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Elena Poniatowska

Memorial del 68

Ampliar la imagen Presentación del catálogo Memorial del 68, realizada en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, acto al que asistieron algunos ex líderes estudiantiles, como Manuel Peimbert, Fausto Trejo, Leopoldo Ayala, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Myrthokleia González y Óscar Menéndez, entre otros Presentación del catálogo Memorial del 68, realizada en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, acto al que asistieron algunos ex líderes estudiantiles, como Manuel Peimbert, Fausto Trejo, Leopoldo Ayala, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, Myrthokleia González y Óscar Menéndez, entre otros Foto: Carlos Cisneros

El libro Memorial del 68 es el principio de la curación de una herida muy grande.

Memorial del 68 recoge las voces de 57 integrantes del movimiento estudiantil de 1968 y nos da un testimonio conmovedor por su veracidad.

Memorial del 68 es la historia personal de quienes vivieron el movimiento estudiantil.

Memorial del 68 es un balance en el que participan la Universidad Nacional Autónoma de México, la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal, el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, la editorial Turner de México. Escriben Álvaro Vásquez Mantecón, Juncia Avilés, Sergio Raúl Arroyo, Alejandro García Aguinaco, Roger Bartra, Alberto del Castillo, Ricardo Pérez Montfort, Greco Sotelo, Georges Roque, Cuauhtémoc Medina y Carlos Monsiváis.

Memorial del 68 duele porque registra, evidencia, acusa y muestra la ingenuidad e indefensión de jóvenes idealistas, como idealista era el gran José Revueltas quien fue la figura adulta más sobresaliente del movimiento estudiantil.

Memorial del 68 es un material muy valioso en el que debemos detenernos y del que nos tenemos que hacer responsables, porque expone prácticas del gobierno que todavía siguen vigentes. Es un documento sólido que da cuenta del autoritarismo. Por eso, también ayuda a analizar el presente de nuestro país, ya que muestra la irracionalidad del poder y de quienes lo ejercen.

Según Margarita Suzán, la manifestación del 27 de agosto de 1968 resultó una gloria, porque los muchachos lograron convertir las calles del centro en un nicho de libertades y una caja de resonancias de las consignas. Tomar la calle era una hazaña feliz, los estudiantes gritaban que querían cambiar la sociedad y codo con codo lograrían que todos los mexicanos tuvieran las mismas oportunidades. De ahí en adelante, la plancha del Zócalo pertenecería a los mexicanos más pobres. Los jóvenes querían darlo todo, su misión era entregar su vida, nunca habían sido tan felices, por eso la advertencia del filósofo Luis Villoro cayó como un balde de agua fría: “Están empezando a amenazar y la represión que viene es real. Uno se embriaga en los mítines y se embriaga en las asambleas y pierde piso y pierde el sentido de realidad y acaba siendo devorado por su propio delirio”. También Gerardo Estrada planteó que para algunos, particularmente para los maestros y los alumnos de Ciencias Políticas, la idea ya no era ganar, “sino cómo negociar una salida que permitiese el cumplimiento de ciertas demandas (…) La idea de que podía haber una represión que costaría vidas era muy clara para muchos. La pregunta era: ¿cómo hacemos para que esto no acabe en una represión sangrienta?”

Memorial del 68 consigna las voces de 10 mujeres: Marta Lamas, Lucy Castillo, Margarita Suzán, Myrthokleya González, Ana Ignacia Rodríguez La Nacha (quién estuvo en la cárcel), Elisa Ramírez, Ifigenia Martínez (a quien los soldados detuvieron el día que entraron a Ciudad Universitaria), Marcia Gutiérrez, Maria Teresa Juárez de Castillo, esposa de Heberto Castillo, que cuenta cómo Heberto escapó corriendo de su casa a unas cuadras de Ciudad Universitaria y pudo esconderse entre las rocas del pedregal de Santo Domingo y llegó a la Universidad donde lo cuidaron y lo protegieron los muchachos porque venía herido y estuvo a punto de que se le reventara el vientre.

Elisa Ramírez provenía de una familia de profesionistas. Hija del médico sicoanalista Santiago Ramírez, su participación fue muy notoria, al igual que la de Margarita Suzán, cuyos padres le legaron su amor al conocimiento. Ana Ignacia Rodríguez, Nacha, quién permaneció 2 años en la cárcel de mujeres, al lado de Adelita Castillejos y Roberta Avendaño, Tita, venía de provincia. Ser brigadista durante el movimiento era descubrirse a sí mismo y adquirir poder de convicción. Ver a los muchachos moverse y dirigirse a la gente en los mercados, en los autobuses, era alentador. Marta Lamas tenía coche y facha de niña decente y entretenía a la policía mientras su brigada pegaba la propaganda. Los muchachos actuaban con alegría, con ingenuidad y una vez –como lo cuenta Roberto Escudero– los del Politécnico entraron al teatro donde Pérez Prado tocaba mambo y se pusieron a bailar; cuando se retiraron Pérez Prado se echó el Mambo del Politécnico para rendirles homenaje. Según Marta Lamas, los estudiantes iban por la calle comiéndose al mundo y diciéndoles a los cuicos: “policía, escucha, tu hijo está en la lucha” y el “lucha, lucha, no dejes de luchar por un gobierno obrero, campesino y popular”.

1968 es el fin de una era, 1968 es el año de encontrar lugar en el mundo, 1968 es el bazucazo a la puerta histórica de San Ildefonso, 1968 es la conciencia de un México nuevo.

Memorial del 68 es un reconocimiento a Javier Barros Sierra. El 30 de julio, el rector iza la bandera a media asta por el bazucazo en San Ildefonso y declara: “Hoy es un día de luto para la Universidad; la autonomía está amenazada gravemente. Quiero expresar que la institución, a través de sus autoridades, maestros y estudiantes, manifiesta profunda pena por lo acontecido. La autonomía no es una idea abstracta, es un ejercicio responsable que debe ser respetable y respetado por todos”. El 1º de agosto encabeza la histórica marcha en defensa de la autonomía, que desde ese momento se conocerá como “la marcha del rector”.

La marcha del silencio, el 13 de septiembre, es única dentro de las manifestaciones del movimiento estudiantil. También es única dentro de la historia de los movimientos sociales.

Memorial del 68 muestra cómo el 18 de septiembre el Ejército entra a Ciudad Universitaria y detiene a 500 personas. El 23 de septiembre, Barros Sierra presenta su renuncia porque cree que “los problemas de los jóvenes sólo pueden resolverse por la vía de la educación, jamás por la fuerza, la violencia y la corrupción”. Ante la insistencia de varios universitarios regresa a Rectoría y el 30 de septiembre el Ejército sale de la Universidad. Barros Sierra le dio otra dimensión al movimiento estudiantil, lo hizo más grande, más incluyente. No se alió al presidente de la República ni a su gabinete, tomó partido por los estudiantes. Validaba al movimiento. Ahora sí, no sólo padres y maestros acompañaban a los jóvenes, también lo hacían hombres con la autoridad de Barros Sierra y de su sobrino, el astrofísico Manuel Peimbert Sierra.

El 1º de octubre el CNH (Consejo Nacional de Huelga) convoca a un mitin en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco para el día siguiente: 2 de octubre.

Memorial del 68 es un grito, el grito del cineasta Leobardo López Aretche, quien sería conocido como el Cuec y dejó filmadas muchas escenas de la barbarie.

Memorial del 68 es un antes y después de la masacre del 2 de octubre.

Después de que cayeron de un helicóptero las luces de bengala verdes que fueron la señal del inicio de la balacera, el maestro Fausto Trejo escapó guiado por un estudiante que lo levantó cuando se había tirado al suelo de la explanada frente al edificio Chihuahua: “Maestro, levántese, vámonos porque si lo ven lo matan”, y lo tomó del brazo. Caminaron unos 10 metros y una bala atravesó la cabeza del muchacho. “Esa bala era para mí”, asegura Fausto Trejo. Habrían de aprehenderlo más tarde y el interrogatorio de Miguel Nassar Haro duraría 18 horas. A Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca, la Agencia Federal de Seguridad lo torturó para después entregarlo a Nassar Haro y llevarlo a la cárcel de Lecumberri bañado en sangre. El espanto del 2 de octubre todavía permanece en la mente y en el corazón de Raúl Álvarez Garín, Gilberto Guevara Niebla, Roberto Escudero, Marcelino Perelló, Jesús Martín del Campo, Gerardo Estrada, Ignacia Rodriguez la Nacha y tantos más.

Hoy, los hijos y los nietos de quienes vivieron el 68 mantienen encendida la flama. No hay que olvidar para que no vuelva a suceder. Conocer nuestra historia nos ayuda a saber a donde ir. El régimen autoritario es ya inaceptable. Raúl Álvarez Garín dice que el movimiento estudiantil produjo un cambio de valores en miles de ciudadanos, y recuerda el miedo, los daños sicológicos, las depresiones, los pensamientos suicidas –como en el caso de Gilberto Guevara Niebla–, las enfermedades, paranoias, regresiones de muchos compañeros que fueron perseguidos, pero también pondera la experiencia colectiva que le dio a México y a los mexicanos más heroicos la posibilidad de ser mejores y lograr, como lo pidió Rosario Castellanos, que la justicia se siente entre nosotros. “No se puede gobernar al pueblo con procedimientos criminales” alega Raúl Álvarez Garín junto con su Comité del 68, que se ha dedicado a sacar cuentas y a pedir justicia durante estos recientes 40 años.

En Memorial del 68 sigue vigente, la verdad moral que hizo que José Revueltas calificara al movimiento estudiantil con todo y sus fallas, sus excesos y su heroísmo, como “un enloquecido movimiento de pureza”. El 68 nos hizo creer que otro México era posible, el México por el que luchamos ahora.

 
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