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■ Lizeth Arauz presenta la exposición Mirar hacia arriba en el DF y el puerto de Veracruz

Documenta fotógrafa la cotidianidad de las personas con enanismo

■ El mundo “normal” no sólo no piensa en ellos, sino que los relega y discrimina, deplora

Ángel Vargas

Ampliar la imagen Personas de baja estatura que trabajan como stripers, imagen incluida en la exposición de Lizeth Arauz. La fotógrafa explora las maneras de relacionarse con el entorno y la realidad de quienes padecen enanismo Personas de baja estatura que trabajan como stripers, imagen incluida en la exposición de Lizeth Arauz. La fotógrafa explora las maneras de relacionarse con el entorno y la realidad de quienes padecen enanismo

Al margen de su contenido estético, las imágenes que la fotógrafa Lizeth Arauz incluye en la muestra Mirar hacia arriba, presentada de forma paralela en la ciudad de México y el puerto de Veracruz, tienen como eje una profunda conciencia humana y social.

Lo anterior por tratarse de un revelador documento gráfico que da cuenta de la vida cotidiana y las maneras de relacionarse con el entorno y la realidad de las personas con acondroplasia, trastorno de tipo genético en el crecimiento óseo comúnmente conocido como enanismo.

“Este proyecto se inició con la idea de aproximarme a las personas de baja estatura, que se mantienen vulnerables e intentan día con día integrarse a una sociedad que no siempre desea recibirlos”, explica la creadora, quien se ha desempeñado como fotorreportera en diversos medios de circulación nacional.

“Más allá de la vida en el circo, en la plaza o la televisión, ¿qué hacen? ¿cómo viven? ¿cuáles son sus deseos y sus objetivos?, ¿cómo sobreviven en un mundo que los ignora e inclusive los rechaza?”

La autora explora e interpreta esas interrogantes en la media centena de fotografías que integran la exposición, la cual tiene detrás un trabajo de seis años, una profusa investigación documental y largos viajes por diversos puntos del país y el extranjero.

“La importancia de este trabajo es aportar el sentido del otro, entender el valor y la relación del espacio y de identidades diferentes, con la esencia del reconocimiento a los logros de adaptación que realizan los enanos en un entorno organizado y pensado para personas de estatura alta”, explica Lizeth Arauz en entrevista.

Para materializar este proyecto, con el cual se hizo acreedora al Premio de periodismo cultural Fernando Benítez en 2005, que espera en breve ampliarlo y concretarlo en forma de libro, Arauz recibió dos ocasiones apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

Uno de los aspectos que más le conmovió y sorprendió durante la realización de esta serie es la capacidad y el buen sentido del humor en la mayoría de los integrantes de este grupo marginal para adaptarse a un mundo que no sólo no piensa en ellos, aspecto que se refleja en elementos tan cotidianos como la falta de mobiliario y vestimenta apropiados, sino que incluso los relega y discrimina.

Más que crueldad, hay ignorancia

“La mayoría –prosigue Arauz– vive en condiciones precarias, en cuartos de alquiler, por lo que cada uno ha buscado la manera de obtener recursos extra con empleos informales”, y menciona el caso de un joven matrimonio, Angelina y Lalo, en el que él, además de ser vendedor ambulante, es integrante del grupo músico-taurino Los originales Enanitos Toreros, mientras ella participa portando una pesada botarga en una obra de teatro.

“Pertenecen a una minoría, según las estadísticas (uno de cada 20 mil bebés nacen con ese trastorno). Sus necesidades son tan grandes y prioritarias como la de cualquier otra persona, y las oportunidades de trabajo y de desarrollo son casi inexistentes. Son la gente pequeña. Saben que su mundo se teje lejos del de los altos.”

Desde payasitos, imitadores, toreros y cantantes hasta mecánicos, bailarines y strippers integran este universo de profesiones retratado por la lente de Lizeth Arauz, quien aclara que, para la realización de este trabajo, se impuso como reglas nunca hacer las tomas en picada, sino a nivel de los fotografiados; no utilizar lentes que deformen, como los angulares, ni hacer uso del flash.

Su mayor desafío, además de ganarse la confianza y la simpatía de sus fotografiados, fue pasar inadvertida para ellos, lo cual resultó muy complicado, ya que la mayoría, al tener un oficio relacionado con la escena, posaba al sentirse encuadrado.

“La relación que ‘la gente normal’ ha tenido con el enano, con la gente pequeña, no es fruto de la crueldad, sino de la ignorancia. Para que el prejuicio social que existe en contra de esta población termine es importante dar a conocer la realidad en la que viven. La percepción que tenemos del mundo cambia de acuerdo a los ojos con los que miramos”, concluye la artista.

Mirar hacia arriba se presenta desde el miércoles 16 de abril en el bar-galería Irreversible (Campeche 228, esquina Iztaccíhuatl, colonia Condesa), donde permanecerá dos meses.

En Veracruz, en tanto, comenzó a exhibirse el 18 de abril en la fototeca de esa ciudad (Portal de Miranda 9, Centro Histórico), donde estará abierta un mes, para luego itinerar a Jalapa y Chiapas.

 
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