Usted está aquí: viernes 29 de febrero de 2008 Gastronomía Coyotas, postre tradicional que cambió la historia de Hermosillo

Surgió en la década de los 50, de la fusión de una receta mexicana y una española

Coyotas, postre tradicional que cambió la historia de Hermosillo

La fórmula original consiste en una tortilla de harina de trigo rellena de piloncillo

En la actualidad se exportan a Arizona, Estados Unidos, y planean llevarlas a Nevada y California

En Villa de Seris ya existen varios locales que elaboran el dulce, aunque con innumerables variantes

Ulises Gutiérrez Ruelas (Corresponsal)

Ampliar la imagen En Villa de Seris se acostumbra comer una jugosa carne asada y rematar con una coyota. Arriba, elaboración del postre En Villa de Seris se acostumbra comer una jugosa carne asada y rematar con una coyota. Arriba, elaboración del postre Foto: Ulises Gutiérrez Ruelas

Hermosillo, Son. Lo que en un principio era un platillo local de un pequeño pueblo, que ya es parte de la zona urbana de Hermosillo, es hoy día uno de los postres más reconocidos de Sonora.

Corría la década de los 50 en el viejo Hermosillo, cuando doña María Ochoa González solía hornear pan para regalar a sus vecinas. Una de ellas, la española Agustina de Araiza, le compartió una receta que cambiaría su vida y la historia de su pueblo.

Los ingredientes para elaborar la masa eran harina de trigo, manteca, sal y algo de azúcar, mientras el relleno sería de panocha, el dulce de caña que en el resto de México es conocido como piloncillo.

Al postre, en forma de tortilla rellena, lo llamaron “coyota”, que significa hija de india y español.

La tradición que surgió en 1954 de las manos de doña María, quien falleció en 2003 a los 86 años de edad, traspasó fronteras, porque sus descendientes lograron que el gobierno de Estados Unidos autorizara la importación de este producto a Arizona. En la actualidad se tramita la posibilidad de hacer envíos a California y Nevada.

Olores que enamoran

Pero donde la tradición vive es en el corazón de Villa de Seris, poblado fundado por la etnia conca’ac un siglo atrás, y que fue absorbido por la ciudad hace décadas. A cada paso por sus estrechas calles el olor de pan recién horneado y del relleno dulce atrae y enamora a los hermosillenses, pero especialmente a los turistas, quienes relacionan siempre una jugosa carne asada con un postre de panocha.

La tradición de comer carne y después coyotas surgió de la familia de doña María, ya que su cuñado, Alfonso Durazo, el “rey de la carne asada”, empezó a ofrecer el postre en su restaurante Xochimilco, también ubicado en Villa de Seris.

A medio siglo del surgimiento de las coyotas, la receta es la misma: harina elaborada en la región, ingredientes naturales, amasados y extendidos a mano y, horneados en leña.

El horno, elaborado de ladrillo, se ubica en el patio de la casa de los Moreno Ochoa; ahí trabajan todo el día para elaborar hasta 11 mil coyotas destinadas al mercado sonorense y de Arizona, Estados Unidos, y por supuesto al turístico, que es el que más gusta del sencillo postre.

Las mujeres encargadas de elaborarlas llegan a trabajar alrededor de 20 kilos de masa, de donde salen hasta 500 coyotas al día, y aun así no se aburren de comerlas, comentan.

Haciendo escuela

Actualmente el negocio que doña María inició en su cocina es dirigido por su hija, Catalina Moreno Ochoa, y la receta permanece en secreto, aunque decenas de residentes de Villa de Seris y otras poblaciones de Sonora han tratado de igualarla.

Doña María no fue la única en hacer escuela: en 1994, la señora María de la Luz Coronado revolucionó el postre al remplazar la panocha por un relleno de jamoncillo, dulce de leche que los sonorenses aprendieron de los primeros pobladores chinos.

Coyotas Malú, fundada en 1984, comenzó una variedad en los rellenos que ahora incluyen higo, membrillo, guayaba, chabacano, coco, manzana y cuanto ingrediente se les ocurra.

La creatividad no paró ahí. En Caborca una familia hizo lo imposible: rellenar las coyotas con nieve.

Desde 2004, la familia Burruel Ortiz tuvo éxito tras años de experimentar para darle a la galleta rellena un toque de modernidad: sobre una tortilla de harina untaron una base de cajeta, y sobre ésta una capa de fresa helada, que después cubrieron y hornearon.

Así que si planea viajar a Hermosillo no lo piense mucho, camine por las viejas calles de Villa de Seris y paladee el postre que surgió de una receta española y de las manos mágicas de doña María.

 
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