Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 25 de mayo de 2008 Num: 690

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Brito y Jiménez:
el rótulo del arte

RICARDO VENEGAS

Gritos de la noche
KLÍTOS KYROU

Realidades artificiales
y mentiras globales

JUAN MANUEL GARCÍA Entrevista con EDUARDO SUBIRATS

Introducción a Giacometti
YVES BONNEFOY

Alberto Giacometti
Carta a Pierre Matisse

El diálogo poético de Giacometti
MIGUEL ÁNGEL MUÑOZ

Dos poetas

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Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Dos poetas

Vida Normal

Paul Roth

Esta noche tu casa es la más oscura y estás solo con aquellos que desconoces. Piensas que oyes a los pájaros plañideros, amarillo-gris, construyendo nidos debajo de la duela con su silencio. Jamás habías pensando que viajar podía crear menos espacio entre tú y tú mismo. Pues tu mapa esta despedazado y es mejor confiar en que el fin de esta vida se parece más y más a un comienzo. ¿Aunque todos los lugares donde has estado parecían como ningún lugar, a dónde mas pudiste ir? No hay muchas historias que puedes contar para impresionar o repugnar, no hay platos con orillas de rubí llenos de dátiles frescos y esas semillas resbalosas que escupes en tu mano después de saludar a otro. Más probable, lo que oyes es la lluvia chorreando dentro de las paredes de piedra hasta hacer un remanso lo suficientemente grande para que un ratón pueda beber. Lo que escuchas es el viento y tu soledad silbando a través de esa mirada fija mientras una línea de vagones se encarrila en los niveles y avanza a tiempo en su horario de salida.

El viento

Dejas entrar al viento y él no es educado. Mismo, en tu insistencia por sentarlo, él deja caer macetas de las repisas llenas y tiene a los libros a la orilla del desastre, pelea su camino alrededor de una porcelana de Herend con diseño de mariposas, olfatea las conchas recogidas en vacaciones olvidadas, apaga las velas y en el humo se suspende disfrazado. Para conservar su fuerza lo ves adquiriendo forma humana, cuya hambre para el amor, desafortunadamente, lo hace sentirse aún peor. Además, ya no hay manera de volver a ser viento. Poco a poco se vuelve más y más manso y se caldea con el calor del horno, se asoma por las ventanas y se planta al fin a tus pies tal como el perro extraviado que hubiera sido mejor desde el principio. Hay muchos huérfanos así en el universo pero no todos se convierten en campeones. La mayoría de los vientos se agachan en los pasillos rellenos de muebles para oficina que han sido reducidos de tamaño como el arete de una adolescente o más, otros nunca salen, nunca envejecen y si lo hacen se ponen muy ancianos y quedan encadenados a sus propias camas llenas de sus propias heces o a sus televisiones para que las estadísticas no demuestren que sus suicidios podrían incrementarse mil veces. Sentados en una silla, sin un lugar a dónde ir, es precisamente el viento que se crispa en sus manos tratando de escapar de la piel arrugada a la que en algún tiempo él rogó arrodillado por permitirle entrar sólo una vez.

Paul Roth, estadunidense, es director desde 1976 de la revista de poesía The Bitter Oleander: A magazine of Contemporary International Poetry and Letters . Estos poemas fueron tomados de su libro Fields Below Zero.

El verdugo en casa

Carl Sandburg

¿En qué piensa el verdugo
cuando regresa a casa del trabajo?
¿Cuando se sienta con su esposa y
sus hijos para un cafecito y un
plato de huevos con jamón, le preguntan
a él si fue un buen día en el trabajo
y si todo le fue bien, o ellos
evaden ciertos temas y hablan sobre
el clima, el béisbol, la política
y las historietas
y las películas? ¿Ellos observan sus
manos cuando el agarra el café
o los huevos con jamón? ¿Si los pequeñitos
dicen “papi, quiero jugar al caballito, aquí
hay una soga” –él contesta como un chiste:
ya he visto demasiada soga hoy?
O su cara se ilumina como una
hoguera de alegría y él dice
es un mundo bello y feliz en que vivimos.
Y si la luna de cara blanca mira
a través de la ventana donde una bebita
duerme y los brillos de la luna se mezclan
con las orejas de la bebé y el pelo de la bebé –el verdugo–
¿cómo se comporta entonces? Debe ser fácil para él.
Cualquier cosa es fácil para un verdugo.
Supongo.

Niñita cuida lo que dices

 Cuida lo que dices
cuando tú quieras jugar con las palabras, a palabras
–porque las palabras están hechas de sílabas
y las sílabas, niña, están hechas de aire–
y el aire es tan fino –el aire es el aliento de Dios–
el aire es más fino que el fuego o la niebla
más fino que el agua o la luz lunar
más fino que la telaraña bajo la luna
más fino que las flores en el agua por la mañana:
y las palabras son tan fuertes también
más fuertes que las rocas o el hierro
más fuertes que las papas, el maíz, los peces, el ganado,
y suaves también, tan suaves como los huevos de las palomas,
suaves como la música de las alas del colibrí,
pues niñita, cuando saludes,
cuando cuentes chistes, pidas deseos o reces,
ten cuidado, no te cuides, cuídate,
sé lo que tú quieras ser.

Carl Sandburg (1878-1967). Poeta y musicólogo, ganador de dos premios Pulitzer, uno por su obra completa y otro por su biografía de Abraham Lincoln. Junto con narradores y poetas como Sherwood Anderson y Kenneth Fearing, fue uno de los pocos poetas que en las décadas de los veinte, treinta y cuarenta utilizaron como recurso estilístico las líneas largas de Whitman. Sus temas tratan sobre la vida cotidiana en Estados Unidos, sus granjas, ciudades grandes –sobre todo Chicago– y factorías. Representa la otra corriente en la poesía de los años veinte, muy cercana a algunas corrientes poéticas contemporáneas.

Versiones de Anthony Seidman y Estrella del Valle