Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 30 de marzo de 2008 Num: 682

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De intelectuales,
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Entre la paranoia y el neoghetto

En 1991, Carlos Carrera tuvo a Rodrigo Plá como segundo asistente de dirección en el rodaje de La mujer de Benjamín; cinco años más adelante, el turno correspondió a Marcel Sisniega, cuando éste filmaba Libre de culpas (1996), en la que Plá fue primer asistente. En ese mismo año rodó Novia mía, su debut cortometrajista. Otro lustro después, en 2001, Plá sometió filmó su segundo cortometraje de ficción, titulado El ojo en la nuca, mismo que le redituó, entre otros, una mención especial en el Festival de La Habana , así como el Ariel de Plata al mejor cortometraje de ficción. En otro orden, y partiendo del hecho evidente de que en aquel trabajo se manifestó mucho más que la promesa de un largometrajista cumplidor, El ojo… significó para su realizador el compromiso de sostener sin merma el nivel de calidad mostrado.

Al igual que en los citados cortometrajes, Plá escribió el guión –ahora en compañía de Laura Santullo– de La Zona, que nominalmente será considerado como su primer largometraje, por más que Desierto adentro, filme del cual se habló sucintamente aquí hace una semana, haya sido cronológicamente previo en más de un orden.

ZONAS REALES

Hecha a un nivel de realización que claramente se distancia de recientes ejercicios fílmicos nacionales en los que todavía hay esto o aquello por deplorar, La Zona es un cinta que permite al espectador olvidarse de ediciones hechas con tijeras de pollero, fotografía de movimiento arbitrariamente deliberado y estorboso, música puesta ahí para mejor soslayar carencias dramáticas del guión, más otros baldamientos por el estilo, para que la atención se concentre en el tratamiento dado a una historia ríspida, de aristas cortantes, de manejo difícil, como es aquella que versa sobre un neoghetto afincado en una Ciudad de México que no necesita exhibir literalmente su nombre para saber que se trata de ella, si bien lo que ahí sucede posee, tristemente, la condición de necesaria universalidad para que Másdeuno, fuera de México, diga en su momento que se trata de los propios lares.


Rodrigo Plá

Concentrada como está la trama en los sucesos acaecidos dentro del refugio antipobres que una comunidad de pudientes se ha mandado hacer, para que ni ellos ni sus hijos sean molestados, ni siquiera por vía ocular, por todos aquellos que no nacieron ni fueron criados en bonito; concentrada, por lo tanto, en las diferencias de clase tan negadas por los diez mil discursos –oficiales y de los otros–, que en cierta academia, en la palestra política, el estudio social e incluso los ámbitos culturales han querido negarse para dar paso a eso que sólo algunos se empeñan en llamar democracia o igualdad; concentrada la trama, pues, en el enfrentamiento directo de los muchos jodidos contra los pocos adinerados paranoicos, que en virtud de la historia que se cuenta invierten papeles y resulta que hay un solo jodido en tierra de temerosos con dinero, La Zona es alegoría eficaz que refleja –no con la fuerza necesaria, según algunos--, lo que ya está sucediendo desde hace tiempo en el De Efe y otras urbes, y de lo cual recientemente un alcalde panista quiso poner en práctica, con bardas que marginen a la pelusa y eviten que ésta fastidie a los bienacidos de San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Esa verosimilitud bastaría para hacer de La Zona un filme relevante.

APÉNDICE TAPATÍO

Quede para más adelante hablar extensamente y de cada una de ellos en particular, acerca de los doce largometrajes mexicanos de ficción que compitieron en Guadalajara. De acuerdo con la percepción más socorrida y para decirlo brevemente ahora, la mitad se cargó hacia el lado plausible y la otra mitad más bien holló los terrenos de lo lamentable. Entre las primeras están la ganadora Desierto adentro, la antes premiada Lake Tahoe, la criticada por quienes siempre quieren diálogos banales Cuarenta días , la polémica y rechazada por un público que se sintió indigesto Más allá de mí, la osada aunque no muy bien realizada Aurora Boreal, y por último la deliciosa farsa en tono delirante Conozcan la cabeza de Juan Pérez. Entre las segundas se anotaron una increíble pifia melodramática del CCC titulada Cómo no te voy a querer, otro intento más bien fallido de Gabriel Retes llamado Arresto domiciliario, una calamidad sariñanesca más cuyo nombre es Enemigos íntimos, una cinta sin merecimiento alguno para estar en festivales nombrada All inclusive, un desengaño fílmico que se llama El viaje de Teo, y finalmente algo como un remake que no es remake, de la memorable Un mundo raro, cuyo título afirma que Es mejor que Gabriela no se muera.