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■ Un grupo de “ejidatarios” disputa las tierras a los pobladores indígenas

Fiebre del oro amenaza Cruztón y desata ambiciones de propietarios

Hermann Bellinghausen (Enviado)

Cruztón, Chiapas. 6 de julio. Resulta que bajo estas tierras fértiles, que dan historia y vida a miles de campesinos, en su mayoría indígenas, se presume que hay oro. Al menos eso han concluido dos grandes empresas mineras de capital canadiense: Fronteer Developement Group en 2004, y Radius Gold, cuya subsidiaria Geometales del Norte (Geonorte SA de CV), adquirió 48 mil hectáreas en el lote llamado “Nueva Jerusalén” en julio de 2007.

En ellas estarían incluidas las 249 hectáreas que ahora intentan arrebatar a los pobladores de Cruztón, estos indígenas en guardia que repiten: “Aquí nacimos, aquí nacieron nuestros padres y nuestros abuelos. Aquí en el cementerio están nuestros antepasados”. Peones acasillados de la finca Nazareth, alguna vez propiedad del ganadero sancristobalense Amado Villafuerte Mijangos, los actuales pobladores de Cruztón y el vecino Guadalupe Victoria, descienden de aquellos peones tzotziles que durante generaciones han habitado los campos de Venustiano Carranza.

Como en otros caso similares, en 1988 obtuvieron la tierra de manos del “patrón”. En 1995 un grupo de vivales, haciéndose pasar por “zapatistas”, las ocupó para después abandonarlas. En tanto, los pobladores de Cruztón se hicieron bases de apoyo zapatistas. Ellos sí. Sus representantes fueron perseguidos y encarcelados, y hacía 2000, dispersados.

Reclamo sin papeles

Ahora sus herederos jóvenes ingresaron en la otra campaña, “para continuar en la lucha con los zapatistas”. El 5 de mayo de 2007 recuperaron nuevamente las tierras y las prepararon para cultivo. En 2008 esperan comer de las milpas y hortalizas que sembraron en 70 hectáreas cuya espléndida panorámica revela la labor realizada. ¿Cómo concluirán el ciclo agrícola con la policía en medio de las milpas?

“Ellos no tienen papeles”, asegura un vocero de Cruztón respecto a los “propietarios” que disputan el “presunto ejido San José Cerro Grande I”. Recuerda que en abril de este año, en la última mesa de negociación con el gobierno estatal, el representante legal de los campesinos de Cruztón solicitó a los representantes de la secretaría de Gobierno la presentación de documentos que avalaran los derechos del grupo de “ejidatarios”. Los funcionarios se comprometieron a hacerlo. En vez de ello, enviaron centenares de policías estatales y prácticamente tomaron la comunidad el día 27 de abril. Y confirma el vocero: “No tienen papeles, nosotros sí”.

El grupo que respaldan la policía y el Ministerio Público está compuesto por personas de las ciudades de Teopisca y San Cristóbal, maestros, profesionistas, comerciantes, “hasta un salvadoreño”. También campesinos del ejido Nuevo León (municipio de Teopisca).

“Nunca usaban las tierra. Nada más aprovechaban nuestro camino para venir a divertirse, tener fiestas en el campo”, agrega un anciano. “Ahora que se enteraron que tiene valor por la mina y quieren llevarse una paga”.

Todo indica que el gobierno del estado decidió “negociar” la propiedad con el segundo grupo, ajeno a la región. Las eventuales vetas de oro en torno a los impresionantes cerros solitarios Mispía (o Mispilla) y Cerro Grande son sólo una parte del proyecto minero llamado desde septiembre de 2007 “Reducción Nuevo Jerusalén”, tras “renegociar” la empresa Geonorte los títulos de concesión de 7 mil 725 hectáreas cuya explotación afectará a cerca de 20 comunidades.

En el municipio Venustiano Carranza, éstas son San Lázaro, Nuevo Paraíso, San José la Grandeza, Guadalupe Victoria, Cacao 1 y 2, Matamoros, Santa Anita, Nuevo Jerusalén, Cruztón y los bienes comunales de la cabecera municipal. En Teopisca, los ejidos Nuevo León, Zintul y Teopisca. Además San Caralampio en Amatenango del Valle, y Nicolás Ruiz. A esto se agrega que la minera Linear Gold obtuvo la concesión de 6 mil 241 hectáreas en Tulancá (Amatenango del Valle). El área amenazada por la fiebre del oro es grande.

 
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