Usted está aquí: viernes 2 de mayo de 2008 Cultura El universo de Gurrola, en un libro

El universo de Gurrola, en un libro

Carlos Paul

El mundo del creador escénico Juan José Gurrola siempre estuvo abierto. Nunca hubo bardas electrificadas que impidieran el paso. Sin embargo, para entrar había que esquivar diversos chispazos, algunos de rabia y otros de ingenio, apuntó la critica de teatro y periodista Alegría Martínez, autora del volumen Memorias Juan José Gurrola (Ediciones El Milagro-CNCA).

“Él se instaló sobre la contradicción permanente. Lo suyo fue la provocación, la irreverencia, la diversidad, y de ahí, una cauda de polémica que lo acompañó siempre. Su vida y su quehacer fueron marcados por el contraste.”

Para Alegría Martínez, Gurrola “fue el niño que Lorca describió en Así que pasen cinco años, ese pequeño y frágil fantasma que conversaba con una gatita herida, pero al mismo tiempo fue el que escandalizó a los catedráticos de la Universidad Nacional Autónoma de México con La prueba de la promesa, al ubicar sobre el escenario a Oscar Yoldi con los genitales al aire, hecho del que se vanagloriaba en su momento, y segundos después se jactaba de haber engañado a todos con una trusa color carne”.

Con un trabajo periodístico de 11 años, el libro de Martínez es de alguna manera una extensa entrevista realizada entre 1996 y 2007, con intermitencias.

Ráfagas de pensamiento

El libro da testimonio desde su infancia, “para desmitificar un poco a este ser humano catalogado como grosero, provocador y caótico, al que nada le importaba. Se habla luego sobre distintos momentos, de lo que va recordando, desde el movimiento Poesía en Voz Alta hasta cuando se realizó el montaje de Hamlet. Es un paseo por su vida, en el que por supuesto hay charcos y lagunas, porque al final de cuentas él mismo provocaba que intercedieran el azar y el caos”.

Aquí “se ven distintas caras de ése, quien creaba un personaje de sí mismo para poder navegar por el mundo y protegerse, pero también está el padre amoroso, el que agradece a la esposa y a la hija, el director que odia a esos actores superficiales o falsos, el que admira cierta dramaturgia, pero a la que le hace algunos agregados porque no dice lo que él quiere”.

Con imágenes de la fotógrafa Christa Cowrie, en esta extensa conversación, anotó Martínez, se respeta el lenguaje coloquial propio de él, “la forma en que se regodeaba en sus ráfagas de pensamiento, que de repente irrumpían en la plática sin conexión aparente, pero que en una lectura atenta pueden otorgar al lector signos de su personalidad múltiple”.

 
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