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■ Los integrantes del grupo contaban con recursos ilimitados; disponían incluso de aeronaves

El gobierno creó en 1976 brigada especial para “aplastar” a guerrilleros en el valle de México

Gustavo Castillo García

La Brigada Especial, como se le llamó oficialmente a la Brigada Blanca, integró en junio de 1976 un grupo con 240 elementos, entre policías capitalinos y mexiquenses; militares y personal de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), así como de la Policía Judicial Federal, para “investigar y localizar por todos los medios a los miembros de la llamada Liga Comunista 23 de Septiembre.

La orden era limitar las actividades de la liga y detener” a los guerrilleros que actuaban en el valle de México, revelan documentos obtenidos de la Procuraduría General de la República (PGR), que son el respaldo de las investigaciones que aún se realizan en torno a hechos sucedidos durante la llamada guerra sucia.

Según los reportes oficiales, aunque la Brigada Blanca se formó en 1972 y operó en Guerrero, Sinaloa, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Puebla y Morelos, fue hasta junio de 1976 cuando el gobierno de Luis Echeverría decidió que se integrara un grupo especial que actuara en la ciudad de México, y en el que los mandos estaban en manos del coronel Francisco Quiroz Hermosillo, el capitán Luis de la Barreda Moreno y Miguel Nazar Haro.

Los documentos consultados tienen su original bajo resguardo en el Archivo General de la Nación. En ellos se detalla el “Plan de Operaciones Número Uno: Rastreo”. El grupo contaba con 55 vehículos, 253 armas: de ellas 153 eran Browning calibre nueve milímetros.

Según estos informes, de los cuales La Jornada posee copia, cada agente, sin importar si era militar o no, recibía compensaciones mensuales de tres mil pesos, y sus “gastos generales” eran: “los que sean necesarios”.

El llamado “cuadro de necesidades” señala que los agentes de la Brigada Blanca utilizaban o tenía presupuestados 3 mil 300 litros de gasolina diarios y refiere que se dio la siguiente recomendación: “sería conveniente que Pemex satisficiera de este combustible a la gasolinería del Campo Militar número Uno, para que de ahí se surta a las unidades”. También se consumían 70 litros de aceite “por día”.

Los documentos acreditan que la DFS y particularmente la Brigada Blanca contaba con: “instalaciones dentro del Campo Militar número Uno”, había “oficinas, mobiliario, artículos de oficina y alojamiento para 80 personas; cada grupo descansaría 24 horas; otros estarían en entrenamiento y el resto en actividad, distribuidos”.

La Operación Rastreo en el Distrito Federal y los municipios conurbados de la capital mexicana estaba dividida en “grupos operativos”, integrados cada uno por “dos vehículos con ocho elementos y una motocicleta con dos agentes que operarían conjuntamente en su área designada”.

También había “tres grupos de localización y neutralización de artefactos explosivos, compuestos cada uno de cinco elementos y un vehículo.

“Cada grupo de acción integrado por 10 elementos con armamento especializado.

“Grupos de interrogadores compuestos por cuatro elementos especializados.

“Grupo aéreo, operará dos helicópteros de la Dirección General de Policía y Tránsito que funcionarán uno en el aire y el otro en alerta terrestre, durante horas de visibilidad.”

Las “áreas críticas”, según los documentos, eran Cuautitlán-Zumpango-Tlalnepantla; La Venta-Ciudad Azteca-Ecatepec-Campestre Guadalupana-Santa Clara-Xalostoc; Cuchilla del Tesoro-Agrícola Oriental-Romero Rubio; Iztapalapa-Tláhuac-Churubusco; Coapa-Xochimilco-Tlalpan; Álvaro Obregón-Magdalena Contreras; Santa Fe-Olivar del Conde; Naucalpan-San Mateo-Atizapán.”

Los integrantes de esta operación se sometieron a un programa de entrenamiento que incluía: “información y análisis sobre la integración, desarrollo y actividades de la llamada Liga Comunista 23 de Septiembre; conocimientos sobre armamento y prácticas de tiro; técnicas de seguridad; entrenamiento físico y combate sin armas; comunicaciones y codificación; conducción de vehículos en patrullaje y conservación del equipo de trabajo”.

También eran adiestrados en la “fabricación de artefactos explosivos e incendiarios; técnicas de búsqueda y seguridad y neutralización de artefactos explosivos”.

Cada agente contaba con “dos cargadores para sus pistolas Browning, igual número para las carabinas M-1”. La dotación inicial de cartuchos fue de 15 mil 300 para pistola; 30 mil 600 para el adiestramiento; 11 mil para carabina con el fin de usarse en enfrentamientos con grupos de guerrilleros; 11 mil para carabina para ser usados en el entrenamiento; 2 mil 750 cartuchos para escopeta para uso en operaciones, y 5 mil 500 para adiestramiento.

Los equipos de radiocomunicación que usaban estaban “constituidos por una central y 55 corresponsales. Se emplearía de momento patrullas de la Dirección General de Policía y Tránsito del Departamento del Distrito Federal”.

El Plan Rastreo consideraba que durante los primeros meses de 1976 los miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre desarrollaron “una serie de acciones a mano armada, que han motivado la alteración del orden público y puesto en entredicho la eficacia del sistema de seguridad gubernamental.

“Para realizar sus acciones (la liga) está organizada en comandos independientes que cubren las áreas más críticas del valle de México, concentrándose principalmente en zonas fabriles, estudiantiles y de construcciones, en las que busca cubrirse y donde tienen oportunidad de distribuir literatura de carácter subversivo o realizar pintas en contra del gobierno y la burguesía.

“Las áreas de acción de la liga generalmente están localizadas en razón de sus casas de seguridad, a fin de tener oportunidad de despistar a las corporaciones policiacas; sus objetivos, normalmente son el asesinato de agentes policiacos en situación pasiva, evitando los encuentros directos, así como asaltos y secuestros por los que piden como rescate varios millones de pesos, con los que día a día se fortalecen, teniendo medios para comprar armas, alquilar casas y para mantenerse en la clandestinidad”.

Las acciones de “rastreo permanente” iniciaron “a partir del 7 de junio de 1976 en zonas críticas del valle de México”.

Inclusive se planeó ofrecer 100 mil pesos de recompensa a quienes delataran a los guerrilleros, y una campaña mediática que incluyera “el anonimato absoluto”, con la “garantía de que no se daría molestias al denunciante”; los recursos para pagar saldrían de “un fideicomiso, creado para tal objeto, lo cual no sería criticado por la opinión pública”, y se ofrecería “protección policiaca sin límite al denunciante y sus familiares”.

Para el gobierno, según los documentos, las delaciones no debían sentirse como “un acto denigrante, sino por el contrario, como una actitud patriótica y viril”. Era parte de la guerra sucia en México.

Los grupos rebeldes

En los años 60 y 70, en México actuaban más de 25 distintas organizaciones guerrilleras, entre ellas el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR), las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo, el Frente Urbano Zapatista y la Federación de Estudiantes Revolucionarios. La Liga Comunista 23 de Septiembre surgió de la unión del Frente Estudiantil Revolucionario, los Enfermos de Sinaloa, el Comando Lacandones, Los Guajiros y miembros del MAR.

Ante las acciones guerrilleras, el gobierno respondió con la creación de la Brigada Blanca, que entre otros, estuvo integrada por Arturo Acosta Chaparro, Francisco Quiroz Hermosillo, Miguel Nazar Haro, Salomón Tanuz y Francisco Sahagún Vaca.

La Brigada Blanca fue el instrumento para aplastar a las organizaciones armadas de esa época.

 
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