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Nueva cara para la Torre Latinoamericana

Con muchos atractivos en su interior, el emblemático edificio es remozado en sus 45 pisos

Bertha Teresa Ramírez

Ampliar la imagen La Latino, en la esquina de Madero y Eje Central La Latino, en la esquina de Madero y Eje Central Foto: Francisco Olvera

La Torre Latinoamericana cumplió 52 años y entró a un proceso de remozamiento de sus 45 pisos para estar a tono con la nueva cara de calles y edificios del Centro Histórico. El emblemático rascacielos de la ciudad de México se había puesto “como viejito fuera de moda”, dice Flavio Abed, representante de la Secretaría de Turismo del gobierno capitalino, quien mencionó que el inmueble no podía quedar fuera del proyecto de recuperación de la zona.

El remozamiento ha devuelto fuerza y estilo al edificio, en el cual se funden pasado y presente. Se terminó de construir en 1956 y se levanta sobre un espacio que, en 1325, año en el que se fundó la Gran Tenochtitlán, era parte de la región más transparente del aire. Durante las excavaciones para su edificación se hallaron vestigios de lo que fue alguna vez el zoológico del emperador Moctezuma, donde conservaba las aves de las que artistas aztecas sacaban las plumas para los penachos, comenta.

Todos los acabados de edificio que ya estaban muy deteriorados se cambiaron. Por ejemplo, el piso donde está el restaurante se cambió por completo, se retiraron viejos ductos y baños y se aprovechó la estructura para poner una construcción de estilo minimalista, que “no tiene distracciones adentro, para que los visitantes aprecien la ciudad. Es independiente del mirador, el cual es uno de los sitios más visitados por los turistas”, comenta Rodrigo Amerlinck, representante de la compañía de seguros propietaria del edificio.

La fachada de toda la torre será remozada; “va a ser igual, pero nueva. Se cambiará todo el aluminio y los cristales”, dijo el entrevistado, quien comentó que la estructura de la Torre Latinoamericana pesa 25 mil toneladas y fue construida con el mismo acero con el que se edificó el famoso rascacielos Empire State, de Nueva York.

Orgulloso, comenta que la llamada Latino fue el primer edificio del mundo que tuvo fachada de cristal, “por ello no tiene muros, ni obstáculos, lo que hace muy fácil su renovación o modificar oficinas. Incluso se pueden habilitar departamentos habitacionales”, añade.

El ánimo para que el Centro Histórico recobre su esplendor invade a quienes nunca lo abandonaron, dice Amerlinck, quien señaló que tras los sismos de 1985 la torre, como todo el primer cuadro de la ciudad, vivió uno de sus momentos más dramáticos. El edificio se mantuvo incólume, pero muchos comerciantes comenzaron a abandonar la zona. “La torre quedó entre ruinas, mucha gente se fue a Reforma, a Santa Fe, a Insurgentes; los bancos se fueron del centro, pero la Latino resistió. Hoy tratamos de que se recupere, y creo que ha mejorado mucho, ya que la gente y los negocios regresan”, indicó.

Rememora que desde el piso 34, el 2 de octubre de 1968, “vimos mucha gente correr en Tlatelolco; oímos mucho ruido, muchos balazos, en las noticias no se decía nada, pero nos dábamos cuenta de que algo muy feo sucedía”.

La Latino también ha sido lugar para el romanticismo, comenta, al tiempo que se observa una impresionante vista nocturna de la ciudad en sus cuatro puntos cardinales. Recuerda que en los años sesenta muchas personas subían a festejar su romance. “Muchos venían con su novia, a festejar años de casados, a celebrar acontecimientos familiares o personales, y esperamos que esto perviva”, indicó.

Otro de los atractivos es el Museo sobre la Historia de la Ciudad de México, en el piso 38. Ahí se pueden apreciar representaciones de la ciudad que hallaron los españoles, acompañadas de relatos de Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortez, en los cuales comentan que “gente que había llegado con ellos no habían visto cosas tan bellas”.

Aquí estaba el zoológico de Moctezuma: “su casa de las fieras y su casa de las aves, de las cuales tomaban pieles para sus ornamentos. El penacho del emperador lo hicieron con quetzales que estaban aquí. Los caballeros águilas tomaron pieles de las fieras que vivían en ese sitio.

“Tras la Conquista aquí se ubicó el convento de San Francisco, de eso sólo queda la iglesia del mismo nombre, de donde salió la evangelización para toda América.

“Por aquí también pasaban todos los que entraban y salían de México, frente adonde ahora está el edificio pasó Francisco I. Madero, Porfirio Díaz, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza y Alvaro Obregón. Y aún ahora toda la historia sigue pasando por aquí”, expresa.

Para el encargado del edificio, la torre de 45 pisos sigue siendo un rascacielos emblemático de la ciudad de México: “hay como mil edificios más altos en todo el mundo, en China en Arabia, por mencionar algunos, pero alrededor de la Latino no hay ninguno más alto, tiene una vista única y espero que ya no habrá otro, pues en el centro ya no se pueden construir inmuebles tan elevados”.

Efectivamente, hacia los cuatro puntos cardinales se puede observar la ciudad en plenitud, sin nada que obstaculice la vista. Por la noche el espectáculo es mágico ante la enorme alfombra de luces que iluminan la gran urbe: el corazón de México.

 
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