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■ La agrupación chilena ofreció dos conciertos al aire libre

Cierra Quilapayún su rencuentro con México en la Alameda Central

Ángel Vargas y Carlos Paul

Ampliar la imagen Los músicos sudamericanos celebraron la vida y denunciaron los atropellos del poder en sus dos últimas presentaciones en la ciudad de México. En la imagen, durante el concierto de ayer Los músicos sudamericanos celebraron la vida y denunciaron los atropellos del poder en sus dos últimas presentaciones en la ciudad de México. En la imagen, durante el concierto de ayer Foto: María Luisa Severiano

Una historia de amor entre olor a elotes asados o con mayonesa, frío húmedo y una pertinaz lluvia, mucho ánimo, euforia incluso, y el rencuentro de una multitud con la agrupación musical que canta a la vida y que denuncia los atropellos de la ambición y el poder.

Bien puede resumirse así la presentación que ofreció la noche del sábado el grupo Quilapayún, en la Alameda Central, la primera de sus dos actuaciones al aire libre en su regreso a México, después de dos décadas de ausencia.

Sin importar la lluvia, el poder de convocatoria del conjunto chileno logró que media hora antes del comienzo del concierto, las ocho de la noche, decenas de personas de todas las edades se concentraran en el costado poniente de la Alameda capitalina, donde fue instalado el escenario.

Resguardada con paraguas, sombrillas, impermeables, hules o, inclusive, sin protección, la multitud aguardó estoicamente, de pie, el retraso de poco más de 30 minutos que tuvo el acto, debido a problemas técnicos relacionados con el clima.

Gritos de apoyo, consignas políticas, ovaciones y el ondear de banderas –pudieron verse dos del Comité del 68 y una chilena– irrumpieron cuando finalmente los siete integrantes de Quilapayún, acompañados de una chelista y un contrabajista invitados, aparecieron sobre el escenario.

“¡El pueblo unido jamás será vencido!”, “¡Chile, Chile!”, “¡Viva Allende, muera Pinochet!”, estallaban las consignas conforme la velada transcurría, y los cantos de los artistas hacían alusión al contra los trabajadores, la injusticia de los poderosos y la opresión, mientras varios de los concurrentes mantenían el puño izquierdo en alto.

Pero no todo fue en ese tenor. En medio de una atmósfera en la que de repente se colaban los inigualables aromas de café, atole o chocolate calientes, y de repente un tufillo a alcantarilla, los músicos sudamericanos, con su actuar, también celebraron a la vida, se pusieron bullangueros y jacarandosos, con ritmos y melodías de clara naturaleza afroantillana, a la que pocos se resistieron y se pusieron a bailar.

Adultos, jóvenes y hasta niños entonaban a la par de Quilapayún algunas piezas, en específico durante la segunda parte del concierto, ya que la primera consistió en la interpretación de la Cantata Santa María de Iquique, que hace referencia a la matanza de obreros del salitre a cargo del ejército, ocurrida en Chile, en 1907.

Una especie de conjuro puso fin a la velada de hora y media, con la canción Malambe, mediante la que se busca evitar que “más gorilas” se apoderen del poder, como Pinochet en aquella nación.

Ni los alaridos, ni los chiflidos, ni los aplausos insistentes con los que el público pedía otra canción tuvieron eco entre los músicos, porque no regresaron al escenario. Fue una noche de lluvia, amor, aromas y canto de resistencia y rebeldía.

Última presentación

Así, luego de cuatro conciertos y diversas entrevistas previas, la agrupación chilena Quilapayún concluyó su rencuentro con México. En la cuarta y última de sus presentaciones, este domingo al mediodía, en ese mismo foro, se despidieron del público mexicano con un sencillo “hasta pronto”.

En esta última presentación alternaron con Los Folkloristas, con quienes rindieron un homenaje al presidente Salvador Allende, a 100 años de su natalicio.

Los públicos fueron diferentes, pero la entrega y el entusiasmo, los mismos. Aunque en los cuatro conciertos interpretaron las “canciones fundamentales”, no dejaron de verse los puños en alto ni de oírse el canto a coro.

Esta segunda presentación en la Alameda Central también comenzó con media hora de retraso. Inició con un minuto de silencio, en memoria de los grandes hombres y mujeres que han dado la vida “por la América nuestra”.

La biografía de Allende, su llegada a la Presidencia y la historia del golpe militar de Augusto Pinochet, así como la esperanza, la lucha y el compromiso social que legó Allende a sus compatriotas y a los latinoamericanos, fueron narrados por las actrices y actores Luisa Huertas, Alejandra Jurado, Óscar Narváez y Víctor Huggo Martín, al tiempo que se proyectaban diversas fotos fijas de cada hecho.

Narración y canción, de los Quilas o Los Folkloristas, y continuaba la reseña.

Así se fue entretejiendo el recital. Y aunque cayó un chaparrón, que no duro más de cinco minutos, el ánimo no cejó.

Esta vez, los Quilas y Los Folkloristas sí respondieron a la petición general de una canción más y regresaron para concluir, de manera definitiva su presentación, con el Tío Caimán y Malambe.

 
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