Directora General: CARMEN LIRA SAADE
Director Fundador: CARLOS PAYAN VELVER  
Domingo 22 de junio de 2008 Num: 694

Portada

Presentación

Bazar de asombros
HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Entre la carretera y la beatitud
ALEJANDRO MICHELENA

Jesús
DIMITRIS DOÚKARIS

Entre colillas y restos de comida
ARACELY R. BERNY

Contra el olvido injusto
CHRISTIAN BARRAGÁN
Entrevista con RAFAEL VARGAS

Fragmentos de Bahía 1860 (esbozos de viaje)
MAXIMILIANO DE HABSBURGO

¿César Vallejo ha muerto?
RODOLFO ALONSO

Sentándome a comer con la pereza
MIGUEL SANTOS

Leer

Columnas:
Jornada de Poesía
JUAN DOMINGO ARGÜELLES

Paso a Retirarme
ANA GARCÍA BERGUA

Bemol Sostenido
ALONSO ARREOLA

Cinexcusas
LUIS TOVAR

La Jornada Virtual
NAIEF YEHYA

A Lápiz
ENRIQUE LÓPEZ AGUILAR

Artes Visuales
GERMAINE GÓMEZ HARO

Cabezalcubo
JORGE MOCH


Directorio
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jsemanal@jornada.com.mx

 

Germaine Gómez Haro

Gabriel Orozco en Nueva York

En días pasados tuve la oportunidad de visitar la exposición de obra reciente de Gabriel Orozco en la galería Marian Goodman de Nueva York, espacio que ha promovido al célebre artista mexicano (Jalapa, Ver., 1962) en forma periódica desde 1994, y ha constituido una de sus principales plataformas de lanzamiento al ámbito internacional, donde es considerado uno de los más destacados creadores mexicanos contemporáneos, por no decir la estrella central. Gabriel Orozco es un extraño meteorito que despegó silenciosamente a principios de la década de los novernta para alcanzar de manera súbita las más altas esferas de popularidad en la constelación del arte mundial. Curiosamente, primero logró el reconocimiento en el extranjero y, en buena medida, a partir de aquel ingenioso y multicitado proyecto en el que colocó naranjas en las ventanas de los edificios frente al Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde fue invitado a exhibir ese mismo año.

Esta amplia muestra –la octava con Marian Goodman– está integrada por obra variopinta que es reflejo de la versatilidad de técnicas, temáticas y medios que el artista explora con gran flexibilidad. La exposición da comienzo con su trabajo más reciente, basado en los encabezados de obituarios extraídos del periódico The New York Times. Se trata de fragmentos de textos impresos en grandes hojas de papel japonés, que hacen alusión a aspectos anecdóticos de la vida de los difuntos, manipulados con la intención de propiciar una segunda lectura relativa al significado simbólico que supone la percepción de la vida pública en la prensa. Un cuestionamiento en torno al poder de la semiótica va implícito en estas obras un tanto crípticas que inquietan por su fuerte carga simbólica. Al centro de esta sala se colocó una banca de madera que quien esto escribe tomó ingenuamente como parte del mobiliario de la galería destinado a servir de remanso para la contemplación de las obras, cuando en realidad es una pieza original concebida por el propio Orozco a partir de fragmentos provenientes de la construcción de su casa-observatorio en las costas de Oaxaca. Seguramente muchos lectores se alegrarán al saber que los supuestos “profesionales” también confundimos algunas “obras de arte” con objetos utilitarios.


Fugaz, 2008 Foto: cortesía de Galería Marian Goodman, Nueva York

Resulta fascinante la serie de piezas que Orozco llama Dépliages las cuales, como su nombre lo indica, son una suerte de “desdoblamientos” que surgen al depositar el óleo directamente del envase sobre el centro del lienzo, doblando la tela y comprimiéndola para, al ser desdoblada, revelar formas diversas que son producto del azar. Esta técnica experimental nos lleva a reflexionar sobre la importancia del azar en el trabajo de Gabriel Orozco, cuya gran capacidad imaginativa da cabida a las experiencias insospechadas y accidentales que ha sabido aprehender de su vida cotidiana para transformarlas en obras de arte.

A propósito de estos trabajos, fue fascinante ver, hace unos días, un programa que le dedicó el canal de televisión Film and Arts, donde la cámara sigue al artista en varios recorridos por calles de diferentes ciudades, mostrando su habilidad para descubrir cualquier tipo de elementos de la naturaleza o de deshecho –hojas, ramas, varillas, basura, etcétera– y en un santiamén transformarlos en composiciones artísticas. Tres hermosas fotografías de objetos cotidianos captados con un profundo sentido poético dan cuenta de esto. El azar, el juego, la libertad de elección de sus materiales y su inabarcable espíritu inventivo son una faceta de su ser creativo, paradójicamente opuesta a esa otra búsqueda que se inserta en el terreno complejísimo de sus propuestas conceptuales, como es la serie de pinturas geométricas que viene realizando desde hace unos años bajo el título de Samurai, y otras que él llama “invariaciones” presentes en esta muestra. En el programa televisivo el espectador descubre a un personaje totalmente dueño de sí mismo, que sabe expresar con gran aplomo y convicción sus ideas y la claridad con la que fundamenta sus proyectos. Al ver la seguridad con la que se desenvuelve, uno entiende cómo se refleja esa soltura en su incursión en tantos y tan disímbolos proyectos. Los resultados no corren siempre con la misma fortuna –como es el caso de la tibia pieza de animación en computadora (edición de 10) que aparece en la muestra–, pero su afán de experimentación es genuino y ha arrojado muchos aciertos. Gabriel Orozco está en la cúspide de su carrera y seguramente todavía dará mucho de qué hablar.