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■ Mexicanos, paquistaníes, guatemaltecos, chinos... exigen el cese de las deportaciones masivas

Miles de migrantes marchan en EU en defensa de sus derechos

■ Se movilizan para que unos 12 millones de indocumentados salgan “de las sombras a la luz”

■ Claman por una reforma migratoria en numerosas manifestaciones por casi todo el país

David Brooks (Corresponsal)

Ampliar la imagen Aspecto de la marcha en defensa de los derechos de los trabajadores migrantes, ayer en el centro de Los Ángeles Aspecto de la marcha en defensa de los derechos de los trabajadores migrantes, ayer en el centro de Los Ángeles Foto: Reuters

Nueva York, 1º de mayo. Miles de inmigrantes y sus defensores marcharon en ciudades de costa a costa para exigir un alto a las redadas y las deportaciones, el respeto a sus derechos humanos y una reforma migratoria para que unos 12 millones de indocumentados salgan “de las sombras a la luz”.

Aunque en números reducidos comparado con las masivas movilizaciones que sacudieron este país hace dos años con más de un millón de personas en las calles, y los cientos de miles del año pasado, se programaron más de 200 actos –marchas, manifestaciones y actos de protesta– en decenas de ciudades de este país, de acuerdo con organizadores de varias redes y coaliciones.

Decenas de miles en Los Ángeles, miles en Chicago y cientos en sitios más pequeños en estados desde Washington a Nueva Jersey y desde Florida a Texas, insistieron en el respeto a sus derechos y denunciaron las medidas antimigrantes en todo el país.

Diferentes banderas e idiomas, un solo mensaje

En Nueva York entre 5 mil y 10 mil participaron en una manifestación en Union Square seguida por una marcha por Broadway, donde un mosaico humano se expresó en varios idiomas, debajo de varias banderas y mantas, y diferentes consignas, pero con un solo mensaje de que “sí se puede” en la defensa de los derechos humanos. Aquí mexicanos con banderas tricolores se mezclaban con paquistaníes, guatemaltecos, chinos, palestinos, ecuatorianos, africanos, caribeños, filipinos, colombianos y más.

El mosaico también se expresaba políticamente, desde agrupaciones religiosas con cruces y nombres de iglesias a anarco-punks con una manta que declaraba “el gobierno es violencia” y “viva la anarquía”. Agrupaciones como una unión de vendedores ambulantes latinoamericanos, junto a representantes de sindicatos, entre ellos los del sector salud, transportistas, trabajadores municipales y magisterio, y también estudiantiles y otras más que sólo se identificaban como “Poetas en Nueva York” bajo una manta en la que se leía: “todos somos migrantes”.

Había música norteña de Las Pistoleras, agrupación que reside en Brooklyn, y de rap del grupo Rebeldiaz, había imágenes del Che y de la Virgen de Guadalupe, se ofrecían mil periódicos y panfletos de diversas agrupaciones “de izquierda”, y hasta anuncios de que la única solución para salvar el mundo es “dejar de comer carne”.

Impera el español, pero hay acentos de todas partes. Al marchar se escuchan coros como “Las luchas obreras/no tienen fronteras” o “Arriba, abajo/La migra al carajo”, pero también diversos ritmos de tambor, dos saxofonistas jugando a ofrecer un poco de jazz a las consignas, y una banda interpretaba una canción de fiesta italiana.

Estas escenas se repitieron, cada una con su color y acento local, por varias esquinas del país en el transcurso del día. A pesar de no repetir la gran escala de hace dos años, los líderes insisten en que tiene que mantenerse viva esta expresión de una demanda que no va a desaparecer y donde millones –aunque no salgan a las calles– están presentes en esta lucha.

Varios organizadores habían pronosticado desde hace tiempo que los actos de hoy serían mucho menos concurridos por una serie de factores, entre ellos el creciente clima de hostigamiento contra inmigrantes tanto por las autoridades como por agrupaciones antimigrantes. Cientos de medidas legislativas antimigrantes se han promovido a nivel estatal y local por todo el país –particularmente severas en lugares como Arizona y Georgia–, mientras que el gobierno federal realiza espectaculares redadas en las cuales cientos de trabajadores son detenidos en operaciones coordinadas, con el resultado de niños y familias abandonados, pero sobre todo sembrando temor en toda la comunidad inmigrante.

Además, la derrota de la reforma migratoria en el Congreso el año pasado y el hecho de que es un año electoral en el que la crisis económica es el tema principal, son señalados también como factores que han reducido la participación en estas movilizaciones. A la vez, las divisiones entre liderazgos y organizaciones que se multiplicaron después de la gran muestra de unidad inicial que se expresó en la enorme movilización de hace dos años tampoco se han superado.

El primero de mayo, que no se festeja en este país ni figura en los calendarios oficiales, se ha convertido en un día de trabajadores migrantes. De cierta manera, quienes han migrado desde todas las esquinas del mundo están rescatando la memoria de un día que nació en este país. Vale recordar que el movimiento por las ocho horas en que participaban los mártires de Chicago estaba conformado en gran medida por migrantes.

 
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