicio en dos de los tres turnos, y en la lavandería, de las tres máquinas dispuestas sólo funcionan dos, pues una se descompuso hace 10 años, sin que nadie acuda a repararla, según reporta el personal encargado de las distintas áreas.

El abandono de este plantel –que en sus tiempos de gloria albergó caballerizas, parcelas y amplios espacios donde se impartían talleres de toda clase: carpintería, herrería, plomería, jardinería y zapatería, entre otros– comenzó en 2004, cuando era titular de la delegación Azcapotzalco la panista Margarita Saldaña, refirió Miguel Negreros, líder de proyectos de Educación Básica de la Secretaría de Educación (SE) del Distrito Federal.

El deterioro de sus instalaciones, edificadas en una superficie de 10 mil cuadrados, de los 34 mil con los que cuenta el conjunto escolar –que tiene amplias áreas verdes, dormitorios, comedor y una alberca–, fue el pretexto para que en ese año se optara por cerrarlo definitivamente, aunque tal decisión se vio obstaculizada por la oposición de los padres de familia, que prácticamente se “levantaron en armas”.

Negreros explicó que el gobierno capitalino intervino, entonces, por conducto de la Secretaría de Desarrollo Social, para rehabilitar los inmuebles. “Se reparó la instalación eléctrica y se demolieron el dormitorio para niñas, la biblioteca y el comedor, que serán remplazadas con nuevas instalaciones”, que en la actualidad están en proceso de construcción.

El internado, que el pasado martes 19, cuando se celebró el Día del Ejército Mexicano, festejó un aniversario más, opera a la mitad de su capacidad. Por lo menos 14 de sus aulas, cuatro de ellas prefabricadas, se encuentran inhabilitadas; en un área se resguardan los libros de la biblioteca, sin poder utilizarlos, mientras el comedor y el dormitorio de niñas están en espacios temporales.

Ante tales condiciones de precariedad, se ha privilegiado la seguridad física y la alimentación de los niños, apuntó la directora del plantel, Norma Angélica Cazares, quien si bien prefiere pensar que no existe la intención de desmantelar estos servicios educativos, sino que el problema son los escasos recursos asignados a la educación en general, reconoció que “nadie se quiere echar este paquete, porque mantener 24 horas a los niños, de lunes a viernes, es un gasto muy fuerte”.

Agregó: “estuvimos dentro de educación para adultos, después a primarias, luego en coordinación territorial y ahora de nuevo en el sector de primarias”.

Lo cierto, indicó, es que se tiene que dar un servicio especial a los alumnos, porque “se trata de trabajar con emociones más todo lo que tiene que ver con el proceso del conocimiento”.

El servicio, abundó, se presta a la población necesitada por su problemática familiar, económica o social; los padres o tutores tienen que pasar por un proceso de selección y, como en toda institución, tienen que cumplir con ciertos requisitos, aunque una preocupación fundamental es saber si los niños quiere estar aquí, porque muchas veces los traen con la idea equivocada de que se trata de una especie de reformatorio, pero “no castigamos; es una escuela que ofrece una opción para las familias más necesitadas”.

 
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