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Néstor Martínez Cristo
nestormc@servidor.unam.mx

Ingrid y los aguafiestas

Justo cuando la televisión mostraba al mundo entero las celebraciones en Colombia y Francia por la liberación de Ingrid Betancourt y transmitía la versión oficial sobre el impecable trabajo de inteligencia y operación que el ejército colombiano había llevado a cabo en el rescate, aparecieron los aguafiestas.

Dos medios de comunicación europeos, Radio Suisse Romande (una emisora francófona, de Suiza) y el periódico digital francés Mediapart, circularon la especie de que la operación Jaque, desarrollada por el Ejército Nacional de Colombia, había sido sólo un montaje para esconder el supuesto hecho de que las FARC habrían aceptado la liberación de los 15 rehenes, entre ellos la ex candidata presidencial, a cambio del pago de 20 millones de dólares, así como el asilo político en Francia.

No sólo eso, la radiodifusora suiza agregó que el operativo militar había sido ideado y diseñado por el gobierno de Estados Unidos, interesado en rescatar a tres agentes del FBI prestados a la DEA, quienes habían sido capturados por las FARC en 2003, mientras desarrollaban sus tareas contra el narco.

La información fue recogida y reproducida rápidamente por la radio colombiana, la cual especuló que, con el montaje, el operativo colombiano pretendía destacar el trabajo del ejército nacional, reposicionarlo ante la opinión pública y ocultar, a la par, la “negociación secreta” entre el gobierno de Colombia y las FARC.

El dardo lanzado por los dos medios europeos corrió a tal velocidad y fue tan certero, que los gobiernos de Colombia, Francia y Estados Unidos, se vieron obligados a desmentir, cada uno por su lado, la versión sobre el presunto trueque. Los tres negaron que sus países hayan pagado un solo centavo por la liberación de quien fuera, durante seis años y cuatro meses, la rehén más famosa del mundo.

Incluso la propia Ingrid Betancourt fue sorprendida por la versión cuando apenas pisaba suelo francés, abrazaba a sus hijos por vez primera tras su largo cautiverio y era recibida por el presidente Nicolas Sarkosy, con los honores que se brinda a los jefes de Estado. “Lo que viví –atinó a decir la ex rehén franco-colombiana en medio de lo que reflejaba un gran gozo— no puede haber sido una escenificación”.

Y es que la versión oficial que el gobierno colombiano hizo circular de manera simultánea a la liberación de los rehenes, fue opacada en principio por el enorme impacto mediático que lograron las primeras imágenes de la reaparición de Ingrid Betancourt ante las cámaras, pero horas después comenzó a permear poco a poco hasta lograr la admiración y el reconocimiento de la comunidad internacional hacia el ejército nacional de ese país.

En su versión oficial, el gobierno colombiano había dicho que la operación Jaque estaba en marcha desde varios meses atrás, gracias a la “valerosa acción” de los oficiales del ejército nacional que lograron infiltrarse hasta el corazón mismo de la narco-guerrilla, para finalmente alcanzar la liberación de los rehenes sin disparar una sola bala, en una tarea de precisión quirúrgica.

Álvaro Uribe, el presidente colombiano, enemigo jurado de las FARC y para quien esa guerra rebasó ya las fronteras de lo que estrictamente corresponde a un jefe de Estado y se convierte en una afrenta personal, se apresuró a definir la acción militar para la liberación como “una epopeya épica”.

La inmediatez de los medios electrónicos daban cuenta, paso a paso, de los sucesos posteriores a tan relevante hecho, no sólo en Colombia sino también en Francia.

Ahí estaban los oficiales del ejército, orgullosos, satisfechos, presentando ante las cámaras de televisión a los miembros de las FARC detenidos en el operativo y el armamento asegurado. Aparecían también los mandatarios de diversos países del mundo, entre ellos el presidente Felipe Calderón y por supuesto George Bush, manifestando su beneplácito por la liberación de los rehenes y su amplio reconocimiento a la tarea desempeñada por el gobierno y los militares colombianos.

Colombia celebraba y el festejo se había trasladado también a Europa. Fue entonces cuando aparecieron los aguafiestas, con sus versiones quemantes, absurdas para algunos, pero que sin duda siembran la duda y ponen en entredicho la “epopeya épica” de la que Uribe hablaba.

Seguramente el desmentido de los gobiernos no detendrá la versión mediática. Es muy probable que durante los próximos días haya mayor y más confiable información en un sentido o en otro.

El hecho sobre la liberación de la ex candidata presidencial de Colombia y los otros 14 rehenes es, sin duda, relevante. Con su liberación, Ingrid Betancourt no sólo recuperó su libertad, sino que ganó al mismo tiempo un enorme capital político que pudiera aprovecharlo en el futuro.

Será de la mayor importancia para ella, pero sobre todo para el presidente colombiano Álvaro Uribe, el desenlace de las versiones periodísticas. No vaya a ser que esta vez los aguafiestas les arruinen algo más que una celebración.

 
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