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Octavio Rodríguez Araujo

Fumar: razones para ampararse

Uno de los “brillantes” diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Víctor Hugo Círigo, declaró recientemente que los particulares que estamos en proceso de solicitar amparo contra la ley de protección a los no fumadores no tenemos oportunidad de lograrlo, y añadió muy orgulloso de sí mismo y de sus igualmente brillantes compañeros del cuerpo legislativo que no lograremos el amparo porque “la redacción aprobada en marzo pasado fue cuidada al detalle”. No conforme con su suplantación de los jueces que otorgan amparos, como burlándose de ellos y de su buen juicio, añadió que el gobierno de la ciudad –particularmente Leticia Bonifaz, consejera jurídica– coincide con ellos, con los asambleístas ahora felices de haber logrado una prohibición más entre las muchas que existen ya en la capital de la República.

Es probable que el diputado Círigo, uno de los perredistas más desacreditados en el país, se equivoque. Explicaré por qué: las prestigiadas revistas científicas Nature Genetics (2/4/08) y Nature (3/4/08) han publicado estudios sobre genética y tabaquismo. En uno, el doctor Kari Stefansson examinó a miles de fumadores y encontró receptores de nicotina en un área del cromosoma 15 que afectan cuánto se fuma. Hay indicios de que estos genes no sólo influyen sobre la cantidad de cigarrillos fumados, sino sobre la dependencia del tabaquismo. Es decir, hay una variante genética que causa la dependencia del tabaco y que es común en cerca de 40 por ciento de la población. Otro estudio, también genético y dirigido por el doctor Paul Brennan, llegó a conclusiones semejantes a las de Stefansson: las variantes en la región del cromosoma 15 afectan la adicción a la nicotina. “Aunque la relación entre la adicción a la nicotina, mayor tabaquismo y cáncer de pulmón parecía una explicación probable –señala Steven Reinberg en Healthday–, el equipo de Brennan rechazó esa hipótesis. ‘Tendimos a concluir que la relación no se debía principalmente a la adicción al tabaco’, dijo. El equipo de Brennan halló que la cantidad que fumaba alguien o por cuánto tiempo lo hacía no tenía efectos sobre el riesgo de cáncer de pulmón. Además, se hallaron variantes genéticas entre la gente que nunca había fumado.”

La doctora Laura Bierut, especialista en genética y tabaquismo de la Universidad de Washington, comentó que lo que esos estudios nos dicen es que la vulnerabilidad a fumar y qué tanto se fuma tiene una clara base biológica relacionada con la genética del fumador y no necesariamente escogida por él o ella bajo influencias sociales o meros caprichos de su albedrío.

Éste es el dato importante: si una persona fuma no es necesariamente porque de adolescente, como insisten muchos –entre éstos Manuel Mondragón y Kalb, secretario de Salud del Distrito Federal–, fue “enganchada” por malas influencias, sino porque en su cromosoma 15 tiene, sin haberlo escogido, una o dos variantes que la condicionan a fumar. Y este dato es importante porque justifica un amparo contra la controvertida ley antitabaco. Un juez deberá tomar en cuenta que una persona puede estar condicionada genéticamente a fumar y prohibírselo será ir en contra de su naturaleza, como si se prohibiera a alguien, alérgico o con gripe, estornudar en lugares cerrados porque diseminará los virus y bacterias que pueda tener. Como van las cosas, con este secretario de Salud y los diputados del Distrito Federal, no sorprendería que también se prohíba estornudar en lugares cerrados o en aquellos abiertos donde sea susceptible que el aire exhalado en la calle entre al interior de un restaurante.

Es tan ridícula la ley que aprobaron los “brillantes” diputados del DF, por iniciativa de un peón de Elba Esther Gordillo llamado Xiuh Tenorio (creador de la Fundación Mídete para adelgazar), que discurrieron que está prohibido fumar aun en espacios abiertos si están en paso obligado para los no fumadores (por ejemplo, un jardín interior de un restaurante después del cual está el baño) o si el humo de un fumador, por el viento que sople en cierta dirección, hace que penetre en el interior de un local (como si en la calle no hubiera humo y hasta excrementos secos que en pequeñas partículas, pero muchas, contiene el aire de la ciudad de México). En los restaurantes los no fumadores podrán respirar las toneladas de contaminación que flotan en el ambiente, pero no humo de cigarrillo en 10 segundos durante su camino al baño.

Se ha llegado a extremos tales como los del “notable” doctor Mondragón y Kalb, secretario de Salud de Ebrard, quien declaró que remitirá ante el juez cívico a los vendedores ambulantes que ofrezcan cigarrillos sueltos en los cruceros de la ciudad. ¿Y la libertad de comercio? ¿Acaso el médico Mondragón va a llevar también ante el juez cívico a los vendedores de tacos de canasta y otros alimentos callejeros preparados sin ninguna higiene que se venden en las calles y producen enfermedades gastrointestinales? O todos rabones o todos coludos, diría el filósofo. No. El enemigo es el cigarro y los que lo venden por unidades en las calles son peligrosísimos, porque “es una de las formas más fáciles para meter al vicio a los jóvenes”, expuso el “brillante” secretario; tan brillante como los diputados que hicieron la ley de supuesta protección a los no fumadores. Una ley que, en la autorizadísima opinión de la licenciada Bonifaz, consejera jurídica del Gobierno del Distrito Federal (así estarán los demás), es violada por estos comerciantes callejeros que venden cigarros al menudeo. Y como habrán de ser sorprendidos en flagrancia, dijo Mondragón, serán remitidos sin más ante el juez cívico. ¿Los demás comerciantes callejeros no violan ninguna ley? Sí, pero no importa. La única ley que importa es la ley de protección a los no fumadores.

Todas estas tonterías, y otras que no cito por razones de espacio, ameritan un amparo contra esta ley. Confío en que habrá por lo menos un juez que no se haya contagiado de esta nueva paranoia antitabaco.

 
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