Usted está aquí: lunes 19 de mayo de 2008 Capital Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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■ Orquestan panistas otra campaña de presión

■ En la mira, descalificar el trabajo del GDF

Los siempre valientes diputados locales de Acción Nacional pidieron desde la tribuna de la tan funesta Asamblea Legislativa actual, mayor colaboración entre los gobiernos federal y de la ciudad de México, pero en lo que realmente están es en una nueva campaña de presión hacia el jefe de Gobierno electo limpiamente por la mayoría de los habitantes del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, para que, por fin, claudique en su postura de negar un acercamiento personal con Felipe Calderón.

Mediante ese llamado se trata de descalificar el trabajo que en conjunto se ha logrado entre las dos instancias de gobierno. Eso es innegable. Los ejemplos son muchos, pero basta con recordar que en el asesinato del cerebro antinarcotráfico sucedido apenas en esta ciudad, la Secretaría de Seguridad Pública local proporcionó todos los datos a la Procuraduría General de la República para que se fuera resolviendo el crimen, que tanta irritación causó en Los Pinos.

Los siguieron en el llamado de marras, los siempre serviles representantes populares de Nueva Izquierda, y quienes viven a sus expensas. Por eso el punto de acuerdo, que afortunadamente no es más que un llamado a misa, fue aprobado y desde allí se exhortó a Marcelo Ebrard a que ya se tome la foto con Felipe Calderón.

Qué fácil ¿no? Y es que una vez más se pretende tender una emboscada, ahora con el pretexto de la seguridad, la guerra perdida ante el narcotráfico, que tiene como una de sus demandas absurdas la militarización de las calles de la ciudad de México.

En pocas palabras, la intención es romper el sistema de organización que se ha implementado en el Distrito Federal para ir desmantelando a los organismos criminales que actúan aquí, y de esa manera impedir que la capital escape al rotundo fracaso del gobierno federal en todo el país.

Marcelo Ebrard no admite ser comparsa de Felipe Calderón porque su mandato proviene de la voluntad política de la mayoría de los habitantes de la ciudad de México, y no hay duda en esa elección. Si doblara las corvas para dejar pasar a quien detenta el poder por imposición, traicionaría a quienes lo eligieron, y perdería con ello su mayor capital político: la gente convencida de que en 2006 se le robó la esperanza del cambio verdadero.

El pretexto parece inmejorable. ¿Quién en su sano juicio podría contradecir o hacerse a un lado de la lucha en contra del crimen organizado? No obstante, si se pone atención en los esfuerzos del gobierno capitalino por hacer más segura la capital para sus habitantes, se tendrá que reconocer que los resultados son mejores que en otras partes del país, aunque no hablen de total y plena tranquilidad y paz.

Y entonces –la pregunta es obvia– ¿por qué volver a la cantaleta? Hay quien dice que la presión viene, también, desde las más altas esferas de la iniciativa privada, que teme que el gobierno de la ciudad siga escalando en popularidad y ponga en riesgo las estrategias políticas de la derecha.

Hasta ahora Marcelo Ebrard parece no haber escuchado ni el canto de la sirenas ni se ha doblado por las presiones, pero hay quienes apuestan a que la situación no puede durar mucho, aunque en otros ámbitos se asegura que Ebrard sabe, perfectamente, que cualquier alianza con la iniciativa privada o con la derecha estará condenada a la traición. Los ejemplos los tiene a la mano.

De cualquier forma, el jefe de Gobierno se nutre cada vez más del aliento que le proporcionan los habitantes del Distrito Federal, que por el momento no lo han dejado caer en tentación. ¡Qué bueno!

De pasadita

Durante varias horas de la mañana de ayer, un grupo de trabajadores se dio a la tarea de reponer la palmera de 108 años que fue retirada hace dos meses de una glorieta de la colonia Condesa. Fue necesaria la fuerza de una grúa para colocar un ejemplar más joven –44 años– de esa especie de árbol. Con música, aplausos y hasta gritos los vecinos le dieron la bienvenida, y otra vez la glorieta remozada, donde confluyen las calles Ámsterdam e Iztaccíhuatl, luce como a principios del siglo pasado.

 
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