Usted está aquí: lunes 2 de junio de 2008 Opinión Ciudad Perdida

Ciudad Perdida

Miguel Ángel Velázquez
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■ AN ve como botín la Venustiano Carranza

■ Le sueltan millones para alcanzarlo

En la guerra por las delegaciones políticas del Distrito Federal, que oficialmente empezaría en octubre –aunque aún con baja intensidad, pero con mucha fuerza, ya se siente en buena parte del territorio de la capital–, los azules determinaron que además de Cuajimalpa, Venustiano Carranza será otro de los enclaves de su combate.

Eso sirvió, aseguran, para que de inmediato, y sólo para empezar, desde los bolsillos de dos familias de apellidos con mucho peso económico: Servitje y Slim, se pusieran a disposición de Mariana Gómez del Campo, sobrina de Felipe Calderón y presidenta impuesta en el PAN-DF, 64 millones de pesos, cantidad pequeña para el tamaño de la empresa a realizar, pero importante si se miran los tiempos políticos.

El affaire Santa Fe ya era bien conocido. Los panistas presuponen que en los nuevos conglomerados habitacionales, las clases medias altas que los habitan son necesariamente afines a los proyectos desnacionalizadores que ellos encabezan, y por tanto advierten en ese lugar una cantera de votos para la derecha que no podría ser superada por los de las poblaciones originales que quedaron atrapadas entre las monstruosas montañas de concreto y acero.

Tampoco puede darse como noticia lo que buscan desde hace tiempo con afán obsesivo: Coyoacán, donde hasta el perredismo percibe un desastre en la gestión actual, aunque aún se tiene confianza en que, pese al delegado, la gente de los pedregales no dará la espalda al PRD y la demarcación podrá ser rescatada.

Entonces, la novedad es Venustiano Carranza, bastión de los Arce –René Arce, Víctor Hugo Círigo y Ruth Zavaleta–, junto con Iztapalapa. Esa parte del oriente de la capital no parecería suscitar el ánimo político de los azules; sin embargo, les resulta tanto o más importante que Cuajimalpa.

Con muy pocas colonias a las que se les puede considerar de clase media, es decir, fuera del ámbito de interés de los panistas, Venustiano Carranza no ha logrado, desde su creación en 1970, mantener un ritmo de crecimiento acorde con las necesidades de sus habitantes. En casi la totalidad de sus 70 colonias campea la pobreza.

Es dueña de 25 por ciento de lo que se conoce como Centro Histórico de la ciudad de México, tal vez el porcentaje más empobrecido de toda esa zona, pero da cabida al Palacio Legislativo de San Lázaro y, ese es el punto, al Aeropuerto Internacional.

Ahí está el negocio. Dicen los azules que esa fue la llave mágica que abrió los bolsillos de Lorenzo Servitje y de uno de los hijos del magnate Carlos Slim, del que no precisaron el nombre. El aeropuerto, que por lo pronto no es controlado por las autoridades de la ciudad y podría ser privatizado, como casi la totalidad de los puertos aéreos del país, es el bocado al que aspiran las millonarias familias.

Pero además, y eso no hay que olvidarlo, por las calles y avenidas de esa delegación circulan los transportes en los que ingresa buena parte del contrabando que inunda a la ciudad, y a todo el país. No queremos decir que éste sea el interés de los mecenas que apoyan al panismo, pero el fenómeno allí está y deja millones y millones de dólares.

Lo malo, dicen los panistas, es la operadora: la señora Gómez del Campo, a quien se le dispensa una “confianza limitada”. Luego, la pregunta salta natural: ¿y el candidato? “Ese no importa, en el PAN los fabricamos”.

De pasadita

Es de no dar crédito, pero quienes lo cuentan aseguran que es verdad, que la senadora priísta María de los Ángeles Moreno tiene en ciernes un proyecto para crear un partido político local, con los restos del priísmo, y una oferta que corre por latitudes menos extremas que las del PAN o el PRD. ¿Será?

 
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