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■ Hasta el 29 de junio, muestra de películas del comediante en la Cineteca Nacional

La risa es el sonido más hermoso del mundo, decía Harold Lloyd

■ Una fundación encabezada por su nieta prepara redición y remasterización de diversas cintas

■ “Era más prolífico y simpático que Chaplin y Keaton”; ha influido en actores como Jim Carrey

Juan José Olivares

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Ampliar la imagen En las imágenes, escenas de las cintas Safety Last!, Never Weakend y The Kid Brother En las imágenes, escenas de las cintas Safety Last!, Never Weakend y The Kid Brother

La risa no sólo es un lenguaje universal: es el sonido más hermoso del mundo, solía decir el estadunidense Harold Lloyd, uno de los mejores y más queridos comediantes de la historia del cine, “más simpático que Buster Keaton y más prolífico que Charles Chaplin”. De hecho, produjo más cintas que estos dos astros juntos.

Su personaje más conocido es el hombre de gafas redondas, valeroso, quien gracias a su buena voluntad podía conseguir todo, incluso trepar a los edificios como hombre mosca.

La Cineteca Nacional, en colaboración con la Fundación Harold Lloyd, organiza un ciclo con algunas de las cintas más representativas en que Lloyd participó y que produjo. La muestra, integrada por 11 películas –de las cuales cuatro estarán acompañadas de piano en vivo, a cargo de Deborah Silberer–, se llevará a cabo a partir de hoy y hasta el 29 de junio en la sala 2.

Al rescate de Harold

“Harold Lloyd es más importante que Buster Keaton y Charles Chaplin porque era un productor independiente y no le gustaba exhibir sus proyectos en la televisión. Decía que el cine debía verse en el cine”, afirma en entrevista con La Jornada Suzanne Lloyd, nieta del comediante y titular de la fundación que lleva el nombre del actor.

“Lloyd no sólo fue un gran comediante, sino también un cineasta innovador, un buen fotógrafo y un excéntrico que se atrevió a ser un gran filántropo. Fue protagonista de las escenas más atrevidas del cine mudo, como la del hombre que cuelga de las manecillas de un reloj a gran altura en El hombre mosca. Su personaje esencial era el típico muchacho que siempre vestía de traje, usaba gafas redondas y sombrero de paja, atuendo que lo hacía parecer un tipo tímido y vulnerable ante los hombres, pero muy simpático para las mujeres”, dice Suzanne.

Y agrega: “Las nuevas generaciones no conocen bien el trabajo de Harold Lloyd; no ha sido bien valorado, porque sus filmes siempre fueron proyectados en cine y no en televisión, como los de Buster Keaton y Charles Chaplin. Y eso es un fenómeno, porque resulta que lo conocían más afuera que dentro de Estados Unidos. Sus cintas se harían más clásicas si ahora se proyectaran en la televisión, como las de Keaton y Chaplin desde los años 50 y 60. Si las nuevas generaciones comenzaran a ver sus filmes, quedarían encantadas”.

Una de las labores de la fundación que encabeza Suzanne es recuperar los filmes de este cineasta, que se reditarán y masterizarán: “Creo que la gente necesita ver el trabajo de Harold Llyod para que sea mejor valorado. Mi misión es precisamente ésa: promoverlo en el mundo. A los lugares que hemos ido los niños son quienes han quedado encantados con su trabajo, que al final, aunque lo veamos haciendo locuras, manejando un taxi, trepando un edificio, locuras, todo es sobre un personaje real”.

Agrega: “Desde adolescente, Harold tomó una cámara de cine. Deseaba que su personaje fuera como en la vida real. Y no dejaba los lentes, aunque a veces el personaje no lo requiriera. Creó una moda al usar ese tipo de anteojos.”

Pareciera que en el cine ya no hay comediantes como Harold Lloyd: “quizá no haya así, pero hay quienes han sido influidos por ellos. Podemos ver a Jack Lemon, Jim Carrey e incluso a Hugh Grant, cuyas actuaciones parecen un reflejo de lo que Lloyd hacía”.

Suzanne comenta también sobre algunas diferencias entre Lloyd, Chaplin y Keaton: “Chaplin era muy artístico y brillante, pero muy pasivo, y es muy conocido por la promoción que tuvo desde los años 50 por medio de la televisión y ahora en Internet. Keaton, cuya característica era mostrar a un hombre triste, tiene unas escenas muy marcadas, con cierto tipo de personaje, mientras que Harold se veía como una persona común: hacía desde un chofer hasta un hombre con jeans y playera. Eso sí, siempre con anteojos de todo tipo. Tenía una forma natural de empatía con la gente. Las mujeres decían que era guapo; los hombres, que era pobre tonto y problemático”.

Y en la vida real “le gustaba estar haciendo música todo el tiempo. Era dinámico y lleno de energía; era un inquieto fotógrafo que apreciaba tomar imágenes en todo el mundo. Pero lo más importante es que era un gran filántrapo que visitaba a niños enfermos en hospitales (incluso llegó a venir a alguno mexicano). Un hombre curioso”.

 
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