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■ La ley que lo despenaliza sitúa a México entre los países avanzados: Belausteguigoitia

Cada 8 minutos muere una mujer en el mundo a causa del aborto: Schiavon

■ La SCJN debe sustentar coherentemente sus prohibiciones: Álvaro Caso

■ El embrión no es un ser racional con los atributos que identifican a los sujetos morales: Joaquín Ocampo Martínez

La Suprema Corte de Justicia de la Nación continúa con las consultas tendientes a escuchar las distintas posiciones sobre la despenalización del aborto. Quizá uno de los mayores méritos de los ministros ha sido permitir que haya transcurrido un tiempo razonable desde la aprobación de las reformas en el Distrito Federal. A más de un año de distancia se han derrumbado mitos y se ha demostrado que nuestro país puede desarrollarse en paz existiendo espacios en los que se expresan a plenitud los derechos de las mujeres http://ciencias.jornada.com.mx

Para Marisa Belausteguigoitia, independientemente de los aspectos morales, la despenalización del aborto involucra un tema de salud pública por lo menos por tres razones: 1) las consecuencias en la salud de las mujeres por abortos mal practicados; 2) las consecuencias sicológicas en mujeres que no desean tener hijos y los deben tener, y 3) el hecho de que las mujeres con medios económicos pueden llevar a cabo interrupciones del embarazo sin riesgo alguno a diferencia de aquellas que son pobres y carecen de recursos.

La directora del programa Universitario de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en relación con la ley que revisa la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), señala que se trata de un acontecimiento importante, ya que la ciudadanía puede referirse a la ley como un evento que protege, aumenta la libertad y la autonomía de las mujeres. Por lo general la ley en México no existe para nadie que no tenga poder. Esta ley puede iniciar el cambio en el imaginario social sobre la justicia en México.

Con la propuesta de despenalización del aborto, añade, tenemos una ley con la capacidad de proteger especialmente a mujeres pobres, quienes desean interrumpir su embarazo y no pueden acudir a un médico particular, o a aquellas que pueden ser encarceladas; una ley cuyo centro es la justicia social. Se trata de una verdadera novedad, no por la existencia de la ley como promesa de justicia, sino porque ésta se dirige a las mujeres, y nuestro sistema de justicia se sitúa como uno de los más avanzados.

Filosofía y pacto social

El filósofo Álvaro Caso, en su intervención, plantea dos interrogantes: ¿Debe el Estado tener la facultad de regular las decisiones de las mujeres respecto de su embarazo? y, en caso afirmativo, ¿cuáles son las regulaciones deseables? Es importante enfatizar, señala, que independientemente de nuestros intereses y convicciones, la única forma en que el país saldrá beneficiado a la larga, es que la decisión de la Corte, cualquiera que resulte, sea producto de la deliberación racional informada y del diálogo entre facciones opuestas.

Un principio fundamental del derecho laico, explica el especialista egresado de la Universidad de Londres, es que el Estado no tiene la facultad de restringir la libertad de sus ciudadanos si no tiene razones para hacerlo. Por lo tanto, la exigencia mínima a la SCJN es que su decisión esté minuciosamente fundamentada. Si ha de prohibir el aborto, debe dar mejores razones de las esgrimidas hasta ahora; debe tener claridad en lo que se refiere a las definiciones de los términos involucrados como ser humano o persona. Si la Corte es incapaz de fundamentar coherentemente la prohibición de abortar, entonces debe declarar inconstitucionales los códigos penales que lo criminalizan porque, si prohíbe sin razones sólidas, con argumentos pobres basados en obviedades y en trampas argumentativas, violentaría el pacto social que la sustenta.

Crítica al preformacionismo

Para Vivette García Deister, maestra en filosofía, en términos generales el preformacionismo sostiene que la forma de un organismo se encuentra contenida en la célula a partir de la cual se origina, y desde el siglo XVII ha gozado de popularidad entre teólogos y creacionistas. Esta idea se encuentra claramente reproducida en el discurso de José Luis Soberanes (actual presidente de la CNDH), para quien el embrión contiene “el núcleo esencial de la vida humana, esto es, el conjunto de células sin las cuales no puede existir un ser humano”, y en Jorge Adame (miembro del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM), quien sostiene que “el cigoto tiene la capacidad de autoconstruirse, de ejecutar el programa de su ADN” y, más aún, que puede hacerlo fuera de la madre, ya que ésta constituye tan solo “el medio ambiente en el cual se desarrolla un cigoto” (o sea, que las mujeres no son más que incubadoras).

Para defender una amplia gama de preformacionismos, en la historia de la ciencia, añade la bióloga y profesora de la Facultad de Ciencias de la UNAM, se han invocado diversas entelequias. En los siglos XVII al XIX se trataba de diminutos hombrecillos contenidos en el óvulo o el espermatozoide, dependiendo de la corriente de pensamiento. En el siglo XX estos homúnculos fueron sustituidos por el ADN y se puso en marcha el determinismo genético, la creencia (equivocada) de que los genes determinan todas las características de los organismos. Se pretende convencer a la Suprema Corte que la noción de individuo a la que alude la Constitución es la que se ha construido mediante su embrollo preformacionista.

¿Es el embrión inocente?

Joaquín Ocampo Martínez, doctor en bioética, señala que una de las afirmaciones que más se han difundido es que la interrupción intencional del embarazo equivale al homicidio de un ser inocente. En general se define a la inocencia como un estado en el que un individuo está libre de culpa o de haber provocado un daño o un mal. Perjudicar o causar un daño a otros tiene implicaciones morales, éticas, jurídicas y sociales, y a quien incurre en ello se le califica de culpable, siempre que en el momento de causar el daño, se encuentre en uso de sus facultades, es decir, sea un sujeto moral. Es un sujeto moral quien posee al menos, autoconciencia, conciencia moral, responsabilidad moral y autonomía.

Es claro, entonces, indica el profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, que el embrión no es un sujeto moral, porque carece de todas estas características por dos razones obvias: por un lado, no dispone aún de estructuras neurofisiológicas con el desarrollo suficiente como para esperar de su parte, acciones voluntarias y conscientes y, por otro, que aún no ha entrado en contacto con un contexto sociocultural y, por ende, no ha establecido una red de relaciones sociales, desde las cuales pueda estructurar una moralidad.

El embrión es, pues, un ser amoral igual que las aves y las flores, puesto que no es un ser racional dotado de los atributos que identifican a los sujetos morales a quienes se les puede catalogar, en un momento dado, culpables por la comisión de un delito o inocentes por no haber incurrido en él, puntualizó.

Aborto y educación

“Es cierto que, como muchos han dicho, las mujeres tenemos la libertad de hacer con nuestro cuerpo lo que queramos; pero también es cierto que para ejercer esa libertad, lo ideal sería tener información suficiente”, afirma Mariana Pineda Dawe. El problema no es el aborto per se, sino todo lo que hay detrás de él: primero, el abuso y la explotación sexual; después, la desinformación que existe respecto de la prevención del embarazo.

El aborto no es únicamente para niñas o mujeres abusadas sexualmente o para adolescentes que satisfacen sus deseos naturales, hay también parejas bien establecidas que, o no están preparadas para formar una familia, o simplemente ya tienen la familia que querían. No siempre es resultado de la violencia, un error, producto de la inmadurez o de la ignorancia, muchas veces aún cuidándose, una mujer puede quedar embarazada y no desear tener un hijo.

“Lo que propongo –dice la estudiante de literatura de la Universidad Concorde de Canadá–, abarca educación sin fronteras, información verídica en la que no se involucren valores católicos. Sí, es nuestro cuerpo, pero qué caso tendría despenalizar el aborto sólo por buscar la salida fácil y por sentir la presión del progreso que en ciertos países de primer mundo se ha logrado. ¿Es acaso porque nos estamos quedando atrás? No es el aborto lo que nos hará un país mejor educado, sino la educación misma”, concluye.

En la literatura médica abundan las evidencias sólidas en relación con los efectos que las restricciones legales y la falta de acceso a servicios de aborto seguro tienen sobre la vida y la salud de las mujeres, afirma la doctora Raffaela Schiavon. Estos efectos incluyen: elevada mortalidad materna, morbilidad severa, complicaciones a corto y largo plazos, y costos excesivos que recaen sobre el sistema de salud y las mujeres mismas, generando situaciones de discriminación y de profunda inequidad social y de género.

La especialista en ginecología y obstetricia por la Universidad de Trieste, señala que una mujer muere cada ocho minutos en alguna parte del mundo por causas del aborto y de sus complicaciones: de acuerdo con los datos disponibles, lo más probable es que haya sido joven, con frecuencia niña o adolescente, sin el dinero que le permitiera el acceso a servicios seguros, sin seguridad social, residente de áreas rurales o marginadas, y sin el apoyo social para enfrentar ese embarazo no planeado o no deseado.

Precisó: “Pudo haber sido víctima de una violencia sexual, adentro o afuera de su relación de pareja o haberlo deseado ese embarazo en un principio y haber sido abandonada por su pareja después; pudo haber intentado cuidarse con un método anticonceptivo poco efectivo o usado de forma inconsistente, o simplemente no tuvo acceso a ninguna forma de prevención, por la falta de dinero, por el rechazo de un médico o de un hospital, por la deficiencia de un método, o por el miedo a los efectos secundarios que nadie le ayudó a resolver”.

Circunstancias difíciles

La directora de IPAS México, añade que esta mujer tomó, posiblemente sola, posiblemente tarde, con varias semanas de embarazo, una decisión difícil, importante, que le costó mucho trabajo aclarar a sí misma. Posiblemente intentó inducirse sola el aborto, sin éxito inicialmente, recurriendo después a una persona sin entrenamiento ni experiencia, o sin escrúpulos. Después, a la hora de presentar complicaciones, no pudo o no supo cómo ni con quién ni dónde acudir a tiempo para resolverlas, por medio de un procedimiento simple, en un hospital seguro. Tuvo miedo a pagar un dinero que no tenía, a ser expuesta en algo que la estigmatizaba tan profundamente, a ser denunciada, a que se enteraran sus padres, a tener que dejar solos a los otros hijos.

Ninguna ley que criminalice el aborto, en mayor o menor grado, puede prevenir o aliviar nada de lo que está arriba descrito, concluye.

Los textos íntegros de estas ponencias pueden leerse en http://ciencias.jornada.com.mx

 
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