Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 1 de junio de 2008 Num: 691

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Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Legislar la cultura
VIANKA R. SANTANA

Teatro en Bogotá
JHON ALEXANDER RODRÍGUEZ

La (otra) selección alemana
ESTHER ANDRADI

Cartas a Hitler: historia epistolar de la infamia
RICARDO BADA

Adicciones y violencia
del siglo

RICARDO VENEGAS Entrevista con SANTIAGO GENOVÉS

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Columnas:
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Adicciones y violencia del siglo

Ricardo Venegas
Entrevista con Santiago Genovés


Fotomontaje de Juan Gabriel Puga

Son los que tienen en vez de corazón
un perro enloquecido
Efraín Huerta

 Santiago Genovés (Ourense, España, 1923), se formó en el Instituto Escuela de Valencia, donde vivió la Guerra civil española. Es autor de diversos libros, monografías y folletos científicos como El mono inquisitivo. Convivencia y comportamiento humano (1973), Acali (1975), Evolución humana y violencia (2000), entre otros. Poseedor de premios como el Nacional de Ciencia (México, 1962), los Alfileres de la Orden de Malta ( eu , 1977), la Gran Orden del Mérito del Nilo (Egipto), entre otros, también es considerado uno de los hombres más sabios de nuestro país (y miembro del Consejo de Sabios de México). En esta entrevista, Genovés comparte su conocimiento sobre adicciones y violencia, dos temas ligados y vigentes en un mundo cada vez más complejo.

– ¿Cómo observa el fenómeno de las adicciones y su violencia implícita en el umbral de este siglo?

–Lorentz y Fromm afirmaban que la violencia está genéticamente determinada. Logré reunir a diecinueve personas, entre ellos un Premio Nobel, e hicimos la primera declaración sobre la violencia hecha en el planeta que tiene cinco puntos; primero: la violencia no está genéticamente determinada, segundo: no nos viene de nuestro pasado animal; tercero: en el proceso de la evolución no ha habido una selección mayor de comportamiento violento; cuatro: no la tenemos en el cerebro y, quinto: no es hereditaria. Esto ha sido ya aceptado y adoptado, que es más que admitido, por unas 150 sociedades científicas de todo el planeta y también por la unesco ; mientras se creía que está genéticamente determinada, es un avance creer que el mismo ser que inventó la guerra puede inventar la paz. Me estoy refiriendo a la violencia que creo que es a la que tú has aludido, que es la violencia generalizada e institucionalizada; es un producto cultural porque estamos todavía en los principios de la cultura. En Estados Unidos, uno de los países más avanzados, saltaron del primitivismo a la civilización sin pasar por la cultura. Nosotros pasamos del primitivismo a la cultura, todavía no estamos en la civilización. Hice una película con Gabriel Figueroa llamada Pax que trata el asunto. Está hecha con cuatro formas de hacer cine, otra con cine documental que pepené de muchas partes del mundo y también con cine de verdad, preguntando afuera de las universidades; le pregunté a un individuo en la Alameda Central: “¿Qué opina de esto?” Y contestó: “No, a mí no me gusta que me hagan preguntas.” Le dije que en aquél camión estaba Gabriel Figueroa y me dijo: “Entonces sí.” Le pregunté por qué las mujeres son inferiores y contestó: “No, para nada, las mujeres no son inferiores.” Cuando le dije: “Tenemos a mujeres como Cleopatra en el diccionario, pero el resto son puro hombre”, dijo: “El diccionario puede decir lo que le dé la gana.” Le contesté: “Yo soy antropólogo y sé que las mujeres son inferiores para muchos, ¿permitiría usted que una mujer le mandara? Dijo: “No, eso tampoco.” Ahí estaba la verdad que yo buscaba, hay que saber interrogar, en el concepto de los hombres las mujeres son inferiores.

– ¿Qué vínculos habría entre la violencia y la genética?

–Existe sólo una parte genética en nuestro comportamiento, pero la genética quiere ir más lejos diciendo que todo está basado en ella, lo cual no es cierto, ahí hay que ir a Ortega y Gasset con El hombre y su circunstancia. Tenemos muchos casos registrados por un austríaco con el que estuve trabajando una temporada en el sur de Austria; él había examinado 276 casos de gemelos univitelinos y en un caso uno era prácticamente un monje y el otro un criminal cualquiera; al investigar lo que encontró fue que el criminal había visto a su padre tratando de violar brutalmente a la criada de la casa y, aunque los gemelos iban de niños vestidos de forma idéntica en la misma escuela y con el mismo maestro, uno era muy diferente del otro: uno santo y otro criminal, eso no tiene nada que ver con la genética sino con la circunstancia. En lo que se refiere a las adicciones, sobre todo a las drogas, es porque tenemos todos una falta de aventura, que es uno de los factores fundamentales para que haya violencia: falta de aventura. Reunámonos nosotros cuatro o cinco y vamos a convertirnos en asaltantes; se va al hipódromo por la aventura, vivimos en un mundo ahíto de aventura. Si fuerais del df, hace 150 años venir a Cuernavaca era ya menuda aventura, no digamos a Nueva York o a París; llegamos a París (que la Universidad nos pague el viaje), son las mismas calles, se habla francés, son los mismos taxis, los mismos hoteles, los mismos elevadores y aparte de ciertas cosas de la cocina francesa, es la misma comida, ya no hay aventura; en cambio, hace 150 años ir en barco a París era toda una aventura; vivimos ahítos de aventura, al no tenerla, esa falta de aventura crea violencia como forma de identidad propia.

– De asentar el ser, citando a su amigo Ricardo Garibay...

–Eso por un lado, por otro, en este mundo sin aventura la droga produce aventura, nos vamos a un lugar, nos emborrachamos y ya nos creemos dioses que vamos a hacer muchas cosas, que vamos a ser famosos en medio de la aventura, salimos a la calle y somos unos pobres diablos, pero mientras bebemos inventamos la aventura.

–¿A qué le atribuye, además de esa falta de aventura, que se haya incrementado el consumo de drogas en este siglo?

–Creo que es la falta de identidad; es por lo mismo que se va al futbol, es el América contra el Necaxa o contra el Zacatepec, del Zacatepec no hay ninguno y tampoco del América, pero yo soy catalán y me voy a ver al Bercelona y grito por el Barcelona, aunque sean siete negros, un húngaro como muestra de identificación que todos necesitamos. Ahí nos damos de bofetadas: es falta de identidad, el futbol es una droga, como el campeonato mundial que vamos a tener todos los días, todas las noches y todas las madrugadas.