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Editorial

Combate a la homofobia, compromiso ineludible

Hoy se celebra el Día Internacional contra la Homofobia, en conmemoración de la fecha en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de “enfermedades mentales”, en 1990, y se reconoció así el derecho de millones de personas a vivir su orientación sexual de manera libre, digna, al margen de la violencia y la discriminación. En la actualidad, sin embargo, en México, como en muchos otros países, la homofobia es flagelo vigente que agravia tanto a quienes la padecen como al conjunto de la sociedad.

Para poner el asunto en perspectiva, basta con señalar que nuestro país ocupa el segundo lugar en América Latina con respecto al número de crímenes por homofobia, y que entre 1995 y 2006, de acuerdo con datos de la Comisión Ciudadana de Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH), fueron asesinadas 420 personas debido a su orientación sexual. La cifra, de suyo alarmante, resulta conservadora si se toma en cuenta que, según estimaciones de diversos organismos, por cada caso reportado de estos delitos existen al menos tres más que no se denuncian. Al día de hoy, se calcula que en México ocurren cada mes alrededor de 15 homicidios de este tipo.

Esta circunstancia, aunque preocupante y vergonzosa, no resulta extraña en un contexto en que el denuesto contra quienes no asumen el rol de género dominante en la sociedad es una práctica cotidiana, aceptada e incluso alentada, lo que deriva en una especie de proscripción de facto de la homosexualidad. Las cifras así lo indican: a inicios de esta década, dos de cada tres mexicanos rechazaban compartir vivienda con homosexuales; y alrededor de una tercera parte de los integrantes de ese sector de la población afirmaban ser víctimas de burlas, humillaciones y violencia física o sicológica, la mayoría de las veces en entornos como el familiar, escolar o laboral.

Es innegable que se han dado avances en contra de la discriminación de las llamadas minorías sexuales y en favor del reconocimiento de sus derechos: la Ley de Sociedades en Convivencia, aprobada por el pleno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en noviembre de 2006, si bien no se constriñe a las parejas homosexuales, si da a éstas la posibilidad de que formalicen, por medio de un acto jurídico vinculante, su determinación de establecer “un hogar común con voluntad de permanencia y ayuda mutua”; el discurso oficial pugna por la no discriminación y en el mismo sentido apunta la instauración, por parte de la Cámara de Diputados, del 17 de mayo como Día Nacional de Lucha contra la Homofobia, secundada por el Gobierno del Distrito Federal desde el año pasado. Sin embargo, hacen falta acciones más concretas en el combate ese fenómeno social. En particular, es urgente que se cubran los vacíos existentes en la legislación mexicana, principalmente aquellos que profundizan la discriminación y contribuyen en alguna medida a que la violencia contra la disidencia sexual permanezca impune.

Cabe hacer votos porque las autoridades del país asuman un compromiso verdadero y ostensible con las garantías que deben gozar todos los mexicanos. De su lado, la población debe entender que el respeto a la diversidad sexual es indicador de una sociedad sana, progresista y comprometida con los derechos humanos, con la pluralidad humana y con la vida misma.

 
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