Usted está aquí: lunes 10 de marzo de 2008 Política Contaminación en los ríos Santiago y Atoyac

Iván Restrepo

Contaminación en los ríos Santiago y Atoyac

En reciente mesa de opinión en el Canal 2 de Televisa, el historiador Lorenzo Meyer recordó que hace 60 años don Daniel Cossío Villegas advertía sobre la carencia de cuadros para gobernar del que entonces era un incipiente partido de oposición, el PAN. Lo que sucede ahora al secretario Mouriño y a quien lo nombró da la razón a don Daniel y a otros analistas de la vida política del país. Acción Nacional hecho gobierno convirtió la administración pública en refugio de políticos y empresarios sin experiencia en el manejo de la cosa pública, pero duchos en hacer negocios. Dos ejemplos de negligencia.

Hace un mes murió en Guadalajara Miguel Ángel Rocha, de ocho años de edad. Dos semanas antes había caído a las aguas del río Santiago. El director del hospital donde atendieron al niño dijo que estaba intoxicado por consumir alguna droga. En realidad falleció por intoxicación aguda con arsénico. A regañadientes el gobernador de Jalisco y sus cercanos colaboradores responsables de los asuntos hidráulicos y de la salud reconocieron finalmente que la cuenca del Santiago es una de las más contaminadas del país. Lo es por desidia oficial y del sector empresarial. Al río van a dar los desechos que generan los 5 millones de habitantes de Guadalajara y su área metropolitana, así como los residuos tóxicos y peligrosos de numerosas industrias: desde la química y petroquímica hasta la textil y automotriz.

Los especialistas y la población que sufre directamente por el mal estado de la cuenca citada tienen lustros exigiendo a las instancias locales y federales medidas para evitar que el Santiago sea un basurero de alta peligrosidad para la gente y el medio ambiente, algo que se puede lograr si se cumplen las normas que ordenan tratar las aguas negras urbanas y las residuales de la industria.

Con motivo de las protestas que generó la muerte de Miguel Angel, los funcionarios prometieron remediar la situación. Recursos sobran para esa tarea, pues el gobernador ha apoyado millonariamente a telenovelas y gasta miles de pesos en viajar a Roma para entregar al Papa un nacimiento (cuyo costo ascendió a más de 700 mil pesos y hoy está arrumbado en alguna bodega vaticana). Igualmente ha regalado otro millón de pesos para restaurar la iglesia de Yahualica, pueblo donde nació Juan Sandoval Íñiguez, el cardenal que pastorea las almas del mandatario y sus cercanos colaboradores.

Los funcionarios prometen que ahora sí van a sanear el Santiago, cuyas aguas quieren destinarlas a surtir la ciudad de Guadalajara por medio de una presa muy cuestionada: Arcediano, obra innecesaria porque el abasto estaría garantizado si se capta y retiene el agua de lluvia, se evita perder por fugas 40 por ciento del líquido que lleva la red de conducción urbana, se cobra lo justo por el servicio (pagan más los pobres que los ricos) y se tratan y reusan las aguas negras.

El otro ejemplo es la cuenca del río Atoyac, que está muy contaminada por los desechos de la industria y las aguas negras de 3 millones de habitantes de Puebla y Tlaxcala. Como en Jalisco, aquí tampoco se cumple la ley que obliga a tener sistemas de tratamiento de aguas residuales. En Tlaxcala la corriente es en ciertos tramos color azul muerte por los residuos de las factorías que trabajan la mezclilla, lo que no impide que muchos campesinos usen ese líquido en la agricultura. En cuanto a la presa Valsequillo, alimentada por el Atoyac, registra una contaminación mucho más elevada y afecta ya los mantos freáticos de los que se abastecen los asentamientos humanos ubicados a su alrededor.

Varios estudios muestran el alto grado de deterioro del Atoyac y sus efectos nocivos en la salud pública y el ambiente. Los gobiernos de Tlaxcala y Puebla conocen esos estudios, los proyectos de ordenamiento de la cuenca y para sanear Valsequillo y convertirla en atractivo turístico y motor del desarrollo regional. Sin embargo, ni el góber precioso e intocable ni el de Tlaxcala toman cartas en el asunto. Además de negligentes, quizá estiman que limpiar al Atoyac y a Valsequillo compete a la Comisión Nacional del Agua, dirigida por un ex dirigente panista experto en promesas. Bien aprende el PAN y mejora los resabios del dinosaurio.

 
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