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■ Guerra de adjetivos entre representantes de PAN, PRD y PRI

Marcan comicios de 2009 el arranque del debate petrolero

Blanquiazules, amarillos y tricolores miden pasos y juicios en el día 1

Arturo Cano

Ampliar la imagen Beatriz Paredes, Carlos Elizondo, José Agustín Ortiz Piinchetti y Jorge Emilio González, durante el primer debate sobre la reforma energética, en el patio central de la Cámara de Senadores Beatriz Paredes, Carlos Elizondo, José Agustín Ortiz Piinchetti y Jorge Emilio González, durante el primer debate sobre la reforma energética, en el patio central de la Cámara de Senadores Foto: Francisco Olvera

¿Una urna en mi pozo petrolero? Al revés del viejo anuncio de la paraestatal, en el que Pemex se aparecía en el armario de un ciudadano común, ahora es la elección de 2009 la que se aparece, domina, marca el debate petrolero.

Germán Martínez, presidente del PAN, pelea con el ausente de Andrés Manuel López Obrador, pero sus dardos sobre los “falsos nacionalistas” alcanzan a varios de los presentes.

Cuauhtémoc Cárdenas dice sin dobleces que la iniciativa de Felipe Calderón viola la Constitución. Habla el michoacano en el turno de los presidentes de partidos nacionales, pero cuando lo cuestionan, dice que él está ahí a título personal, a pesar de que ayer demandó la integración del consejo político del PRD, con lo que retomaría una posición en su partido, luego de abandonar todas en 2004.

Beatriz Paredes se trepa a los andamios de la ambigüedad, con un discurso que busca dejar contentas, sin conseguirlo, a todas las vertientes del PRI.

Pemex o el pretexto

Se miden pasos y juicios, se lanzan torpedos y adjetivos. Pemex o un pretexto para adelantar la contienda electoral.

Abre fuego Cárdenas sobre el diagnóstico presentado por la secretaria de Energía, Georgina Kessel: “visión falaz”, “pretendidamente catastrófica”, “alarmista”.

Se centra el hijo del presidente de la expropiación petrolera en algunos puntos. Sobre el artículo cuarto de la iniciativa, que plantea la participación de terceros en la refinación, dice: “Abriría el paso franco para la violación de la Constitución”.

“¡Pero no se propone ninguna reforma constitucional!”, suelta en el público un asesor de los panistas.

A eso va Cárdenas: “No se propone reformar la Constitución. Simplemente, sin alterar su texto, se alienta y se está dispuesto a permitir su violación. Eso, planteado por el Ejecutivo y expresado por sus representantes en este foro, resulta más grave todavía que reformarla.”

La trampa, explica Cárdenas, está en el artículo 46 de la iniciativa de ley orgánica de Pemex, que plantea que la paraestatal podrá pagar a sus contratistas “según su desempeño” y otorgar “incentivos” si hay buenos resultados. “No son otra cosa que los contratos de riesgo prohibidos expresamente por nuestras leyes.”

En su réplica, Germán Martínez define lo que su partido entiende por “contratos de riesgo”: aquellos en que el contratante paga en especie, en este caso barriles de petróleo, los trabajos de exploración o explotación. Y, claro, cita el caso de Cuba, nuevo modelo de los panistas gracias al debate petrolero.

La “contraprestación”, dice el presidente del PAN, se pagará igual que se pagan los salarios de los trabajadores petroleros, y de ningún modo comprometiendo la renta petrolera.

El dirigente panista se sumerge en una explicación de por qué la iniciativa presidencial no toca los principios constitucionales, sólo para enseguida traer a cuento unas frases de Lázaro Cárdenas, de una iniciativa de 1940: “… no implica que la nación abandone la posibilidad de admitir la colaboración de la iniciativa privada”.

Martínez anuncia la entrega del texto del general a Lorenzo Meyer, sentado a su derecha, quizá para que, en su calidad de historiador, le encuentre alguna utilidad.

Reacio habitualmente a la ironía, Cárdenas no resiste y se imagina a los contratistas formando sus pipas para recibir su pago en barriles. Ya en serio, asegura que en 1938 “había efectivamente muchas carencias de carácter técnico y profesional en la industria petrolera”, lo cual llevó al general Cárdenas a plantear la participación privada. Para 1960, cuando ya Pemex había “desarrollado sus propias capacidades”, se aprobó la legislación vigente y se reservaron “de manera exclusiva a la nación” áreas que ahora quieren abrirse con el argumento de la falta de recursos.

Cárdenas se agarra de una cifra mencionada por Martínez: 85 mil millones de dólares durante los siguientes 20 años para salvar a Pemex. Saca cuentas: serían 4 mil 500 millones, “una cantidad accesible”, dice, para una empresa que en el año que corre generará 20 mil millones de billetes verdes.

“¿Se está pensando que esos 85 mil millones sean todos de Pidiregas de créditos que impongan una deuda a la nación?”, pregunta Cárdenas en el remate.

Pero Germán Martínez ya no responde sino con una formuleja sobre la necesaria modernización de Pemex y con un “reconocimiento” al “nacionalismo” de Cárdenas. Porque hay otros nacionalismos que no le merecen ninguno.

La otra privatización

“En México no es posible separar nacionalismo de petróleo”, dirá más tarde Lorenzo Meyer, quien revisa el concepto, delinea las fronteras de nuestra soberanía posible dada la vecindad con Estados Unidos y recuerda que quienes plantearon, con los mismos argumentos de hoy, entregar el petróleo a la iniciativa privada fueron los presidentes Manuel González y Porfirio Díaz.

Eso será en otro bloque, en el que habla José Agustín Ortiz Pinchetti, en nombre de López Obrador, y anuncia que el tabasqueño presentará una iniciativa, ya dibujada en su discurso del 18 de marzo.

En el mismo bloque en el que el académico Carlos Elizondo Mayer-Serra acusa a todos los políticos de confundir los medios con los fines, porque si éstos “exigen un cambio constitucional llevémoslo a cabo”.

Solitario Elizondo, porque la estrategia calderonista es justamente decir que todo se puede “dentro de la Constitución”, aunque todos sus adversarios vean sólo una privatización que se avergüenza de decir su nombre.

El gobierno no pretende privatizar Pemex, evoca Germán Martínez el juramento más repetido de la temporada.

Es más, sigue, el gobierno y el PAN van a defender a Pemex “de la verdadera amenaza privatizadora, de esa privatización política que algunos buscan para desestabilizar a la democracia mexicana y para conseguir lo que no obtuvieron en las urnas”.

Esa “privatización política busca cancelar de tajo la posibilidad de cualquier discusión racional”, dice Martínez, como si el debate al que asiste no fuese resultado de las acciones de quienes califica de “privatizadores”.

El “falso nacionalismo” de los “pontífices del petróleo”, sigue Martínez, hace que no les importe que México haya dejado de producir 472 mil barriles entre 2004 y el presente año: 4.5 veces el presupuesto del programa Oportunidades.

No hay más ruta que la inversión privada, machaca el PAN. Y más: sin reforma, sin dinero privado, Pemex podría seguir explorando y explotando nuevos yacimientos, pero el dinero que requiera para ello “tendría que restarse de los fondos que aporta a la inversión en infraestructura, a la inversión en seguridad pública o al gasto social”. Es decir, reforma o menos carreteras, más delincuencia, más pobres.

Pemex Fidelidad

Dueña de una solemnidad con más reveses que sus huipiles, Beatriz Paredes reitera la posición que ha fijado desde hace unos meses: el PRI no acepta nada que signifique privatizar o traspasar la renta petrolera.

La intervención de la lideresa priísta está llena de huecos, de frases generales y no expresa, así lo hacen saber en los pasillos legisladores de su partido, a todas las corrientes del PRI.

Queda claro, eso sí, aquello a lo que su partido dice no, aunque no sucede lo mismo con lo que propone. “No apoyaremos cambio alguno que signifique compartir la renta petrolera con empresas privadas, nacionales o extranjeras, ya sea por la vía directa o por los llamados ‘contratos de riesgo. Los planteamientos que hacen las iniciativas en materia de contratos son oscuros, confusos y se prestan a interpretaciones discrecionales.”

Algunos puntos del discurso de la priísta dejan ver quiénes llevan mano a la hora de las propuestas: “Los gobiernos de los estados, cuando sea pertinente, podrán participar en paraestatales locales de servicios”.

Naturalmente, se trata de una demanda de los gobernadores de “estados petroleros”. Ya puede imaginarse el lector el brillo en los ojos y el frotamiento de manos de algunos mandatarios: ¿Pemex contratará con una empresa llamada Pemex Fidelidad creada por el gobernador de Veracruz? ¿O en Tabasco surgirá Pemex Químico Granier?

Quedan 70 días para que México se entere de todo lo que siempre quiso saber sobre el petróleo, aunque era inútil preguntar. En las próximas semanas habremos de saber incluso cuántos litros hacen un barril de petróleo. Mientras tanto, en el primer día de debates, el crudo mexicano llega a 104.57 dólares por barril.

 
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