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■ Catarsis de gritos y baile en el Teatro de la Ciudad

Señor Coconut contagió su Fiebre amarilla en el DF

Juan José Olivares

Ampliar la imagen Señor Coconut con su instrumento Señor Coconut con su instrumento Foto: Itzel Valdés

Cha cha cha distorsionados, merengues surgidos de piezas pop, boleros down tempo y cumbias tecnovallenateras extendidas , bastaron para que el Señor Coconut y su conjunto provocaran una catarsis de gritos y baile a los asistentes capitalinos que llenaron anoche el Teatro de la Ciudad.

El combo (formado por alemanes, un brasileño y un venezolano, el cantante Argenis Brito) encabezado por Uve Schmidt regaló dos horas de música sabrosa, éxitos pop y electrónicos devenidos Frankensteins sonoros que llegaron hasta la médula de los capitalinos que nunca dejaron de aplaudir, gritar y bailar.

“A echar desmadre cabrón”, llamó el cantante venezolano del grupo, y de inmediato los asistentes se levantaron de sus asientos, incluso algunos tomaron a su pareja para mutar al teatro en salón de baile. Ni hablar, los alemanes hicieron bailar a los latinos con sus propios ritmos. Coconut dirigía con su laptop a los metales (trombón, trompeta y saxofón) al vibráfono, la marimba, el contrabajo y las percusiones, ecléctico combo que en cada acorde hacia retumbar el inmueble del Centro, que en pocas ocasiones luce tan lleno.

Cha cha cha y merengue

Los miembros de Kraftwerk, grupo de vanguardia, cuya contribución fue decisiva para el desarrollo de la música electrónica, nunca imaginaron que algunas de sus piezas se reinterpretaran a ritmo del cha cha cha, merengue y cumbia con un sonido limpio e impecable, armonizado por la laptop de Schmidt.

Música, pieza clásica de la Yelow Magic Orchestra, banda japonesa pionera del techno-pop y respuesta de Oriente a lo hecho por los germanos de Kraftwerk, se esparció a manera de un cha cha cha medio marciano, que hizo que los presentes movieran sus huesitos. Les sacó lo chambacuceros.

De hecho el reciente disco de Coconut, Fiebre amarilla, está basado en rolas de esta agrupación.

El combo del Señor Coconut parecía una orquesta de los años 40 interpretando canciones pop como Smooth operator (de Sade) o Beat it (de Michael Jackson), sonorizadas con beats lentos y cadenciosos incitados por los movimientos ídem de Argenis Brito, todo un showman enfundado en un elegante traje negro. Brito movía a la gente y a los músicos (“ahora un solo de laptop del Señor Coconut”, indicaba), y su voz en inglés, japonés y alemán se inmiscuía con la armonía del grupo.

Tour de France, una de las piezas más conocidas de Kraftwerk, fue acompañada a ritmo de merengue con la voz de Argenis y del invitado sopresa, Jorge González, fundador de la banda Los Prisioneros, quien ha colaborado con Coconut desde que éste arribó a Chile. La canción se prolongó cuando Uve Schmidt recetó una dosis de tecno tribal con su “instrumento”.

Antes se había escuchado We are the robots, surgida también del disco El baile alemán, de covers de las rolas más conocidas de Kraftwetk.

Con Showroom dummies, la cadencia se volvió droga para la audiencia que no dejaba de moverse. El contrabajo parecía desprender el arte decorativo del teatro, y la suavidad del metal del vibráfono y la madera de la marimba penetraban por cada orificio para despertar la libido. Realizaron su encore con otras rolas. Entre éstas el cover de los Doors, Riders on the storm y otra del disco que pronto editarán, Around the world.

La pieza que detonó la fiesta fue Music non stop (también de Kraftwerk), una cumbia eterna con sonidos distorsionados y filtrados, discurso sonoro de arraigo latino que ni el mismo santopadre de este ritmo, el colombiano Andrés Landero, hubiera alucinado. Sin duda, con esta tocada, el Señor Coconut y su conjunto, engancharon a muchos seguidores más.

 
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