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■ Nunca se ha hablado tanto de comida y jamás el mundo comió peor, dice Carlo Petrini

Slow Food: alimentación, problema mundial; el espectro del hambre ronda a 50 naciones

■ Califica de “criminal” usar productos agrícolas para hacer biocombustibles y lamenta el caso de México

Afp

Barcelona, 11 de mayo. El italiano Carlo Petrini, presidente del movimiento Slow Food –que lucha contra los cultivos transgénicos y la comida rápida–, afirmó que la alimentación es uno de los “problemas capitales del planeta”, pues mientras más de 50 países viven de nuevo el “espectro del hambre”, otra parte de la población padece enfermedades “por su excesiva y mala alimentación”.

Calificó de “idea criminal” utilizar productos agrícolas para hacer biocombustibles y lamentó el caso de México, que de la herencia cultural de la siembra familiar de milpa, entró el mercado estadunidense con productos genéticamente modificados.

“Vivimos una esquizofrenia alimentaria; nunca se habló tanto de comida y jamás el mundo comió peor”, denunció Petrini, en la clausura de Biocultura, la feria española más importante de alimentación y cultivo alternativo. El fundador del movimiento en favor del respeto alimentario también apoyó una campaña de recolección de firmas contra la producción de transgénicos y advirtió sobre los problemas que causa la producción agrícola manipulada; y como ejemplos de los malos resultados de esa política se refirió a Argentina que, pese a abrir su campo a los organismos genéticamente modificados (OGM), padece escasez de alimentos.

Calificó de “idea criminal” utilizar productos agrícolas para hacer biocarburantes y se refirió al caso de México, donde desde hace miles de años funcionó con una pequeña economía agrícola de subsistencia, cuya base productiva era la milpa, la parcela de tierra.

Pero la economía agrícola estadunidense, reforzada con productos genéticamente modificados y subvencionada, entró en México: ese maíz terminó con la pequeña economía agrícola de subsistencia y los campesinos mexicanos tuvieron que ir a trabajar a California, donde los granjeros ven que pueden ganar mucho más dinero con ese maíz para biocarburantes que para hacer tortillas. Ahora México no tiene su agricultura y a la vez no puede competir con el maíz para el carburante, lamentó.

Del espacio agrícola mundial, el activista italiano subrayó que 65 por ciento está dedicado a producir alimento para animales y sólo 35 por ciento para el consumo humano.

“Se producen alimentos en el planeta para 12 mil millones de personas y somos 6 mil 300 millones. Unos 800 millones sufren hambre y mil 700 millones padecen enfermedades por una mala alimentación. Son las dos caras de una misma moneda”, dijo.

Al clausurar la feria de Biocultura, Petrini también advirtió sobre los riesgos que implican los OGM y la pérdida de biodiversidad, entre ellas, mencionó, la deforestación en algunos países latinoamericanos y puso a Argentina como ejemplo.

“Es increíble que (en Argentina) hayan cultivado trasgénicos para producir más y se encuentren ahora, por primera vez en su historia, sufriendo problemas de falta de alimentos”. También puso de ejemplo la “destrucción sistemática del patrimonio forestal” en Sudamérica “para favorecer una agricultura masificada”, que no afecta sólo el continente, sino al mundo en general. En Latinoamérica e Indonesia, en los últimos 10 años se ha deforestado una superficie similar a la de la India, denunció.

 
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