Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de junio de 2008 Num: 691

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Legislar la cultura
VIANKA R. SANTANA

Teatro en Bogotá
JHON ALEXANDER RODRÍGUEZ

La (otra) selección alemana
ESTHER ANDRADI

Cartas a Hitler: historia epistolar de la infamia
RICARDO BADA

Adicciones y violencia
del siglo

RICARDO VENEGAS Entrevista con SANTIAGO GENOVÉS

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Columnas:
La Casa Sosegada
JAVIER SICILIA

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
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Cinexcusas
LUIS TOVAR

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MANUEL STEPHENS

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Javier Sicilia

El esclavo y el colono

La muerte de Aimé Cesaire me hizo no sólo volver a su obra, sino recordar a otro gran poeta, Saint-John Perse. El recuerdo no es arbitrario sino paradójico. Aunque los manuales de poesía colocan al segundo –pese a su nacimiento en la Isla de Guadalupe– dentro de la tradición francesa, y los obituarios celebran al primero como el poeta caribeño de la “negritud”, me parece que la realidad es la contraria. Cuando nos sumergimos en sus respectivas obras nos damos cuenta que Perse es, en su decir, mucho más caribeño, americano y negro que el propio Cesaire, tan blanco y francés como el mejor de los poetas parisinos. Pareciera como si por una especie de paradoja histórica, el hijo de colonos asentados en la Isla de Guadalupe y muerto lejos de ella, hubiese sido asimilado por la tradición negra defendida por Cesaire; mientras que el hijo de esclavos, que nació y murió en la Martinica, hubiese sido, en la rebelión ideológica de su discurso, asimilado por la colonización que combatía.

Aunque Cesaire es, junto con el senegalés Léopold Sédar Senghor y el guayanés Léon Gontran Damas, el creador de un movimiento estético llamado “negritud”; aunque promovió en París el primer Congreso de Escritores y Artistas Negros que concluyó con la creación de la revista Presencia Africana; aunque antes de Malcom x en relación con los derechos negros en EU, escribió esas dos joyas de la reivindicación de una identidad cultural y social de origen africano para el Caribe, Cuaderno de retorno al país natal y Discurso sobre el colonialismo –elogiado por su coterráneo Franz Fanon y por el Ché Guevara–, su decir siempre fue europeo. No podía ser de otra forma. Cesaire era negro, pero se formó en los discursos libertarios de los blancos de Occidente y de las vanguardias europeas que llegaron a través de las colonias al Caribe. La propia “negritud” –un término vanguardista–, aunque reivindica una cultura negada, se dice siempre con el europeísmo de las vanguardias y de los lenguajes que se desprendieron del marxismo. Nunca oímos en él el fraseo negro de los conteurs del Caribe –esos poetas que se reúnen en la noche alrededor de fogatas para narrar en un lenguaje caribeño el alma de un pueblo. Escuchamos, en cambio, al rebelde que usa un contenido occidental para reivindicar un ethos que perdió sus contornos. Más cerca de Mandela que de Gandhi, sus reivindicaciones rebeldes son siempre las de un colonizado.


Foto: cortesía de www.kalipedia.com

Con Perse sucede a la inversa. Este colono que, como diplomático se opuso al nazismo y al gobierno de Vichy, y que terminó en el exilio, nunca reivindicó ninguna lucha libertaria como poeta. Simplemente se expresó con un lenguaje que nadie, con excepción de un estudioso de la literatura comparada llamado Yoyo, ha sabido clasificar en Occidente. A diferencia de Cesaire, el decir poético de Perse, como bien lo demostró Yoyo –quien pasó horas grabando a les conteurs caribeños, transcribiéndolos y comparándolos con el poeta “francés”– viene de ellos. Tanto en Elogios –ese conjunto de poemas que expresan la experiencia de una infancia en el Caribe–, hasta Anabasis –esa epopeya que narra la emigración de un pueblo a través de los ojos del conquistador– no vemos en ellos al conquistador, sino al colono que, seducido por la cultura de un país nuevo, sucumbe fascinado hasta decirse con su propio lenguaje. Esclavo de sus esclavos, el hijo de colonos se ha vuelto uno de ellos y enamorado de su decir expresa la libertad y la presencia de un ethos. De ahí el asombro que provoca y la inclasificabilidad de su decir en términos occidentales. Anabasis no es un poema que habla de los negros del Caribe, es un poema absolutamente negro, un poema de aliento épico y universal en su particularidad caribeña, a la manera en que los son la Iliada para el mundo griego o el Cantar del mío Cid, para la tradición española. Pero la estirpe romántica del poema lo distingue de la verdadera épica: su tema no son los hechos del héroe, sino los cambios de su conciencia frente al asombro de lo diferente. No un regreso al país natal, sino la experiencia de su misterio asimilado.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.