Usted está aquí: sábado 21 de junio de 2008 Estados Languidece Potrero del Llano, otrora próspero pueblo petrolero

■ Marginación, falta de servicios públicos y migración, entre los problemas que enfrenta

Languidece Potrero del Llano, otrora próspero pueblo petrolero

■ “Aquí todo se acabó, se llevaron la riqueza y nos dejaron migajas”, afirma agente municipal

Andrés T. Morales (Corresponsal)

Ampliar la imagen Aspecto de la comunidad Potrero del Llano, de apenas diez mil habitantes, que llegó a ocupar el segundo lugar mundial en producción de petróleo Aspecto de la comunidad Potrero del Llano, de apenas diez mil habitantes, que llegó a ocupar el segundo lugar mundial en producción de petróleo Foto: Sergio Hernández Vega

Ampliar la imagen La prosperidad que a principios del siglo pasado engrosó los bolsillos de empresarios extranjeros no se reflejó en el nivel de vida de los pobladores, que siguen en medio de la pobreza y la migración juvenil La prosperidad que a principios del siglo pasado engrosó los bolsillos de empresarios extranjeros no se reflejó en el nivel de vida de los pobladores, que siguen en medio de la pobreza y la migración juvenil

Potrero del Llano, Ver., 20 de junio. Este pueblo, cuyos pozos llegaron a ocupar el segundo lugar mundial en producción de petróleo, languidece ahora en medio de la marginación, la falta de servicios públicos y la migración de sus jóvenes.

En esta comunidad se perforaron los primeros cuatro pozos petroleros del país. Uno, el número cuatro, llegó a producir hasta un millón de barriles diarios, lo que dio a la zona el sobrenombre de la Faja de Oro de la Huasteca durante décadas.

La prosperidad petrolera apenas si dejó minúsculos beneficios para los 10 mil lugareños de Potrero del Llano, que añoran la vieja época donde por lo menos había trabajo remunerado y permanente en las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex).

No obstante, hoy, cuando se discute la propuesta oficial de reforma energética, la treintena de petroleros jubilados que habitan en Potrero del Llano se dicen listos para salir a defender, “a donde nos llamen”, a Pemex y la riqueza energética. “No vamos a dejar que nos truenen con eso de la reforma energética, todos sabemos que es un engaño y quieren privatizar el petróleo”, afirman los jubilados.

La historia del pequeño poblado, olvidado por las autoridades, va ligada a la de la industria petrolera en México, pues se fundó y creció a la par del auge en la extracción del hidrocarburo, primero por las empresas estadunidenses e inglesas y posteriormente por Pemex.

Manuel Nava Caro, profesor y cronista del poblado, es uno de los lugareños ocupados en rescatar la memoria histórica de la zona, cuyo crecimiento más importante se dio entre 1900 y 1960, décadas en las que las compañías petroleras sacaron “cascadas” de aceite.

La injerencia a principios del siglo pasado de empresarios extranjeros como los estadunidenses Eduard L. Donheny y William Green, y de las compañías El Águila SA, y Huasteca Petroleum Company se mantienen en la memoria colectiva como símbolos de despojo y homicidios por el afán de apoderarse de la riqueza del subsuelo.

Bajo el amparo del gobierno de Porfirio Díaz, a punta de pistola y con el apoyo del Ejército, los empresarios estadunidenses se adueñaron de las tierras con chapopoteras entre 1900 y 1908.

“Me vendes tu tierra o se la compro a tu viuda”, es la frase que recuerdan los viejos que la escucharon de sus padres y abuelos.

La remembranza de Nava Caro también apunta a “cientos de muertos” y daños ecológicos masivos por la extracción del petróleo. Así, se habla de accidentes catastróficos en los pozos que “quemaron a cuadrillas enteras de trabajadores” –cada una era de 16 obreros– y contaminaron el río Buenavista y las lagunas.

El 4 de julio de 1908, mientras se perforaba el pozo tres a 557 metros, hubo una explosión al encontrarse el yacimiento de petróleo y gas, lo que provocó un incendio que duró tres años y derramó 5 millones de galones de crudo que invadieron la laguna de Tamiagua, a 30 kilómetros de distancia.

Siete meses después, en febrero del 1909, se perforó el pozo cuatro. Fue el más próspero de la República, con producción hasta de un millón de barriles diarios –según el documento Reseña Histórica de Potrero del Llano, elaborado por el cronista Nava Caro–, que en algún tiempo se ubicó como el segundo sitio productor del mundo.

Los pozos fueron los principales abastecedores de petróleo del imperio británico en la Primera Guerra Mundial y en 1942, durante la Segunda Guerra, Alemania hundió el buque Potrero del Llano –en honor a esta localidad–, lo que motivo el ingreso de México al conflicto bélico.

Migajas y desatención

Pero esa prosperidad, que a principios del siglo pasado engrosaron primero los bolsillos de empresarios extranjeros y luego los del gobierno mexiano, no se reflejó en la calidad de vida de los pobladores, que siguen en medio de la pobreza y la migración.

El poblado carece de calles pavimentadas, apenas si tiene 30 por ciento de banquetas, sólo se abastece de agua potable a 60 por ciento de la población y deficientemente no tiene escuelas de educación superior ni un hospital, sólo una clínica de Pemex para dar atención a trabajadores en activo y jubilados.

Los jóvenes que no emigran a Estados Unidos tienen que viajar en Poza Rica o Ciudad Madero, Tamaulipas, para realizar estudios superiores. Apenas el año pasado ingresó el servicio para telefonía celular, pues la red convencional apenas se concentra en el centro de la comunidad.

De los pozos apenas si queda una batería –sitio de almacenamiento– controlada por Pemex con apenas 12 trabajadores sindicalizados y 30 subcontratados. Algunos laboran para la firma ADT Petroservicios, que en 2007 inició la limpieza de la zona dañada por el derrame que ocasionó un ducto fracturado por las lluvias.

“Aquí todo se acabó; se llevaron la riqueza y nos dejaron migajas”, resume Luis López Cánovas, ex obrero y agente municipal.

Junto con otros jubilados de Pemex, López Cánovas lamenta las condiciones del poblado y tras el cierre de la producción en los años 60, la gente emigró o retornó al campo a cultivar cítricos y maíz.

Enterados de la discusión en el Congreso de la Unión sobre la reforma energética, los potrereños –como se denominan– alertan que la estrategia del gobierno federal es privatizar Pemex.

“Nos quieren engañar. Dicen que van por la riqueza, pero no será para nosotros ni para nuestros hijos, sino para los empresarios”, expone José Hernández, de 67 años de edad.

“Si Pemex no nos dejó nada en Potrero del Llano (imagínese) ahora si lo entregan a inversionistas extranjeros, pos’ nos van a tronar de un jalón”, agrega.

Con las manos callosas de tanto manipular maquinaria y ductos durante 30 años, los jubilados afirman estar listos para defender el petróleo. “Somos priístas, pero no importa, a donde nos llamen iremos a defender lo nuestro, lo de nuestros hijos y nietos”, concluye López Cánovas.

 
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