Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de junio de 2008 Num: 691

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Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Legislar la cultura
VIANKA R. SANTANA

Teatro en Bogotá
JHON ALEXANDER RODRÍGUEZ

La (otra) selección alemana
ESTHER ANDRADI

Cartas a Hitler: historia epistolar de la infamia
RICARDO BADA

Adicciones y violencia
del siglo

RICARDO VENEGAS Entrevista con SANTIAGO GENOVÉS

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La Casa Sosegada
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La (otra) selección alemana

Esther Andradi

Escriben en alemán aunque son hijos de otras lenguas y culturas. Nacieron en Estambul, Tokio, Budapest, Teherán , Sofía o tal vez en Berlín o en la Selva Negra, pero en sus venas corre sangre kurda, espa ñ ola, turca, persa, húngara. Tienen nombres como Zsuzsa Bánk, Sherko Fatah, said , Emine Sevgi Özdamar, Yoko Tawada, Ilija Trojanow o José f.a. Oliver. Si algo los reúne es el idioma que han elegido para su literatura.

Desde hace por lo menos dos décadas, han aparecido en el horizonte de la literatura alemana autores de diversos orígenes; mientras la academia se quema las pestañas para definirlos a partir de la llamada literatura “nacional”, ellos fabulan con una vitalidad y frescura poco comunes en estas tierras. ¿Cómo catalogar lo que escriben? ¿Literatura de inmigrantes? ¿Intercultural? ¿ Multicultural? En 1985 se creó un premio para galardonarlos: el Adelbert von Chamisso, que la Fundación Bosch otorga desde entonces a escritores alemanes provenientes de otras lenguas, en homenaje al naturalista y poeta galo (París, 1781-1838) que vivió en Berlín, donde finalmente murió, y que escribió la mayor parte de su obra en alemán.

“Hace años dije que la literatura de los países centrales europeos iba a ser transformada desde la periferia. Desde la inmigración”, me comentó Juan Goytisolo a principios de los noventa, durante una de sus visitas a Berlín. “Los hechos me dieron la razón: el idioma francés ya está mediatizado por la literatura de los inmigrantes de origen árabe, y en Alemania se está consolidando la literatura de los turcos de la segunda generación.”

En efecto, el mismo fenómeno que en Francia cobró cuerpo en los ochenta, cuando los descendientes de las ex colonias, además de jugar bien al futbol (¡gloria, oh, Zidane!), comenzaron a escribir y a publicar en francés, se está reconociendo ahora en Alemania. El año pasado la mejor novela alemana elegida por la Feria del libro de Leipzig fue El coleccionista de mundos, del escritor Ilija Trojanow nacido en Bulgaria y que vive en Berlín.

“Cada vez estamos más cerca, pero sólo cuando la obra de algún escritor nacido fuera de Alemania o hijo de padres no alemanes sea consagrada con el Büchner, pues entonces habremos entrado definitivamente al canon”, asegura José f. a. Oliver. El poeta se refiere al Premio George Büchner, la distinción literaria más importante en lengua alemana que se otorga desde 1951, equivalente al Premio Cervantes en el idioma de Goethe. Oliver, nacido en la Selva Negra en 1961, hijo de trabajadores andaluces, ha sido catalogado por la crítica como uno de los mejores poetas alemanes contemporáneos. Con una docena de poemarios publicados y autor de la prestigiosa editorial Suhrkamp, este trovador moderno transformó la lírica alemana, recuperó la estética de la lengua popular al traducir sus libros al dialecto –allemanis– de la Selva Negra donde nació y vive, inventa palabras, escribe todos los nombres en minúscula, como ya lo habían hecho los concretistas, y su poesía se canta y se baila. “Dos mundos viven en mí –sintetiza el poeta–. Escribir en alemán sin ser alemán, ese es el tema. Me toca resistir [...] porque en mis versos y en mis sentimientos yo soy judío, turco, gitano y cholo.” Siempre mestizo.

En el marco del último Congreso Internacional del pen Club realizado en Berlín en mayo pasado, seis de estos autores y autoras fueron “presentados en sociedad” en una mesa redonda bajo el lema “Ah, pero ¿usted escribe en alemán?”. Allí hablaron de su relación con el idioma, de sus motivos, de sus pasiones, del viaje gramatical de una lengua a otra, y como cierre leyeron sus textos con todos los matices de una sinfonía.

Nada delataba su origen al oírlos: es literatura alemana. Y punto. Nada más ni nada menos. Pero al verlos, la huella de las sangres y otros soles y hemisferios marcan ciertos rasgos, los ojos, el tinte de la piel, la forma de moverse o gesticular. En algo sin embargo son nuevos, frescos y únicos; en su forma de abrazar el idioma, dirigir la mirada, moldear la escritura. Ya no se trata de excepciones sino de una verdadera corriente que renueva, transforma y enriquece la lengua de Goethe y Schiller derribando fronteras, demostrando que los inmigrantes son algo más que una estadística incidente –para mal o para bien– en lo económico y lo social: también han puesto sus pies en la fuente de la cultura y refrescan el alma en el agua del idioma.

Ilija Trojanow, por ejemplo, nació en Sofía y reside en Berlín; es dueño de una capacidad de fabulación y un estilo lúdico en la escritura como pocos. Su último libro Der Weltensammler, que se mantuvo en las listas de bestsellers durante el año pasado, es la historia del colonizador relatada desde la mirada del colonizado, en un claro diálogo con ese otro alemán que se llama Georg Christoph Lichtenberg, y que en uno de sus geniales aforismos escribió: “Cuando los aborígenes descubrieron a Colón, hicieron un amargo descubrimiento.”

“Cuando estoy como turista en Nueva York, me tratan como si fuera estadunidenese, en cambio en Hamburgo, donde vivo desde hace quince años, siempre soy extranjera”, reflexiona Yoko Tawada, talentosa japonesa que a los veintiún años eligió vivir en Alemania, y que escribe poesía, ensayo, novela y teatro, en alemán y japonés. Su última obra, Sancho Panza, fue estrenada en Barcelona por el grupo de teatro Lasenkan.

“¿Y a qué se debe esto? –le preguntan–. ¿Es que para los alemanes un extranjero siempre es extranjero?”. La respuesta no es fácil, los europeos en general, y los alemanes en particular, no se consideran países de inmigración, aunque desde hace casi cincuenta años tres generaciones de africanos, turcos, griegos, ex yugoslavos colorean y mestizan este país. Responde con una sonrisa Tawada, después de cavilar: “Para verlo positivamente, ¿ será que los alemanes son más curiosos que los estadunidenses? En todo caso prefieren preguntar para entender.”

piensa que yo también soy rosa

José f. a. Oliver

1
ya la rosa
blanca mi lienzo

abre el blanco
lienzo ventana

vuelve ventana
blanca a la noche

acoge la blanca
noche a mí Mond

cual fiebre fría
la luna luego

2
en ese azul sobrio
la mano en silencio

se vierte tranquilo
de labios el par

3
lunesa fue
tímido rostro oliváceo
soto sedoso
tu pelo

4
rosa azul
marinera en noche
lunesa hace arrugas
luna al regazo

yo entumbo aquí
el dolor

5
peinando los labios
bocas seguimos
y ahora las manos
sendas de pelo
en nuestros limpios
cuerpos sólo
enmustian lunesa y rosa

Versión de Miguel Saénz


Fotos tomadas de internet

May Ayim,
1960-1996

Hace doce a ñ os que May Ayim, una de las voces más impresionantes de la lírica contemporánea alemana decidió quitarse la vida, el 16 de agosto de 1996. Nacida en Hamburgo en 1960, hija de un africano ganés y una alemana, pasó su primer año de vida en un orfelinato y creció con una familia adoptiva alemana. Se diplomó como Pedagoga y viajó a Berlín donde residía desde 1984. Ensayista, poeta, activista política en la comunidad afroalemana, feminista. Sus poemas fueron publicados por primera vez en Showing our Colours. Afro-German Women speak out, ( en la traducción inglesa) libro testimonial que reunió historias de mujeres alemanas negras y dio origen a la Asociación Nacional Afroalemana. Sus poemas y ensayos fueron publicados en numerosas revistas y libros y recogidos en tres volúmenes . “ May Ayim sabe de lo que habla: una mujer con visiones” saludó la crítica la edición de obra ensayística con el título “Sin fronteras y sin verguenzas”.

asunto: solicitud

me llamo
así y asá
vengo de aquí y allá y
trabajo en ésto y aquéllo

adjunto
certificados
completos sobre blablabla

si tuviese aún preguntas
o acaso le
faltase algo
diríjase
a cualquiera
por favor
en ningún lugar

muchas gracias

informe

mi país
es hoy
el espacio entre
ayer y mañana
el silencio
delante y detrás
de las palabras
la vida
entre las sillas

libertad artística

 tomar todas las palabras en la boca
no importa de donde provengan
y dejarlas caer por todas partes
lo mismo da
a quien le toque

(de: blues in schwarz weiss, Orlanda Verlag 4ta Edición Berlín 2005)

Traducción: Esther Andradi


Foto tomada de: www.kubiss.de
De la lengua materna
a la madre de la lengua

Yoko Tawada

Durante mi primer año en Alemania dormía más de nueve horas diarias para recuperarme de las muchas impresiones. Cada jornada en la oficina era para mí una cadena de misteriosas escenas. Como cualquier otra que trabaje en un despacho, estaba rodeada de distinto material de oficina. De esta forma no me resultaba extraño mi nuevo entorno: un lápiz alemán apenas se diferenciaba de uno japonés. Sin embargo, ya no se llamaba enpitsu , sino Bleistift . La palabra Bleistift me daba la impresión de que me hallaba ante un nuevo objeto. Tenía una ligera sensación de vergüenza cuando lo llamaba por el nuevo nombre.

Era comparable a la sensación que me embargaba cuando tenía que llamar a una amiga casada por su nuevo apellido. Pronto me acostumbré a escribir con un lápiz –y ya no con un Enpitsu. Hasta entonces no había sido consciente de que la relación entre el lápiz y yo era una relación idiomática.

Un día escuché cómo una compañera insultaba a su lápiz: “¡Será idiota! ¡Está loco! ¡Hoy no quiere escribir!” Cada vez que le sacaba punta e intentaba escribir con él, se le rompía la mina. En la lengua japonesa no se puede personificar un lápiz de esta manera. Un lápiz no puede ser tonto ni puede estar loco. En Japón nunca he oído que una persona insulte a su lápiz como si éste fuera una persona.

A pesar de todo me parecía que el lápiz estaba vivo. Y además se me antojaba masculino, porque era el lápiz. En japonés todas las palabras son asexuales. Cierto es que pueden dividirse los sustantivos en diferentes grupos, pero nunca puede aplicarse el criterio masculino y femenino: existe, por ejemplo, un grupo de objetos planos o un grupo de los alargados y otro de los redondos. Casas, barcos y libros configuran cada uno un grupo propio. Existe naturalmente el grupo de las personas: hombres y mujeres pertenecen a él. Visto desde una perspectiva gramatical, ni siquiera un hombre es masculino en japonés.

El pequeño reino del escritorio se iba sexualizando poco a poco: el lápiz, el bolígrafo, el rotulador –las figuras masculinas yacían allí masculinamente y se erguían masculinamente cuando las tomaba con mi mano.

Había también un ser femenino sobre el escritorio: una máquina de escribir. Tenía un cuerpo ancho y tatuado, sobre el que se podían ver todas las letras del alfabeto. Cuando me sentaba delante de ella, tenía la sensación de que me ofrecía un idioma. Su ofrecimiento no cambiaba el hecho de que el alemán no fuera mi lengua materna, pero obtuve una nueva madre de la lengua.

A esta máquina femenina, que me regaló un idioma, la llamé madre de la lengua. Bien es verdad que sólo podía escribir los signos que ella de antemano llevaba por dentro y por encima, es decir, escribir no significaba para mí más que reproducirlos. Sin embargo, a través de ello pude ser adoptada por la nueva lengua. Naturalmente, eran cartas comerciales y no poemas lo que escribía en el despacho. A pesar de todo, sentía a menudo alegría al teclear. Cuando tecleaba un signo, aparecía enseguida erguido sobre el papel, negro sobre blanco y misterioso a la vez. Cuando se tiene una nueva madre de la lengua, se puede vivir una segunda infancia. En la infancia se toma la lengua en sentido literal. De ese modo, cada palabra cobra vida propia y se independiza de su significado dentro de una oración. Incluso existen palabras que están tan vivas, que inventan sus propias biografías cual figuras mitológicas.

Yoko Tawada nació en Tokio, Japón en 1960. Estudió Letras y desde 1982 reside en Alemania, primero en Hamburgo y, desde 2006, en Berlín. Escribe en alemán y japonés. En Alemania lleva publicados más de una veintena de libros, abordando diversos géneros, ensayo, poesía, narrativa, teatro y drama radiofónico. El texto está tomado del libro Talismán , 1996 .

Versión de María Eugenia de la Torre