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■ Después de seis años volverá a México para presentar una serie editorial sobre Cuba y AL

Hay que rescatar el pensamiento liberal latinoamericano: Hart

■ “Benito Juárez, Eloy Alfaro y Eliécer Gaytán, figuras esenciales para la época que vivimos”

■ El socialismo es como una aspiración, como el horizonte, expresa el ensayista a La Jornada

Gerardo Arreola (Corresponsal)

Ampliar la imagen Armando Hart Dávalos, en La Habana, durante la entrevista con La Jornada Armando Hart Dávalos, en La Habana, durante la entrevista con La Jornada Foto: Gerardo Arreola

La Habana, 3 de abril. En América Latina no existe el neoliberalismo, porque nunca hubo liberalismo, sostiene Armando Hart Dávalos, uno de los líderes históricos de la Revolución Cubana, polemista y fundador de dos ministerios clave en la isla: Educación y Cultura.

Con 77 años de edad, unido a Fidel Castro desde antes del asalto al Cuartel Moncada (1953), Hart explica cómo llegaron las ideas socialistas a la generación cubana que encabezó la revolución el siglo pasado, en una secuencia que va de Bolívar a Martí, la Revolución Mexicana y su Constitución de 1917, Zapata, la revolución bolchevique, Mella, Sandino y Cárdenas.

“Todo eso influía mucho en nosotros”, dice a La Jornada el veterano ensayista, quien vuelve a México, después de seis años de ausencia, para presentar un fondo editorial sobre historia y pensamiento de Cuba y América Latina.

Radicales, pero dentro de la ley

Hart dice que el liberalismo latinoamericano nació con la independencia de Haití, a finales del siglo XVIII, libertario y antiesclavista, pero Estados Unidos impidió su triunfo, mientras el liberalismo europeo surgió asociado a la propiedad privada, contra el orden feudal.

“Hay que rescatar el pensamiento liberal latinoamericano en oposición al liberalismo europeo”, señala Hart y cita a “tres figuras esenciales para la época en que estamos viviendo”: el mexicano Benito Juárez, el ecuatoriano Eloy Alfaro y el colombiano Eliécer Gaytán (quien cumplirá 60 años de muerto este 9 de abril, el día de la insurrección popular de 1948 conocida como El Bogotazo).

“Los tres eran figuras jurídicas”, añade el ahora director de la Oficina del Programa Martiano. “Tenían un pensamiento radical y al mismo tiempo consecuente, dentro de la ley”.

Con la herencia intelectual que tiene y la emergencia de gobiernos progresistas, “no hay una zona del mundo con mayor posibilidad para hacer una síntesis universal del pensamiento que América Latina”, considera Hart, protagonista en 1957 de una espectacular fuga de una prisión cubana.

Entre el 6 y el 12 de abril, Hart presentará en Monterrey y en Zacatecas el Proyecto Crónicas, de la Sociedad Cultural José Martí, que incluye una revista y cuatro volúmenes coeditados con Plaza y Valdés.

Líder operativo de la campaña de alfabetización de 1959, cuando era ministro de Educación, Hart dice que frente a la desviación estalinista que “deformó la expresión” marxismo-leninismo, se acoge a la vieja institución jurídica de aceptar la herencia “a beneficio de inventario” (es decir, sin asumir las deudas).

“Y el inventario –agrega el escritor– siempre lo hace un especialista, que puede ser Mariátegui, Gramsci, Mella, Rosa Luxemburgo, Fidel (...) Hacemos el inventario y entonces así asumo la herencia de Lenin”. En las conferencias, dice Hart, “procuro no decir marxismo-leninismo, sino pensamiento de Marx, de Engels, de Lenin y de todos los habidos y por haber.

“Para mí el socialismo es como una aspiración, es como el horizonte. A mí no me gusta decir: ha triunfado el socialismo. Ha triunfado la aspiración al socialismo. Porque el socialismo es mundial o no es socialismo. Hay que tenerlo como concepto, como aspiración. Y no hay nada más importante que una buena teoría.”

Primero la justicia, luego el arte

El nombramiento de Hart como ministro de Cultura en 1976 se considera aquí como el final simbólico del quinquenio gris, la primera mitad de los años 70, en la que rigió una política dogmática, homofóbica y represiva en el sector, aunque también es sabido que los efectos de esa línea se extendieron durante años.

El cambio de política, dice ahora Hart, se produjo porque “Martí decía que la justicia primero y el arte después. Yo dije: ha triunfado la justicia, adelante el arte. Me di cuenta que Fidel me había situado ahí para resolver los problemas y no para complicarlos. La clave de esa diferencia de política era comprender que la justicia es la primera categoría de la cultura”.

 
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