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■ En 2008 el país ha perdido 80 mil empleos al mes; es el peor resultado en cinco años

Pesimistas, 80% de estadunidenses: sondeo

David Brooks (Corresponsal)

Ampliar la imagen Bernice y Martin Luther King tercero (centro), hijos del reverendo asesinado hace 40 años, encabezaron este viernes una marcha en Memphis, Tennessee, con motivo del aniversario luctuoso. Defensores por los derechos, como Al Sharpton (segundo de izquierda a derecha), y cientos de personas se sumaron a la movilización Bernice y Martin Luther King tercero (centro), hijos del reverendo asesinado hace 40 años, encabezaron este viernes una marcha en Memphis, Tennessee, con motivo del aniversario luctuoso. Defensores por los derechos, como Al Sharpton (segundo de izquierda a derecha), y cientos de personas se sumaron a la movilización Foto: Reuters

Nueva York, 4 de abril. Con casi 80 mil empleos desapareciendo cada mes, un dramático deterioro financiero, el desplome de la confianza en el gobierno y una guerra que parece eterna, no resulta sorprendente que más de ocho de cada 10 estadunidenses opinen que el país avanza en dirección equivocada y preocupante.

Hoy la noticia oficial de que la economía perdió 80 mil empleos en marzo –tercer mes consecutivo en que se eleva la cifra– fue peor de lo que muchos analistas esperaban: el peor registrado en cinco años, y ahora la tasa de desocupación formal se elevó a 5.1 por ciento. No sólo eso, sino que los datos preliminares sobre pérdida de trabajos en enero y febrero fueron ajustadas para registrar la pérdida de 76 mil en cada uno, mucho más de lo calculado.

El informe oficial mensual de empleo es considerado como el indicador más importante sobre la economía, y hoy varios analistas y economistas afirmaron que eso comprueba que el país está en plena recesión. Esto no ha llegado al fondo. El propio presidente de la Reserva Federal (el banco central del país) advirtió esta semana que el mercado laboral seguirá debilitándose.

“Estamos en medio de la peor crisis financiera desde los años 30”, concluye el financiero George Soros en su nuevo libro, que fue presentado esta semana (The new paradigm for financial markets: the credit crisis of 2008 and what it means). “Estados Unidos –explica– enfrenta tanto una recesión como un éxodo del dólar. El declive en precios de vivienda, el peso de la deuda acumulada de los hogares, las pérdidas y la incertidumbre en el sistema bancario amenazan con empujar la economía a un deterioro autoreforzado.”

Las cosas ya estaban mal para casi todos menos para los más ricos, antes de todas estas noticias recientes. Hace un año el New York Times afirmó en un editorial que nunca desde 1920 “los ricos han sido más ricos que todos los demás”, y citando cifras oficiales calculó que el uno por ciento más rico de los estadunidenses recibió 21.8 por ciento del ingreso nacional –el porcentaje más grande desde 1929. El 10 por ciento más rico captó 48.5 por ciento del ingreso –algo sólo visto justo antes de la Gran Depresión. Para casi todos los demás no se ha registrado un incremento real en sus ingresos, comparado con los niveles de hace más de 30 años.

De hecho, ya se ven cosas que recuerdan algunas imágenes de la Gran Depresión: niveles cada vez más alarmantes de gente que no puede pagar sus deudas o que se declara en bancarrota, incluyendo las hipotecas para sus casas (algunos cálculos son de hasta 2 millones de familias que podrían perder sus hogares en esa crisis), más personas sin techo y más que padecen hambre.

Hace una semana se registró un número récord de estadunidenses que pronto estarán dependiendo de bonos federales para comer. Una proyección de la Oficina de Presupuesto del Congreso sugiere que unos 28 millones de personas estarán dependiendo de la asistencia federal sólo para comprar alimentos básicos –el nivel más alto desde que se inició este programa de asistencia, en los años 60.

Tal vez por eso resultan más contrastantes las imágenes de estos últimos días, cuando los ejecutivos de Wall Street y altos funcionarios del gobierno negociaban cuántos millones en asistencia pública se necesitaban para ayudar a rescatar bancos y casas bursátiles. Se acordó otorgar 30 mil millones en garantías de crédito federal a JP Morgan Chase para que tome control de Bear Stearns.

Al presentarse ante el comité bancario del Senado, Alan Schwartz, el ejecutivo en jefe de Bear Stearns, el banco de inversiones que sufrió un colapso total después de 85 años de vida y de sobrevivir a la Gran Depresión, no asumió ninguna responsabilidad en la implosión de su empresa. Sólo acusó a las condiciones negativas del mercado financiero. La simpatía que expresaron casi todos los integrantes del comité, como señaló Dana Milbank, del Washington Post, podría ser resultado de que han recibido más de 20 millones de dólares en contribuciones a sus campañas electorales de Wall Street. Sólo uno se atrevió a acusar que este apoyo con fondos públicos a esos bancos de inversión “es socialismo”. Schwartz sí tuvo que sacrificar su bono de fin de año, aunque su ingreso personal suma 141 millones en los últimos 5 años.

En parte por todo esto –además de la creciente desconfianza en el manejo del gobierno por ambos partidos y el ruido de trasfondo constante de la guerra en Irak–, no debe sorprender que 81 por ciento de estadunidenses opine que el país está avanzando en dirección equivocada o está seriamente “descarrilado”, según la encuesta del New York Times/CBS News, publicada hoy. Es el nivel más alto de insatisfacción con el manejo del país que se haya registrado en encuestas desde que se empezó a preguntar sobre esto, a principios de los 90.

Hoy es el 40 aniversario del asesinato del reverendo Martin Luther King Jr. Murió mientras visitaba Memphis para expresar su solidaridad con una huelga de trabajadores de limpieza y para subrayar que la lucha fundamental en Estados Unidos –ligada con la lucha por la igualdad racial– era por la justicia económica.

 
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