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Gustavo Iruegas

Unasur

Esta semana se formalizará en Brasil la existencia de una nueva entidad internacional, la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), mediante la firma de una acta constitutiva. Se trata de un esfuerzo integracionista que eleva el nivel organizativo de la Comunidad Sudamericana de Naciones, con la creación de una secretaría general y una sede permanente. El secretario, Rodrigo Borja; la sede, Quito. Sus objetivos son la concertación y coordinación política y diplomática, la convergencia entre Mercosur, Comunidad Andina y Chile en una zona de libre comercio y la integración física, energética y de comunicaciones.

La unión está integrada por los 12 estados asentados en América del Sur: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Su estructura contempla las reuniones en la cumbre, las de ministros de Relaciones Exteriores, otras reuniones ministeriales y el Consejo de Delegados o Comisión Política. Existe una Comisión Estratégica de Reflexión sobre el Proceso de Integración Sudamericano. Los directivos de las organizaciones integracionistas en la región tendrán presencia en las reuniones políticas de la unión.

La reunión de Brasil se considera extraordinaria, porque se celebra ante la falta de la que no se realizó en Bogotá en enero de este mismo año porque el presidente Uribe la canceló y la sustituyó por una del nivel de cancilleres. Es de suponerse que el asunto del bombardeo colombiano a Sucumbíos, que ya dio lugar a la 25 reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OEA y se convirtió en el tema sustantivo de la 20 reunión en la cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo, estará presente en la cumbre de Unasur. Tres elementos informativos así lo sugieren. Uno es que el promotor de la reunión extraordinaria y fundacional es Brasil, que ha sido también el promotor principal de la idea de la Comunidad Sudamericana, primero, y Unasur ahora. Otro es que Brasil ha convocado también a la creación en esa misma reunión del Consejo Sudamericano de Defensa. Y el tercero es que la secretaria de Estado de Estados Unidos visitó Brasil en abril e hizo la desorbitada sugerencia de que los países de la región considerasen sus fronteras con más flexibilidad, pues la lucha contra el terrorismo exige operaciones como la de Sucumbíos. Sería una apreciación equivocada considerar la idea de las fronteras flexibles como un simple desvarío diplomático estadunidense; es toda una amenaza. Como entre los múltiples efectos del ataque está uno de beneficio inmediato para Colombia, que consiste en que los estados limítrofes automáticamente han reforzado la vigilancia de sus fronteras, los ministros de defensa sudamericanos tienen un gran tema en la agenda del nuevo consejo. La tercera cumbre de Unasur será verdaderamente importante.

México no está considerado en Unasur, sino en la desairada posición de observador. ¿Cómo ha sido esto posible?

Se diría que precisamente porque es una reunión de los estados sudamericanos, y México no está en Sudamérica. Cierto, pero simplón. La pregunta precisa sería: ¿por qué los países de Sudamérica se reúnen sin México? La dolorosa respuesta es que México optó por desvincularse de América Latina en busca del favor de Estados Unidos.

Cuando México firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) Brasil le exigió que concediera a los miembros de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) los beneficios que concedía a Estados Unidos, de acuerdo al compromiso del Tratado de Montevideo de 1980.(*) México se vio precisado a plantear su retiro de Aladi si se le exigía el cumplimiento del artículo 44. Se le permitió estar pero, como en otros foros –los no alineados, el Grupo de los 77 etcétera– perdió la confianza del tercer mundo, y especialmente de los latinoamericanos. Después, el presidente Fox asistió a una reunión en la cumbre del Mercosur con el propósito anunciado de firmar la adhesión de México a ese tratado. Fue rechazado, y admitido sólo como observador. Chile y Bolivia son miembros asociados.

La política del presidente Fox apuntó directamente a la integración de México a Estados Unidos. Ante el tajante rechazo que sufrió, se buscó atenuar la aspiración reduciéndola a la concertación de un tratado migratorio ampliamente comprensivo (en los dos sentidos del término: entender e incluir), que también fue declinado en el norte. El resultado final fue el muro en la frontera.

Ahora, la administración de facto se ha aplicado a elevar la oferta que hace a Estados Unidos para obtener su favor. La Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) tiene su más clara e inmediata expresión en la Iniciativa Mérida, que no es otra cosa que el Plan México, concebido a imagen y semejanza del Plan Colombia. Se entiende entonces por qué México no tiene lugar en Unasur.

Aun así, se debe saber que cuando México recupere su soberanía en plenitud, su carácter nacional y su vocación latinoamericanista, la opción de la región estará en una Organización de Estados Latinoamericanos incluyente, progresista y verdaderamente amante de la paz.

Esta es una tesis de política exterior del gobierno legítimo de México.

* Artículo 44. Las ventajas […] que los países miembros apliquen a productos originarios de o destinados a cualquier otro país […] serán inmediata e incondicionalmente extendidos a los restantes países miembros.

 
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