Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 8 de junio de 2008 Num: 692

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Entre grulleros te veas
RICARDO GUZMÁN WOLFFER

Poesía trágica
TEÓFILO D. FRANGÓPOULOS

Un oficio que se aprende
EUGENIO FERNÁNDEZ VÁZQUEZ

Fichas para (des)ubicar a Heriberto Yépez
EVODIO ESCALANTE

Diálogo alrededor de Sergéi Esenin
ROBINSON QUINTERO OSSA Y JORGE BUSTAMANTE GARCÍA

Esculturas con Eros
RICARDO VENEGAS Entrevista con CARLOS CAMPOS CAMPOS

Leer

Columnas:
Mujeres Insumisas
ANGÉLICA ABELLEYRA

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Angélica Abelleyra

Ercilia Gómez Maqueo:
saber venderlo, no demerita al arte

Tiene una disposición natural para entender buena parte del mundo en un lenguaje numérico. Sabe contar y elaborar estrategias. Las matemáticas le parecieron desde niña una forma fantástica para jugar y explicarse fenómenos y, desde entonces, Ercilia Gómez Maqueo (DF, 1950) aplica su formación en economía y matemáticas en tratar de entender un mercado como el del arte, al que no lo rigen las reglas de la oferta y la demanda, como sucede en otros ámbitos. Y a fuerza de promover, divulgar y vender arte contemporáneo, como consultora impulsa la creación de colecciones artísticas de particulares, instituciones o corporaciones, y fomenta la instauración de fundaciones culturales en México, para que se alimente al sector de forma continua, efectiva.

Sus hermanos crecieron en áreas de la física, ingeniería y economía. Así que ese prejuicio generalizado sobre la aridez de las matemáticas no cabía en su lógica. Sin embargo, al cursar la carrera de Economía en la UNAM, los números no fueron estelares y tuvo que zambullirse en el estudio de corrientes filosóficas que la ayudaron a constituirse un pensamiento crítico.

La enriqueció esta formación, pero sentía haber aprendido algo nada práctico, hasta que hizo una maestría en Matemáticas que la ayudó a situarse en la vida laboral como asesora en la SECOFI. Tenía trabajo, aplicaba sus pasiones por la estadística y, sin embargo, se ponía “unas santas aburridas”, mismas que lograba minimizar con su interés en la promotoría cultural y la asistencia a un taller literario con Ethel Krauze. Esta incursión le abrió otros horizontes. Sintió que en la promoción cultural estaba su futuro, pero quería vivir de ella de manera profesional y restándole los prejuicios extendidos de que saber vender arte, un espectáculo o un producto cultural, “mancha” y desmerita la creación. Así, empezó de forma “infantil y rudimentaria” la promoción cultural… y perdía dinero. Lanzó por ende sus baterías hacia las fundaciones: un instrumento de apoyo financiero, organizacional y programático hacia el sector cultural que en los años ochenta apenas existía en nuestro país y que, cuando lo planteaba a corporaciones, la veían como “una loca” de la que se reían, pues en México el tema “no estaba ni en el vocabulario ni en el alma” de empresas e instituciones.

Luego de dos años y medio de batallar aquí con resultados endebles, se lanzó a eu , donde la instauración de fundaciones culturales era ya una práctica extendida. Viajó a Nueva York con su hijo Benjamín –entonces de seis años– para que le sirviera de intérprete. Su mira estaba puesta en la Fundación Rockefeller (FR) y, quizás por lo inverosímil de la situación (una señora sin hablar inglés y un niño que le decía a la funcionaria que su mamá quería ser su partner), Alberta Arthurs aceptó verla quince días después, en México.

Casi cinco lustros después se ríe de la situación y acepta que su arrojo sirvió para obtener una respuesta afirmativa de la directora cultural de la FR, lo cual daría inicio al Fideicomiso para la Cultura establecido entre FR, Bancomer y el CNCA. A partir de entonces nació también la Fundación Bancomer, de la cual Ercilia fue directora trece años, impulsando la formación de la colección del Banco, edición de libros y la celebración del Salón Bancomer. Con éste se difundió la producción de artistas contemporáneos y se promovió el coleccionismo corporativo y particular. Fue cuando puso a prueba sus conocimientos de economía ante un mercado del arte que le rompió los paradigmas del equilibrio de oferta y demanda, pues los cuadros más caros “se vendieron en dos minutos” mientras la obra de menos precio no interesaba.

Ha pasado mucho de aquella experiencia y ella sigue apasionada por “un mercado sin reglas” y ante el cual es recomendable buscar asesoría de especialistas a la hora de adquirir obra. Por lo pronto, continúa con su labor en la Fundación Cuervo, dirige el Festival del Agave y ofrece pláticas sobre el arte como inversión. Responsable de la coordinación del libro Hablando en plata (Landucci Editores, 2002), una de sus recientes tareas fue su participación en el volumen International Art Markets, que en julio aparecerá en Londres bajo el sello de Heather Bateman, Kogan Page Limited. Ella, junto con Patricia Bueno escriben el apartado La importancia del arte mexicano en el siglo xx, donde hacen un análisis del mercado regional junto con cuarenta autores de Asia, Europa, Oceanía, América del Norte y Latinoamérica sobre la situación en China, Irán, EU, Austria, Italia, Canadá, Alemania, Brasil, Argentina, Chile y otros países.