Usted está aquí: miércoles 5 de marzo de 2008 Opinión A mayores libertades laicas, mejor democracia

Bernardo Barranco V.

A mayores libertades laicas, mejor democracia

Ya que la Iglesia católica “ha emprendido nuevas batallas particularmente en el tema de la moral sexual, ¿México es un país de excomulgados?” Éste es uno de los exámenes que Roberto Blancarte plantea en su libro Sexo, religión y democracia, de editorial Planeta, y que acaba de ser presentado en la Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería el pasado sábado.

El autor añade que los agraviados han sido aquellas personas que usan métodos anticonceptivos no naturales, las parejas del mismo sexo, quienes empujan la despenalización del aborto, los divorciados y vueltos a casar y, en general, todos aquellos que no obedecen al pie de la letra los dictados de la jerarquía católica.

El libro, de más de 250 páginas, recoge buena parte de los artículos de opinión que Blancarte ha editado entre 2000 y 2007. Dicho periodo se da dentro de una creciente democratización social, política y cultural en el país, contexto donde hay mayores espacios para las libertades, como los que se han forjado en el campo de los derechos sexuales y reproductivos.

Bajo este telón de fondo, Blancarte ha distribuido sus artículos en tres grandes apartados: el primero aborda los jaloneos de lo religioso en el ámbito de lo público y su regulación política; el segundo apartado se concentra en la Iglesia católica, constatando un creciente debilitamiento de su modelo de intervención social que sin embargo mantiene un alto nivel de acecho por conquistar mejores y mayores espacios sociales en México. Finalmente, en el tercer bloque, titulado “En busca de libertades”, el autor describe las construcciones, los corrimientos culturales y las transformaciones sociales producto de una más intensa participación de prácticas que buscan mayor diversidad, equidad y reconocimiento de libertades plenas.

Con Roberto Blancarte me une una amistad de más de 25 años. Nos conocimos en el seminario de Emile Poulat en la escuela de altos estudios en ciencias sociales de París en 1983. Desde entonces hemos compartido reflexiones y búsquedas sobre los análisis sociales de lo religioso. Además de académico e investigador, he presenciado su activismo y compromiso con las redes que fomentan las libertades laicas. Comparto la afirmación de José Luis González, durante la presentación del libro, de que Roberto se ha convertido en vigilante y guardián de la laicidad en México.

En uno de sus artículos, comentando el resultado de encuestas sobre lo que piensan los católicos en materia de moral y sexualidad, Blancarte concluye: “Queda claro que lo que dicen y quieren los católicos no es siempre lo que dicen y quieren los obispos. No pocos políticos mexicanos hasta ahora han pensado que el episcopado es representativo del sentir y pensar de los católicos, por lo menos en este tipo de temas. Queda claro que no es así. Los obispos tienden a pensar que la Iglesia no es una democracia y que, por lo tanto, no se trata de lo que quiera o piense la feligresía. Pero en una sociedad cada vez más democrática será difícil que puedan convertirse en verdaderos pastores, si no escuchan en forma mínima a su rebaño” (el mensaje de los católicos a sus obispos y a uno que otro político despistado). El autor se resiste a que la razón absoluta que plantean muchas iglesias se politice, el efecto de la laicidad es precisamente la desconstrucción de la verdad, como última y definitiva verdad, así como garantizar la libertad de creer, opinar y de actuar. Por tanto, no encasillar la libertad religiosa como absoluta o única, sino enmarcarla en el conjunto de las libertades conquistadas socialmente que deben ser garantizadas a los ciudadanos.

La laicidad o laicismo, según el autor, no es una persecución en contra de las iglesias, o una posición antirreligiosa, sino, por el contrario, es la mejor garantía para las libertades religiosas sin ningún privilegio para alguna de ellas. “En la historia no hay ninguna libertad religiosa que se haya podido garantizar hasta la existencia de un Estado que nosotros llamamos laico.”

Otro aspecto central que encontramos constantemente en el trabajo de Blancarte es la crítica a la clase política que cree fortalecerse y legitimarse estrechando lazos, especialmente con el clero político. Al respecto sentencia:

“El problema es que muchos políticos olvidan que su autoridad proviene del pueblo y acuden a las instituciones religiosas para buscar legitimidad, otorgándoles un poder que no tienen. Cuanto esto ocurre se afecta el principio de legitimidad democrática de la autoridad política, porque mina su propia fuente de autoridad, que es la soberanía popular. Es una especie de harakiri para la democracia y para el poder político”. Por ello, el Estado laico está obligado a defender la libertad de conciencia, la igualdad de los ciudadanos y la autonomía de lo político frente a lo religioso; para que estas condiciones se cumplan es necesario que la voluntad mayoritaria del pueblo no vulnere el respeto a los derechos de las minorías religiosas, sexuales o políticas.

Los artículos de Roberto Blancarte compilados en Sexo, religión y democracia son abiertos y dialógicos, propios del trabajo periodístico. No es una obra académica; por el contrario, registra con pasión los importantes cambios culturales, políticos y religiosos que la sociedad mexicana ha experimentado en estos últimos siete años. Vale la pena hojearlo.

 
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