Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 15 de junio de 2008 Num: 693

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

El palimpsesto de
Marcel Schwob

ARTURO GÓMEZ-LAMADRID

Diálogos de utopía
MARCEL SCHWOB

Leer

Columnas:
Señales en el camino
MARCO ANTONIO CAMPOS

Las Rayas de la Cebra
VERÓNICA MURGUíA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

Corporal
MANUEL STEPHENS

El Mono de Alambre
NOÉ MORALES MUÑOZ

Cabezalcubo
JORGE MOCH

Mentiras Transparentes
FELIPE GARRIDO

Al Vuelo
ROGELIO GUEDEA


Directorio
Núm. anteriores
jsemanal@jornada.com.mx

 

Cine sin fronteras (I de II)

Del viernes 30 de mayo al domingo 8 de junio, la colombiana cuidad de Medellín fue testigo de la celebración del Festival Internacional de Cine Sin Fronteras, conformado por una programación de treinta y cinco largometrajes más dos cortometrajes de ficción, así como por veinticinco actividades académicas, fundamentalmente conferencias.

A diferencia de lo habitual, Sin Fronteras carece del carácter competitivo que signa los quehaceres de casi todos los festivales cinematográficos. Aquí el propósito consiste sobre todo en difundir masivamente ese tipo de cine al cual –así en Colombia como en México y en cualquier otro punto del planeta-- se tiene poco acceso, en virtud de los atributos no comerciales que lo definen y que, como es bien sabido, lo alejan del interés de quienes distribuyen y exhiben, lo mismo que del conocimiento de quienes, en consecuencia, como público lo conocen poco y mal, y que acaban juzgándolo de acuerdo con parámetros del todo inadecuados, es decir, con los que suelen emplearse en la apreciación del otro cine, aquel cuyos dos únicos cometidos consisten –primero visto con los ojos de quien lo comercializa– en la obtención de ganancias económicas, y luego –desde la pupila morigerada de un espectador pleno de pasividad-- en brindar puro, simple y romo entretenimiento.

Lo que se vio en Sin Fronteras va por completo a contrapelo de dichos cometidos. Considérese, para empezar, que al festival se le dotó de un eje temático único –la infancia–, a partir del cual se hizo la selección. Aunado a ello, una de las condiciones necesarias para que determinado filme formara parte de la programación fue que antes no hubiera sido exhibido públicamente en Colombia. Más relajación hubo en cuanto a la edad de las películas, de tal modo que tuvieron cabida lo mismo producciones recientes –dos de ellas hechas este mismo año, siete de 2007, otras tantas de 2006–, que filmes de 2005, 2004, 2003, 2002 e incluso uno hecho en 2000. Empero, tal eclecticismo cronológico queda salvo gracias al hecho, ya referido, de que se trató de cintas no exhibidas con anterioridad en estos pagos. Añádase el acierto de haber conformado una selección de amplio espectro en cuanto a la procedencia de los filmes, así como una ausencia total de chovinismo nacionalista: una sola película colombiana –el estreno de Los últimos malos días de Guillermino (Gloria Nancy Monsalve, 2008)–, acompañando a un trío de alemanas, otro de francesas, otro de mexicanas, un par estadunidense, otro par japonés, otro brasileño, más la iraní, la serbia, la cubana, la italiana, la argentina, la griega, la finlandesa, la belga, la sudafricana…


Escena de
Inocencia de Lucile Hadzihalilovic, Francia

Otrosí: dicho con reservas, salvo el Oliver Twist que Roman Polanski filmara hace tres años, más Los niños de nadie (2005), la conocida coproducción dirigida a varias manos entre Spike Lee, Emir Kusturika, Ridley Scott, John Woo y varios otros, y acaso Persépolis (Francia/Estados Unidos, 2007), codirigida por Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, cuyo estreno en México acaba de efectuarse, ninguno de los otros treinta y tres filmes puede ser señalado, como es frecuente en festivales cinematográficos, por tener un pie o más, metido en terrenos que le pertenecen al ámbito comercial y que los hacen sospechosos de no merecer estar ahí donde alguien decidió ponerlos.

La recepción que el público en general dio a treinta y cuatro de los treinta y cinco filmes fue signada por la polimorfa y a veces inexplicable –pero siempre la más importante, por supuesto más que la de cualquier crítico– capacidad que dicho público tiene para generar consensos y disensos, aplausos y cuchufletas. A Sin Fronteras le fue bien: ninguna de las últimas, bastantes de los penúltimos, pocos de los anteriores a éstos y un casi coro que aprobó lo seleccionado. El matiz, ese sí previsible, tuvo lugar por ejemplo durante una conferencia impartida por Víctor Gaviria –director de La vendedora de rosas , entre otros–: una señora de edad le recriminaba, como si Gaviria hubiera sido el responsable, que todas las películas fueran “pesimistas” y sólo reflejaban problemas y situaciones duras de aceptar, y que si acaso no había en cambio otras que dijeran “cosas buenas”, porque era “necesario equilibrar”.

DE CHILE, DULCE Y MANTECA

De México fueron incluidas dos producciones de 2007 y una de este año: respectivamente, Dos abrazos de Enrique Begné y Malos hábitos de Simón Bross, así como Más que a nada en el mundo de Andrés León Becker y Javier Solar, todas ellas previamente abordadas en este espacio.

(Continuará)