Usted está aquí: domingo 11 de mayo de 2008 Opinión Titánica

Ángeles González Gamio
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Titánica

Así definió José Revueltas la pintura y la vida de David Alfaro Siqueiros, el sobresaliente artista que integró como pocos, vida y trabajo artístico con sus convicciones ideológicas. Éstas lo llevaron desde muy joven a tomar las armas en varias ocasiones: entre otras, perteneció al Ejército Constitucionalista y años más tarde se incorporó al Ejército Republicano español, en cuyas filas alcanzó el grado de teniente coronel; en el inter, participó en motines, revueltas y atentados, como el que llevó a cabo contra León Trotsky e increíblemente, en medio de todas estas aventuras, nunca dejó de pintar, tanto obra de caballete como mural.

Durante sus años preso en Lecumberri pintó decenas de cuadros, incluido un soberbio retrato de Alfonso Reyes que le solicitó el Colegio Nacional. Pasó un tiempo trabajando en Los Ángeles, Estados Unidos, de donde fue expulsado a Sudamérica, en donde realizó varios murales. En 1935 estuvo una temporada en Nueva York al frente de un taller experimental, en donde inventó varios de los materiales sintéticos con los que innovó las artes plásticas, técnica que enseñó, al igual que su particular estilo, a pintores como Jackson Pollock, dando origen a la llamada action painting, movimiento fundamental en los inicios del arte abstracto, en el que fue vanguardia la llamada “Escuela de Nueva York”.

En distintos momentos en México participó en la creación de talleres y escuelas, como el Centro Realista de Arte Moderno, el Taller de Ensaye de Pintura y Materiales Plásticos en el Instituto Politécnico Nacional y en 1965 estableció en Cuernavaca un taller de integración plástica, patrocinado por el industrial Manuel Suárez, quien le encargó la magna obra La marcha de la humanidad, para lo que se diseñó un polyforum, anexo al que iba a ser el gran Hotel de México, uno de los edificios más altos de la ciudad, que finalmente nunca fue concluido y actualmente aloja un centro de convenciones, entre otras cosas.

Por suerte el polyforum sí fue terminado e inaugurado por el presidente de la República en 1971 y continúa funcionando, dedicado a diversas actividades culturales; tiene un teatro y espacios para conferencias, convenciones, presentaciones de libros y demás, lo que lo mantiene vivo y le ayuda a su sostenimiento, ya que es una institución privada con una fundación, en donde ingresan los fondos provenientes de donaciones, patrocinios y aportaciones, que se manejan con total transparencia.

El Polyforum Cultural Siqueiros es en sí un museo, con los 12 paneles exteriores del edificio y los 2 mil 400 metros cuadrados de la pintura mural del interior, que constituyen una muestra única y excepcional del movimiento muralista mexicano, que se gestó en la década de los años 20 del siglo pasado. La sala principal es impactante, enorme, circular, toda cubierta con personajes en alto relieve que constituyen un mural-escultura, lo que destaca aún más la fuerza de la pintura de Siqueiros, que acertadamente Revueltas definió como titánica.

Otro de los atractivos del lugar es el bar Siqueiros, cuya dueña, Magdalena Rodríguez, mujer encantadora, cálida y eficaz, ha creado un pequeño paraíso para los que gustan de cantar. El acogedor sitio está decorado con excelentes caricaturas de personajes, dibujados por los Carreño, padre e hijo, ya saben, los que por décadas han ilustrado la portada de la revista Siempre. Un enorme piano que a la par funciona como barra preside el centro del salón, rodeado de mesas que permiten ver desde cualquier ángulo al aficionado que toma el micrófono y canta con gran inspiración las canciones de su corazón; frecuentemente sorprende la calidad de la interpretación.

Otra sorpresa es que se puede degustar un piscolabis riquísimo; Magdalena ofrece los tacos de sirloin más sabrosos que haya probado, acompañados de salsa de chile serrano, receta de la casa, picosísima y exquisita. Otra opción que no tiene pierde es el salmón ahumado, a la clásica, con panecillos y sus acompañamientos.

 
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