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■ El nefasto modelo económico es otro de los detonantes, denuncia

La crisis alimentaria, producto de una burocracia incapaz: CNC

Matilde Pérez U.

La crisis alimentaria en el país se agudiza debido “un modelo económico nefasto y concentrador del ingreso, acentuado por una burocracia ignorante e incapaz” de ejercer los recursos presupuestales designados por el Congreso de la Unión para el sector agropecuario y que en el ciclo productivo más importante no se han entregado a los campesinos, sostuvo el dirigente de la Confederación Nacional Campesina (CNC), Cruz López Aguilar.

En el contexto de un homenaje a Javier Rojo Gómez, fundador de la CNC, el dirigente comentó que la crisis alimentaria pega doble a los campesinos: en los precios de los alimentos al consumidor y en el abandono del gobierno a la actividad productiva primaria.

Los precios de la canasta básica en las regiones más abandonadas se han duplicado. Treinta millones de habitantes de las regiones con más crisis del país se ven obligados a empobrecer una dieta que es ya insuficiente para la sobrevivencia. Mientras, el gobierno mantiene el error de apostar a los productores extranjeros, ya que prefiere importar alimentos que poner en marcha una política agropecuaria en favor de los campesinos.

Cruz López se pronunció por la firma de convenios entre campesinos y comercios para estabilizar los precios de 20 productos básicos en la alimentación de los más pobres, lo que reduciría la carestía en 40 por ciento.

Ante dirigentes de las ligas de comunidades agrarias y uniones de producción reunidos en el auditorio Emiliano Zapata, el dirigente de la CNC recordó que los productores del sector social habían advertido sobre la dependencia alimentaria de México, pero el gobierno no escuchó ni atendió a los campesinos. “Quisiéramos no haber acertado; ahora, en respuesta los organismos internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, el jefe del Ejecutivo y los integrantes de su gabinete –forzados– reconocen la magnitud de esta tragedia”.

Ya no pueden ocultar que casi 50 por ciento de lo que se come en el país viene del extranjero, al grado de que 90 por ciento de los aceites que consumimos son de otros países; en porcentajes menores pasa lo mismo con el pollo, la carne, la leche y ahora hasta con las frutas.

Roberto Escalante y Horacio Catalán, miembros de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), sostuvieron que desde hace una década no se consigue una expansión de la producción de alimentos. El crecimiento potencial es de 1.7 por ciento y hay una clara tendencia descendente debido a la especialización en ciertos productos rentables que han “acelerado el proceso de desagrarización” en el país.

En su investigación Evolución del sector agropecuario y seguridad alimentaria, retos de una política sectorial difundido por el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados, Escalante y Catalán advierten que los recursos presupuestales se han concentrado “excesivamente en los productos que garantizan una mayor rentabilidad y responden en mayor medida a las condiciones del mercado internacional, como las hortalizas y las frutas”.

Ha habido un crecimiento en la introducción de los principales cereales como arroz, trigo y maíz. En 1985 las importaciones de arroz cubrían 27 por ciento del mercado interno y actualmente representan 70 por ciento; en trigo pasó de 10 a 57 por ciento en dicho periodo, mientras que las importaciones de maíz ahora cubren de 18 a 24 por ciento de la demanda interna.

 
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