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Celebración dual y apagón en la entrega del premio Villaurrutia a las poetas

López Colomé y Cross “transfiguran la tradición de la poesía mexicana moderna”

La primera invoca las palabras como amuletos y ensalmos, para abrirse camino

Propone la segunda planos distintos de realidad, a manera de oleajes suaves sobre la playa

Carlos Paul

Ampliar la imagen La poeta Elsa Cross, la noche del lunes, durante la lectura de su texto tras recibir el premio Villaurrutia La poeta Elsa Cross, la noche del lunes, durante la lectura de su texto tras recibir el premio Villaurrutia Foto: Carlos Ramos Mamahua

Una celebración dual en la que convergieron las poetas Elsa Cross y Pura López Colomé, quienes fueron distinguidas con el Premio Xavier Villaurrutia 2007, de Escritores para Escritores, se llevó a cabo la noche de este lunes en una atiborrada sala Manuel M. Ponce, del Palacio de Bellas Artes, donde se les entregó el galardón y se destacó la labor poética de ambas creadoras.

El acto tuvo un toque íntimo y poético, pues al poco tiempo de iniciado, un apagón dejó a oscuras el Palacio de Bellas Artes, por lo que la ceremonia de entrega tuvo que continuar hasta su conclusión con la luz de algunas lámparas de mano. Curioso resultó que apenas terminado el acto, regresó la luz al recinto.

El premio Villaurrutia es considerado uno de los más importantes galardones de las letras mexicanas, que reconoce trayectoria y obra literaria. En esta ocasión Elsa Cross, quien “ha sabido acercarse y acercanos al pensamiento oriental con el mismo apasionado esfuerzo y conocimiento que José Juan Tablada y Octavio Paz”; fue premiada por su poemario más reciente, Cuaderno de Amargós.

En él “son las superficies del sueño, de la conciencia, de los paisajes y de la vida cotidiana en una isla griega en el mar Egeo, de la memoria y del dolor, las que la autora busca atravesar para tocar un fondo, una claridad”, expresó la también poeta Coral Bracho, integrante del jurado, junto con David Huerta y Bárbara Jacobs.

“En ese trayecto de la opacidad a la luz –continuó Bracho– incesantemente se intercalan, con la deslumbrante sutileza de las tonalidades y transiciones de su lenguaje, pausado y grave, pero siempre penetrante e intenso; planos distintos de realidad que se suceden y superponen como oleajes muy suaves sobre una playa.”

En Cuaderno de Amargós, Elsa Cross “penetra en territorios oníricos y se detiene, sobre todo, en sus límites: en esas capas imprecisas y delgadísimas del entresueño, mediante las cuales los espacios apenas habitados desaparecen y las frases y palabras antes cargadas de sentido, se deslíen inconexas. A través de la conciencia es entonces que se busca decifrarlas, pero la conciencia también es aquí una superficie que oscila sobre una realidad cambiante”.

Santo y seña es el libro premiado de López Colomé, en el que “invoca las palabras como amuletos, como ensalmos, para abrirse camino.

“Desde lugares recónditos de la infancia, Pura recupera en su exacta diafanidad y plenitud, ciertos matices y resonancias que las palabras abrieron alguna vez en los sentidos. Sus palabras son también escalpelos que llegan hasta la médula y el hueso, y la autora no se arrendra para llegar hasta lo más hondo de una herida.”

Mirada y experiencia del mundo

Tras dejar testimonio de su admiración y amistad por las poetas, David Huerta destacó que López Colomé y Cross “entienden y transfiguran la tradición de la poesía mexicana moderna”.

Por su parte, Pura López Colomé, agradeció la distinción y evocó su infancia y adolescencia, como las etapas y rasgos distintivos de quienes escriben, los cuales llegan a ser augurios de lo que se va a ser y hacer en el futuro. “Mi vida –apuntó la poeta– ha estado marcada con toda claridad por epifanías lingüísticas: primero, la del español americano; después, la del español mexicano, la del yucateco y, por último, la del clásico de la ciudad de México”.

Para concluir, Elsa Cross, tras agradecer y sentirse honrada por el galardón, consideró que en su poemario premiado está representada toda su obra. Y que, “aunque la poesía es lenguaje, por definición, es fundamentalmente un modo de decir, y yo siento –terminó Cross–, que antes de eso es también una mirada y una experiencia del mundo que invariablemente sobrepasan lo que uno es capaz de poner en el papel”.

 
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