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TOROS

José Cueli

Triunfa El Payo; muere un mozo

Un ¡ah!, de muerte proferido por los miles de espectadores atrincherados en las murallas que rodean la ciudad de Pamplona, se escuchó cuando un “mozo” se despeñó y se precipitó al vacío muriendo instantáneamente. En el cuerpo roto del “mozo” turista penetraba el terror rojo negro de muerte de la tradicional feria en honor de San Fermín, patrono del lugar que, el día de ayer se puso en marcha con el estallido del clásico “chupinazo” ... uno de enero, dos de febrero...

La feria se inició con una novillada en que nuestro Octavio García El Payo, quien tan grata impresión y sorpresa causó en la feria de San Isidro madrileña –llevándose de paso una cornada–, hacía su presentación en la semana mayor de Pamplona. Repitió color en este coso a Octavio saliendo triunfalmente en hombros y colocado en un lugar privilegiado.

No se asustó Octavio con la algarabía de los pamplónicas, la sombra de la muerte, el correr del vino áspero y el guisado del ajo arriero y los chorizos en los tendidos. Defensas ante la muerte mirada desde adentro y laneada en medio del desmadre. La muerte hurgada en su razón existencial con toda la fuerza del rojo sangre. La liturgia de la adoración y sacrificio del toro bravo. Metáfora del demonio que se escapa entre los pitones de los bureles, las carreras por las calles de la ciudad y ayer con el despeñe del “mozo”. Convocando a miles observadores del mundo integrados a la población del lugar y sus costumbres a confrontarse de cerca con la expresión siniestra del cachondeo a las fuerzas irracionales de la naturaleza.

En este ambiente, Octavio toreó con firmeza, buen trazo y pulcritud y mató a sus dos enemigos con decisión con estocadas por todo lo alto. Conectó con el difícil público pamplonés por la alegría y vistosidad de su fantasear capotero, heredero de los grandes del toreo mexicano, a fuerza de transmitir ese sentimiento tan nuestro. Ya antes el día anterior había triunfado en uno de los pueblos del sur de Francia. Y mientras El Payo triunfaba, en la morgue yacía un “mozo” que dejó su vida en medio del desmadre que no acabó de rematar el lance al encontrarse con la revelación del pasmoso misterio. ¡La muerte está presente en Pamplona!

 
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