Usted está aquí: martes 15 de julio de 2008 Opinión México SA

México SA

Carlos Fernández-Vega
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■ El “presidente del empleo”, abominable balance

Como por arte de magia, ha desaparecido de la propaganda oficial un divertido eslogan, disfrazado de “compromiso” y utilizado hasta el exceso por Felipe Calderón a lo largo de su campaña electoral y durante los primeros meses de inquilinaje en Los Pinos: “Presidente del empleo”.

El aparato propagandístico del michoacano, y él mismo, lo usó y presumió hasta reventarle el sistema nervioso al auditorio de los medios electrónicos, pero la realidad, hastiada del choteo, ubicó a propagandistas y michoacano en su exacta dimensión: en sus 19 meses de inquilinaje, el “Presidente del empleo”, si bien va, “cumplió” su “compromiso” al 41 por ciento, o lo que es lo mismo 41 mil empleos formales por mes, contra una demanda real de 100 mil puestos de trabajo, sin considerar rezagos en este renglón.

Sin embargo, si se atiende la estadística del INEGI y se incluye el sector informal de la economía, la tasa oficial de desempleo abierto en el país se habría “reducido” en apenas 0.23 puntos porcentuales, al pasar de 3.47 por ciento en diciembre de 2006 a 3.24 por ciento en mayo de 2008 (último reporte oficial), una proporción equivalente a cerca de 105 empleos generados en el periodo, contra una demanda real de alrededor de un millón 900 mil. Así, el “Presidente del empleo” habría “cumplido” su “compromiso” al 5.5 por ciento.

De entrada, el llamado “programa del primer empleo” resultó ser un sonado fracaso, que en 2007 no soportó la mínima confrontación con la realidad. Más adelante, a principios de mayo de 2008, el que, un día sí y el otro también, presumía “cifras históricas” en generación de empleo se vio en la penosa necesidad de reconocer “errores metodológicos” en la contabilidad (2005-2008) de puestos de trabajo en el sector formal de la economía, de tal suerte que del micrófono oficial debió restar alrededor de 280 mil plazas oficialmente incorporadas a las cuentas alegres.

En ocho años de inquilinaje panista en Los Pinos, la demanda real de puestos de trabajo en el sector formal de la economía se aproxima a 9.3 millones. En los hechos, la generación de puestos de trabajo (se supone que las “cifras históricas” indistintamente presumidas por Fox y Calderón) en el periodo no pasa de 1.5 millones, o lo que es lo mismo, sólo 16 por ciento de la demanda real.

Lo anterior, dicho sea de paso, no resulta novedoso, toda vez que si se amplía el abanico de tiempo el resultado negativo lejos de ser sexenal, se ha convertido en un problema estructural. De acuerdo con cifras oficiales (IMSS y Secretaría del Trabajo) en los últimos tres lustros se generaron 4.4 millones de empleos en el sector formal de la economía, a razón de 293 mil por año, es decir, poco más de 24 por ciento de la demanda laboral real, sin considerar el rezago histórico.

El problema es que va de mal en peor. En el sexenio zedillista se generó el 66 por ciento de esos 4.4 millones de empleos formales, con lo que en ese periodo sólo se cubrió 40 por ciento de la demanda laboral. El tercio restante (menos de 1.5 millones de plazas) se registró en los ochos años de gobiernos panistas, con lo que la atención de la demanda real se redujo a 33 de cada 100 solicitantes. Así, el promedio anual de creación de plazas laborales en el sector formal pasó, en números cerrados, de 483 mil a poco más de 187 mil.

De cualquier suerte, el balance de esos tres lustros es abominable: en número cerrados y sin considerar rezagos, más de 18 millones de mexicanos se incorporaron al mercado laboral, pero la capacidad de la economía en este renglón se tradujo en 4.4 millones de empleos formales, con lo que sólo 24 de cada 100 mexicanos alcanzaron a emplearse formalmente en el periodo.

Parte del problema se asoma en las propias proyecciones del gobierno federal. En tiempos de Zedillo, el Plan Nacional de Desarrollo 1994-2000 estableció que “para absorber a los nuevos demandantes de empleo, la actividad económica debe crecer en casi 5 por ciento anual. Si se quiere lograr un mejoramiento continuo en las oportunidades de empleo y abatir los rezagos históricos, la economía mexicana debe alcanzar un crecimiento sostenido a tasas todavía más elevadas”. En los hechos, la economía mexicana “creció” a una tasa promedio anual de 3.5 por ciento.

El PND del foxismo estimaba que “sin contar los rezagos acumulados, el número de nuevos demandantes de empleo, aunque decreciente, seguirá siendo muy significativo, al menos en los próximos tres lustros: de cerca de 1.2 millones anuales entre 2000 y 2005; de 1.1 millones de 2005 a 2010, y de poco menos de un millón entre 2010 y 2015. Sin embargo, a partir del cuarto lustro del presente siglo la demanda de empleo crecerá a razón de 800 mil por año y en la siguiente década será del orden de 500 mil”. Así, para satisfacer la demanda laboral real, la economía tendría que haber reportado una tasa promedio anual de crecimiento superior a 6 por ciento; en los hechos, “creció” 2.3 por ciento.

En la misma línea, el PND 2007-2012, el de Calderón, asegura que “como resultado de los esfuerzos para fortalecer la economía del país esperamos lograr un crecimiento anual del PIB del 5 por ciento al final del sexenio… durante el cual se buscará promover condiciones para la creación de empleos formales con el objetivo de llegar en 2012 a crear, al menos, 800 mil al año”. Hasta el momento, la tasa promedio del primer bienio, si bien va, no pasará de 3 por ciento.

Mientras la realidad exige más hechos y menos discursos a gobernantes y publicistas, en los últimos 15 años alrededor del 15 por ciento de la población económicamente activa de México se fue a buscar empleo y mejores condiciones de vida a otros países, a Estados Unidos, fundamentalmente. El resto, sobrevive con bajos salarios, peores condiciones laborales, informalidad, subempleo y desocupación abierta en plena “Presidencia del empleo”.

Las rebanadas del pastel

Si no lo corren por espiar a ciertos legisladores, al director del Centro de Inteligencia y Seguridad Nacional, Guillermo Valdés, deberían echarlo por bruto. Si, como dice, hay dinero del narco en “las campañas de algunos” diputados y senadores, como también en otras esferas de la clase política (lo que no sería novedad), entonces se actúa, no se anuncia.

 
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