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Días que marcaron al mundo

El suicidio de Hitler y El asesinato que inició una guerra

Ericka Montaño Garfias

Ampliar la imagen Mussolini y Hitler en un desfile Mussolini y Hitler en un desfile

Principio y fin de las dos guerras mundiales que marcaron la primera mitad del siglo XX, con un total de 60 millones de muertos. Todo comenzó y terminó con un disparo: el primero, el 28 de junio de 1914 contra el archiduque Francisco Fernando; el segundo, el 30 de abril de 1945, con el que Adolfo Hitler se suicidó.

Ambos sucesos se encuentran en versiones dramatizadas realizadas por la BBC de Londres, en la tercera entrega de la serie de documentales en dvd Días que marcaron al mundo, que La Jornada pone a disposición de sus lectores, con un título diferente cada semana.

La primera parte de este documental es sobre el atentado contra el archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía. El asesinato fue resultado de una casualidad: el heredero al trono había sobrevivido horas antes a un primer ataque con un explosivo durante el recorrido que hizo por las calles de Sarajevo, en el que resultaron heridas 12 personas. Bosnia, en ese momento era parte del Imperio Austro-Húngaro, y desde Serbia llegaban ideas ultranacionalistas.

Tras el desfile, el archiduque, muy contrariado continuó con las actividades previstas para ese día, y después decidió visitar a los heridos en el hospital. Una vuelta de su vehículo en una calle equivocada lo colocó frente a frente con su asesino, Gavrilo Princip, quien encabezaba el grupo de seis ultranacionalistas serbios que horas antes había fallado en el primer atentado. Seis semanas después del disparo de una Browning calibre 22 comenzó la Primera Guerra Mundial.

La devastación sufrida por Alemania fue el terreno en el que se gestó y ganó adeptos el nacionalsocialismo de Adolfo Hitler, quien se mantuvo en el poder hasta el 30 de abril de 1945.

Una semana antes había anunciado que se suicidaría llegado el momento. El día en que se mató, junto con su esposa de dos días, Eva Braun, no quedaba nada de él: enfermo, pálido, sucio, con un temblor constante en la mano derecha. Un disparo en la sien puso fin al Tercer Reich, y meses después a la Segunda Guerra Mundial.

 
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